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En la semana que se inicia deben conocerse los resultados oficiales finales de las elecciones presidenciales realizadas en Afganistán.Al escribir estas líneas sólo se conocía el cómputo correspondiente al 10 por ciento de los votos y el actual presidente Hamid Karzai aventajaba por dos puntos a su ex canciller Abdullah Abdulláh. El ministro de Finanzas decía,en cambio,que Karzai había ganado en forma abrumadora con el 68 por ciento,mientras se registraban acusaciones de fraude.
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El asunto llama la atención porque Karzai aparece como el hombre de Washington desde que en los años ochenta se sumó a los mujaidines que,adiestrados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia,CIA,de Estados Unidos, combatían al ejército soviético que había ingresado a Afganistán en 1979 a solicitud del gobierno del presidente Babrak Karmal,del Partido Demócrático Popular, invocando el antiguo Tratado de Amistad y Colaboración entre los dos Estados.
A la salida de los soviéticos,Karzai participó en el gobierno afgano de 1987 a 1991 y se exilió en París cuando se instaló el régimen talibán,allí trabajó para la petrolera Unlocal. Cuando Estados Unidos invadió Afganistán el 2001,a raíz del colapso de las Torres Gemelas de Nueva York, Karzai fue designado presidente de la Administración Transitoria creada en el Acuerdo de Bonn del 5 de diciembre de ese mismo año.
En junio de 2002 fue nombrado presidente de la administración afgana de transición por la Loya Girga,que es la máxima asamblea de las tribus del país.El 2 de noviembre del 2004,en las elecciones promovidas por Estados Unidos,resultó ganador con el 55.4 por ciento de los votos.Su situación actual ha cambiado ostensiblemente.
Abdullah Abdulláh tiene una trayectoria distinta,es a la vez médico oftalmólogo y político.En sus inicios colaboró con los refugiados afganos en Pakistán y participó en actividades contra los soviéticos al ingresar a la Alianza del Norte que encabezaba Ahmed Sha Massud,un musulmán moderado que fue ministro de Defensa en uno de los gobiernos establecidos después de la salida de los soviéticos.Massud fue asesinado al poco tiempo.
A su muerte,Abdulláh, que había sido ministro de Relaciones Exteriores del Frente Unido Afgano,se convirtió en uno de los dirigentes más importantes de la Alianza del Norte y el año 2001 asumió como ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de transición.Continuó en ese cargo de 2004 a 2006,cuando ya Karzai había sido elegido presidente.
UNA HISTORIA AGITADA
Por su ubicación geográfica, Afganistán ha exprimentado diversas invasiones,entre ellas las de Alejandro Magno,los persas y los británicos,pero ninguno logró colonizar a ese pueblo formado por tribus,cada una de las cuales se organizaba según sus tradiciones y costumbres y que hasta 1973 tuvo como punto de unión a una monarquía constitucional que fue derrocada.
No hemos considerado como invasión la entrada de tropas soviéticas,porque ésta fue solicitada ante la situación que se originó al derrocamiento de la monarquía.Las relaciones afgano-soviéticas siempre fueron amistosas, es más,Afganistán fue el primer país del mundo en reconocer y abrir relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,URSS.Incluso se habla de relaciones más antiguas como las que Afganistán tuvo con el zar Pedro el Grande,quien los habría ayudado en otro momento difícil.
Si Afganistan debió resistir muchas invasiones e intentos de invasión antes,eso aumentó con el establecimiento de la URSS,ya que se lo quería utilizar como base de acciones desestabilizadoras.Producto de la ayuda mutua contra las agresiones fue el acuerdo de alianza y amistad de 1921, propuesto por el rey Amanullah Khan,quien proclamó la total independencia de Afganistán y también su neutralidad. Hay,incluso,un intercambio de cartas entre el rey y Lenin.
Pero así como los ingleses intentaron controlar a los afganos para asentar su dominio sobre India y Pakistán,los estadunidenses buscaron usar su territorio en acciones contra los soviéticos y durante el gobierno de James Carter su ayudante Zbignew Brzezinski fue el organizador de la entrega de armas a los grupos de afganos insurrectos.En 1979 el ingreso del ejército ruso a Afganistán coincidió con la caída del Shah de Irán,país fronterizo con Afganistán, territorio que entonces pasó a ser doblemente importante para Washington.
Estas actividades se intensificaron cuando Ronald Reagan llegó a la Casa Blanca en 1980 y Estados Unidos organizó y financió a los adversarios del gobierno afgano.Al igual que hizo con los mercenarios de la “contra” en Nicaragua,Reagan bautizó como “luchadores por la libertad” a los reclutados, entrenados y armados por la CIA en Afganistán.Hay interesantes publicaciones en revistas europeas y estadunidenses de la época acerca de cómo se fueron organizando milicias a las que se dotó incluso de armas químicas.
También hay reseñas acerca de cómo se introducían armas a través de Paquistán y les borraban las marcas de fabricación estadunidense,lo que habrá que tomar en cuenta cuando en algún lugar se encuentren armas atribuidas a otro país.Y fruto de esta gran intervención y adiestramiento es Osama Ben Laden,o su fantasma si está muerto como muchos creen.
EL PROBLEMA DE OBAMA
La rapidez con que el gobierno de Bush decidió la invasión de Irak y Afganistán habla de la premura por posicionarse en esa región,sin qué les importara con qué realidad se encontrarían.En Irak son responsables de haber causado la muerte de un millón de personas y de haber provocado destrucción y pobreza.Ni siquiera pudieron crear un aparato político y de gobierno, como lo prueban las nuevas alianzas que eliminan al Primer Ministro por ellos hecho elegir.
Rompieron el equilibrio que,aunque con medidas no muy democráticas,había bajo el gobierno de Saddam Hussein entre chiítas,suníes y kurdos,por lo que el futuro es incierto.La violencia se desata hoy en distintos lugares y los generales estadunidenses dicen que deben volver a ocupar las posiciones que controlaban, en abierto desafío a la decisión anunciada por Obama de retirarse a partir de 2011.
El único ganador parece ser el ex vicepresidente Dick Cheney,ligado a las empresas petroleras que,se presume,se han beneficiado de la reanudación de la producción de petróleo iraquí, que no se sabe a cuánto asciende ni como se comercializa.Y el equipo de Chenney sigue actuando en el escenario político mundial,como se demostró en el golpe de Estado en Honduras.
En Afganistán la situación es peor aún,pero Obama sostiene que ahí es donde hay que librar la guerra.Podría pensarse que es por el afán de encontrar a Ben Laden,pero probablemente es porque Afganistán está más cerca del petróleo ruso.Por la razón que sea,hay coincidenca en señalar que intensificar la guerra contra los afganos amenaza ser la debacle de Obama, cuyo gobierno no pasa por un buen momento en lo interno.
El diario The New York Times señala que intensificar la guerra en Afganistán puede llevar a Obama a una derrota como la de Vietnam, con un alto costo en vidas.Y como si estuviera repitiendo las monsergas de Bush,el actual mandatario le dijo a los Veteranos de Guerras Extranjeras:“Esta no es una guerra que preferimos.Esta es una guerra de necesidad.Los que atacaron a Estados Unidos el 9/11 están conspirando para hacerlo nuevamente.Si no se controla la insurgencia talibán, gozarán de un refugio más grande que el que disfrutaban cuando aquel complot de Al Qaeda”.
El periodista británico Robert Fisk,especialista en la región,lo refuta señalando que no es que los talibanes se hayan hecho populares de repente, sino que representan la oposición a la ocupación extranjera.Y aquí cabe recordar lo que señalábamos antes,ningún invasor ha logrado dominar a los afganos.Ahora que Obama piensa tener 90 mil soldados en Afganistán, Fisk afirma:
“Este es el cementerio de los imperios y va a ser el cementerio de las tropas estadunidenses si Obama no se da cuenta que lo que hay que hacer es salir de Afganistán”.
