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Agosto 18, 2026

Los servicios de salud y las semillas de la desunión

El Presidente Obama tiene una dura tarea en promover los servicios de salud que brindarán cobertura a la mayoría de los norteamericanos y reducirán el costo de este servicio básico de manera que no lleve a la economía a la quiebra.

Para lograr esta idea evidentemente beneficiosa, él y sus aliados en el Congreso ya han hecho muchas concesiones –a compañías farmacéuticas y de seguros. Pero Obama también debe asumir que él dirige una nación indivisible con libertad y justicia para todos, no para una de las clases, razas y grupos étnicos en guerra, muchos de los cuales se identifican como norteamericanos solo porque comparten una vida espiritual común centrada en las compras, la TV y ver las competencias de NASCAR, el fregado del auto y cortar el césped. Él también debe actuar como si presidiera una república, no un imperio mundial en el cual 800 bases militares “garantizan” la seguridad de nuestro pueblo –que significa, por supuesto, los grandes bancos y corporaciones.

Es más, los maestros no exhortan a los escolares norteamericanos a cuestionar las palabras en el juramento de fidelidad –“a la república que representa”. El público adulto que ve televisión también comparte suposiciones acríticas, axiomas culturales virtuales que ya no se aplican al imperio que en un tiempo fue el mayor y hoy se encuentra en decadencia. En los eventos deportivos, anunciantes invisibles expresan gratitud a los hombres y mujeres en las fuerzas armadas, la carne imperial de cañón que se encuentra en Irak y Afganistán; en la séptima entrada, los aficionados al béisbol cantan de manera rutinaria “Dios Salve a Estados Unidos”, una exigencia arrogante al Ser Supremo de que Él “esté a su lado y lo guíe”. ¿Cómo debe tratar Él a otras naciones, presumiblemente entidades menores, moralmente inferiores a los norteamericanos que ordenan a Dios que los bendiga?

Sin embargo, a juzgar por la popularidad de los programas de TV, parece que los “bendecidos” liberales, derechistas, latinos, negros y evangélicos permanecen todos obsesionados por los criminales y los policías, no por los emisarios ordenados de Dios –predicadores, sacerdotes y rabinos– a no ser que ellos se conviertan en delincuentes y de esa manera atraigan la atención pública.

No obstante, la unidad por medio de los dramas comunes de TV sigue teniendo la profundidad de la pantalla. La extrema derecha evita la unidad política. Rush Limbaugh y sus acólitos quieren que Obama fracase. Desean el poder para reducir impuestos a los ricos, excepto aquellos que brindan protección de la policía y los bomberos a los dueños de propiedades, por supuesto, y gastos militares sin límite para aventuras imperiales bajo la falsa etiqueta de la defensa.

Este perverso “conservadurismo” hace surgir asesinos de personal de clínicas de aborto con el pretexto de que “la vida humana es sagrada”. Provoca el odio contra el matrimonio gay –y contra los gays– y contra todos los que intentan regular el uso de armas de fuego.  La acción afirmativa y la ayuda gubernamental a los pobres, los jóvenes, los ancianos y las llamadas minorías, son catalogadas de “socialismo”.

Los que se encuentran en dominios utópicos –Berkeley, California; Madison, Wisconsin; Ann Arbor, Michigan–no tienen la costumbre de escuchar a los comentaristas derechistas en la radio. Yo sí. Los considero ligeramente menos molestos que usar rascadores entre mis muslos. Los émulos de Rush Limbaugh, Sean Hannity, Glen Beck, Ann Coulter y Michael Savage nos enseñan el uso de la burla verbal y visual como mecanismo de vinculación con millones de sus oyentes, aparentemente airados (temerosos) y desesperados.

El sueño norteamericano es esquivo para sus oyentes, al mismo tiempo que ha llegado para sus mensajeros. Rush y compañía se convirtieron en multimillonarios imitando a los charlatanes religiosos cuyos sermones inevitablemente terminaban con: “Entréguenme su dinero y yo pediré a Dios que salve su pecaminosa y miserable alma”. Rush aviva las llamas del desencanto de sus oyentes, canaliza sus energías hacia el odio y las ganancias. Pero los embaucadores derechistas de la radio no tratan los asuntos a que se enfrentan sus oyentes. En su lugar, introducen un tono insidioso en la voz para culpar a los “liberales”, esos villanos que han provocado el actual estado de injusticia que favorece a personas menos dignas –los negros, hispanos y las mujeres– en el gran juego del “Éxito”.

Los oyentes predominantemente blancos comprenden el racismo apenas oculto, lo cual apela a su profundo descontento. El gobierno liberal ha usado su dinero de impuestos por el que tanto han trabajado para regalarlo a los negros estafadores de la seguridad social que lo usan para comprar las malvadas drogas y vodka. Pero al igual que sus primos, los predicadores evangélicos que regularmente son atrapados en la práctica de las cosas que critican –lavado de dinero, mujeres malas, niñas y niños menores de edad– Rush también fue atrapado con drogas ilegales. En 2006, la policía lo detuvo con grandes cantidades de oxicontín (heroína rural). Ese mismo año, Rush llegó al país desde República Dominicana con una receta falsa para Viagra. La policía no presentó acusación, según una noticia en CBS, porque él “cooperó” con las autoridades. Este predicador grandilocuente de valores tradicionales, se ha casado y divorciado tres veces, no tiene hijos y pudiera ganar buen dinero sirviendo de modelo de “Antes” en un anuncio de antes y después para una dieta.

Rush, mísero en su cuerpo hinchado y con una identidad sexual aún sin realizar, se comunica con otros a quienes la “vida” ha desengañado. Los que llaman lo felicitan: “Usted usa palabras que yo quiero decir. Gracias, Rush”. Un repetidor lo elogia por atacar a los liberales que le cobran injustamente impuestos para pagar a la “gente holgazana”, que es lo que Rush y compañía dicen de la nueva propuesta de legislación de salud.

“Es socialismo”, entonó Bob Grant, cuando sustituyó a Sean Hannity el 29 de julio. “El gobierno quiere decirle a qué médico debe ir”, advierte, como si los actuales planes de salud no seleccionaran al médico y limitaran lo que puede hacer para ayudarlo a uno.

Grant declaró con orgullo en un programa de comentarios que él era un “hombre blanco”, como si se identificara en una nación donde intrusos de piel más oscura hubieran invadido un lugar otrora singular que no está destinado para ellos. Grant se burló del plan de salud “socialístico” diseñado por Henry Waxman (Presidente del Comité de la Cámara de Representantes para la Energía y el Comercio). Grant repitió bien despacio: “Wax”, pausa, “man” –por si no lo saben, él es judío. La voz de Grant se burló de lo absurdo de la propuesta de que “un Waxman” pudiera tener verdadero interés en la salud y el bienestar de los norteamericanos verdaderos”.

Los miembros de esa audiencia de derechistas necesitan los servicios de salud –incluyendo los de salud mental. Más de 27 millones de norteamericanos tomaron antidepresivos en 2005, el doble de los que lo hicieron en 1996, según una cita de los Archivos de Psiquiatría General, publicada por USA Today el 3 de agosto de 2009. Pero la mayoría de los que usaron antidepresivos no habían recibido tratamiento para la depresión porque su plan de salud no cubre las “enfermedades mentales”. Los médicos recetan estos medicamentos no para la depresión de que se quejan los pacientes, sino para dolores de espalda y de nervios, “fatiga, dificultades con el sueño u otros problemas”. (USA Today, 3 de agosto.)

¿Cuántos de estos espíritus deprimidos escuchan a Limbaugh et al? Los ampulosos gritones derechistas lanzan descaradas mentiras a sus descontentos y a menudo desempleados o subempleados oyentes. Sean Hannity atemoriza a su audiencia: “Si ustedes no tienen un seguro privado el año en que esta ley sea aprobada, no lo podrán obtener después de su patrono”. Limbaugh afirma que la ley “prohibiría la cobertura individual privada”. Los argumentos del Comité Nacional Republicano aseguran que los “demócratas proponen un sistema de seguros de salud controlado por el gobierno que controlará el cuidado, tratamientos, medicamentes e incluso a cuál médico debe consultar un paciente”.

Ninguna de estas aseveraciones es cierta, pero los mentirosos se benefician al ayudar a dividir la nación en nombre del patriotismo. Es más, odian el seguro colectivo de salud, pero responden al sagrado canto colectivo de “Dios Salve a Estados Unidos”. Obama va a necesitar poderosas armas retóricas para vender los servicios de salud a aquellos cuyo sueño norteamericano se ha convertido en pesadilla.

Unos videos recientes muestran a provocadores derechistas desbaratando consejos congresionales de vecinos. Los pandilleros sirven a los monstruos de los seguros de salud, a los ogros farmacéuticos y a otros estrechos intereses corporativos que han comprado un porcentaje significativo del Congreso. El asunto es sencillo: La salud, que representa una necesidad de la vasta mayoría, versus ganancias, para lo cual una pequeña minoría invoca a Dios, los valores “tradicionales” y la piel blanca. Oigan, ¿quién quiere la unidad con esa gente?

Entre abril y junio de este años, las industrias farmacéuticas y de productos de salud gastaron $67 959 095 en cabildeo; la industria de seguros soltó más de $39 760 477. Los cabilderos para hospitales y hogares de ancianos gastaron $25 552 088 adicionales. El total en tres meses: $133 271 660 — sin contar lo que dieron a sus cabilderos la Cámara de Comercio y las asociaciones profesionales. (Centro para la Política Receptiva.)

Funcionó con algunos legisladores. Después de recibir unos $4 millones de manos de los cabildos de los seguros de salud, el senador republicano por Carolina del Sur Jim DeMint asoció al socialismo con el diablo. DeMint, por supuesto, al igual que todos los miembros del Congreso, disfruta de un fabuloso plan de salud pagado por el gobierno. (Centro para la Política Receptiva.)

El próximo plan de salud tendrá problemas que un plan nacional de salud de un solo pagador solucionaría. Me parece detectar una madurez en el tono y la textura de los derechistas que llaman. Eso lo uno a los datos de desempleo para los que tienen más de 55 años. Están a los más altos niveles desde la Gran Depresión para los blancos (6,5%).  Los que tienen más de 55 también pasan más tiempo entre un empleo y otro (27 semanas). (USA Today, 31 de julio de 2009.).

Las cotorras radiales derechistas buscarán nuevos oyentes en este grupo desencantado de blancos avejentados de clase media. Para Obama ese sentimiento de desesperación, sumado a la creciente lista de sufrimientos, debiera inducirlo a luchar con más fuerza, a no hacer concesiones y a seguir repitiendo los hechos al pueblo.

Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Política cuyos filmes se consiguen en DVD por medio de roundworldproductions@gmail.com