Alguna vez el ex presidente Ramón Barros Luco, famoso por crear inconscientemente ese famoso sándwich que lleva su nombre, mencionó que la famosa Moneda Chica, ubicada en unos recónditos parajes de la región del Maule, era su “retiro” (o descanso) de la realidad, de la contingencia política y de su flojera máxima (recordemos que a él se le atribuye aquella célebre frase de que “hay cosas que se solucionan solas, y otras que no tienen solución”).
Los 18 mil habitantes, distribuidos en casi un 70% en sectores rurales, no tienen idea de qué es la derecha y qué es la izquierda. Apenas logran identificar los logros de “mi general”, como le dicen al fallecido tirano, y ya se creen Udis o derechistas acérrimos. No saben mucho de noticias, pero sí del alba que cae en las melgas de frambuesas y en lo difícil que es vivir la vida ganando menos del mínimo. Hay pocos autos, un par de discos pare, y ni hablar de semáforos.
Retiro, como se llama esta comuna, descansa al costado del mundo. En Santiago la gente se mata, se asaltan, se pelean, se ofende. En Retiro, rara vez se puede vislumbrar el estrés metropolitano. Todo lo contrario. El galope ecuestre, montando a un jinete con botas de goma, difícilmente emite un insulto, y si lo hace, tiene la reprobación de los demás ciudadanos. Todo el mundo se conoce, y si no, no, nadie se mete en tu vida. Digamos, esto último hasta cierto punto. Eso de pueblo chico, cahuín grande, es muy cierto. Pero nadie se roba, nadie se golpea. Es un conocido pueblo de campo, limpio, puro, virgen de lo que ellos llaman la sucia civilización.
Así ha sido la vida en este Retiro. Un verdadero parque familiar aun a las 5 de la madrugada, pues los mismos que afirmaban las paredes cada viernes y sábado por la noche, a la larga te cuidaban. Era la ciudad más bella de Chile. Digo esto bajo una profunda subjetividad. Ser oriundo de la que fuese una cultura no descubierta dentro de esta sociedad mediatizada, es maravilloso. Si te llegasen a asaltar, no sólo el vecino contiguo se metía a la defensa, sino la comuna entera. Estaba claro, los ladrones, los delincuentes de poca monta, allá no se iban a meter. Eso, en todo caso, hasta hace un par de meses.
Está claro que a la comunidad nacional no le debe interesa mucho estos parajes. Ni menos un estoque más o un estoque menos a un ciudadano que día tras día se levanta bebiendo el rocío de una madrugada que les congela hasta los mismos vellos de los genitales, todo para lucrarse el mes con $120 mil. Y con eso le debe pagar, además de las cuentas propias de cualquier casa chilena, los vicios al hijo que dejó la escuela, y la copa de vino de la cantina popular de la esquina. No olvidemos que el mismísimo Ruperto, ese del Morandé de las noches, viene de este Retiro. El mismo, ese ser detrás del personaje, nació allí acogido quizás con esta miseria, y hoy, legítimamente, es un ícono famoso.
El tema, en todo caso, es que hoy esta comuna ha cambiado. Dos asesinatos en menos de dos meses. 5 robos a la semana, asaltos, todo aquello que nos indica que a este terreno virgen, ha llegado lo que llaman civilización. La delincuencia era un tetrasílabo que no tenía significado para los retiranos, porque no lo conocían. Entonces, hoy andan todos atemorizados, en una zona urbana no más grande que lo que es el paseo Ahumada. Sí, leyó bien, la zona urbana de este Retiro no es más grande que el paseo Ahumada, Estado, Huérfanos, o Barros Arana en Concepción. Y ya se ha civilizado, con la presencia de los yanquis morenamente chilenos que riman la frase de los capitalinos: “el que roba es bakán, y el que no, es tonto”.
Todo esto pasa, mientras un Alcalde DC ni pito a dicho sobre el tema. Nadie, en todo caso, le ha pedido declaraciones. Y no digo nadie de los medios locales, que poco y nada saben de periodismo, sino que de la ciudadanía, que aún desconoce el poder selectivo del que poseen.
En todo caso se cumple la tónica de los gobiernos tercermundistas. Como Retiro crece, teniendo a la forestal más grande de Sudamérica, a la matriz de las arroceras en Chile y a una de las fábricas fosforeras más grandes del país, entonces eso contribuye a un incremento de la economía local. Aunque todos siguen ganando menos del mínimo, con un medioambiente detestable, y ahora, con la llegada de esta economía y por lo tanto de la civilización, con una delincuencia antes inexistente, y que hoy, a la fuerza, hace lobby para quedarse a vivir en la comuna.
Por Julio Sánchez Agurto / Director Periódico La Diagonal
