un leve meneo en la espalda y la certeza del agua moviéndose pacífica en el vaso.
Aunque certeza no es la palabra puesto que desde el 2001 que no tenía certeza de lo que veía.
Lo que oía le daba más seguridad afirmaba su amigo Aillapán.
Confiaba en la radio/cassete ahora encendida.
En las voces de los antiguos y de los jóvenes iluminados por el fuego central de la ruka.
Una música que le había mandado por Emilio su amigo Juan Ramón desde la india ciudad de Pequeño Vicio y del eclipse de sol para Chinos e Hindús.
Le ayudaba a aplazar el primer cigarrillo del día con café colombiano. Le venían a la carabela imágenes paganas a la razón.
Arriba del níspero mientras la familia abrazada en el patio, aunque eso era para los terremotos pero bueno el temblor seguía siendo la vieja léxicon 80, esa que percutía como tío HenryMiller.
Pero todas estas tonterías de los tres primeros párrafos no eran más que los vagos dibujos mentales que se esbozaron solos en esos segundos en que
TElúRICO
le provocaba una atávica angustia que se le disipaba con Marley cantando a guitarra de palo.
Yameica in.
Y las voces radiales afirmando que era de grado 4.5 en la escala de Pedro Urdemales.
En levantarse con frío y torpemente tratarse de poner las zapatillas de andar por casa y salir pitando escaleras abajo hacia la puerta del patio y llegar en los 29 segundos calculados en que se demoraba en estar bajo el viejo Canelo que le daba la seguridad parcial que requería.
La taquicardia se regularizó. El vaso de agua cayó al suelo. La música que percutía cuerdas le pareció cambiar de ritmo.
El temblor ya galopaba y se quedó cinco minutos allí parado. El estornudo le trajo bruscamente al nublado día y al silencio.
La tierra volvía a su decena de movimientos imperceptibles. Todas las rukas habían bailado democráticamente.
-Algo le hicieron a la tierra que tienen tanto miedo. Decía la Aymarabuela sin moverse de su cama.
SECHó.
Volvió a la llarg de foc. El perro Agustín le miró de reojo en mirada diciendo que había espacio que había fuego que hacía olas sobre la arena que tranqui.
Tomo el libro de la Hoffman y dio una calada, un poco ansioso tratando de concentrarse en lo que la sabia lituana decía desde sus palabras.
VOLVIÓ a temblar a una velocidad de meneo mayor que la vez anterior.
La música cayó al suelo casi sincronizadamente con el vaso de agua.
Ladrido hondo de la pacha que está hasta el perno murmuraba envalentonado.
Igual ya pasados los 19 segundos las dos sandías habían caído al suelo de la cocina mezclándose con tenedores y platos rotos.
Déste planeta. Cantaba ya en franco mambo hasta que súbitamente dejó de temblar
y quedaron los crujidos póstumos del ajuste y los ladridos de los perros del barrio.
Como en el Nacional enluciérnagado de móviles para cuando saltando y cantando cuando pase el temblor.
Llamó a Marina que trabaja de guía del Parque Wells de Bargaudí. Queque onda porallá.
Todo bé pus querido dijo Landina por la pantalla del Kanal San Karlos, que ahora transmitía por el trecekable.
-Un konkonino que vive en Sydney había subido a la red un temblor que se había producido hace 19 minutos.
Era de un balcón donde para el nervio, Gaudí regaba las macetas mientras conversaba con ellas.
Que koño hace una escena del ataque de nervios en este clarín de normandía, con balcón con vista al mar?
Eso, un temblor que de pronto le trajo la pared que se movía. Ta temblando huachito.
-Salgamos al patio!.
Fulano le dijo al lector que en realidad ya estaba al lado del Rehue de pino, parado, tomándose una pastilla coludida, un armonil pero esta vez cuidando el computador y hablándole a los que nos vigilan.
Con temor a la tierra, lo único que detenía su angurria.
Jordi LLoret
