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Agosto 18, 2026

Moisés Selman, Premio Nacional de Ciencias y Artes de México

Anoche, en una emotiva ceremonia, la Asociación Salvador Allende reconoció al Doctor Moisés Selman, Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (2009), la comunidad chilena junto a los médicos del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) lo acompañaron el merecido homenaje.

El Doctor Moisés Selman lapidó la excesiva solemnidad del acto, a fuerza de recuerdos, anécdotas simpáticas, refrendos a su compromiso político y a la memoria colectiva del exilio chileno en México y su formación humanista.

Rodeado de amigos y compañeros, se escucharon saludos y felicitaciones desde Chile, la Presidenta Bachelet envió una carta, a nombre del Estado y en calidad de médico, congratulándose de los aportes y el orgullo que despierta para el país andino la distinción en México.

En la recapitulación, el Dr. Selman explicó la raíz familiar que se extiende desde el exilio de Palestina a Chile, apoyado en una avalancha de imágenes, que tenían al auditorio entre el llanto y la risa, rondando la reflexión y el desborde de aplausos; una biografía puesta en escena y una singular vocación de performance fue proyectada en formato power point.

Una a una, las diapositivas mostraron: dispersas hojas del registro civil de nacimiento, con la tinta en los pies de la guagua homenajeada; la geografía de Talcahuano y Concepción, las escuelas de párvulos y los liceos de adolescentes, hasta las pícaras siluetas de los burdeles en el puerto. Conforme avanzaba la edad, y el público quedaba cautivo del relato narrativo, el Dr. Moisés confesó que hasta los 15 años de edad no tenía ninguna formación política, todo cambió al juntarse varias vertientes: la lectura del Boom Latinoamericano, su inscripción en la facultad de medicina de la Universidad de Concepción, donde conoció al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y los duros años de exilio en México, hasta que decidió deshacer las valijas y no vivir en la angustia del eterno retorno, colgado del telón, como si la promesa del fin de exilio fuese metáfora de una tragedia griega.

En México DF, hizo de todo, sin nacionalidad ni pasaporte por decreto de la dictadura, Moisés Selman quedó varado sin título de médico, así que fue traductor de cómics, y otros gajes de oficio que lo convirtieron en hermano consanguíneo de varios mexicanos. Hasta que por fin pudo ejercer como doctor en el Hospital del INER; el exilio lo había alejado de su hijo, volvió a verlo 18 años después; el tiempo de sobra y los azares de la burocracia mexicana lo llevaron a la investigación científica, mientras impartía consulta externa y atendía urgencias de forma gratuita. Y es precisamente a la educación pública, laica y gratuita que todavía encontramos personajes como el Dr. Moisés Selman.

Apasionado, como en todo su quehacer, detalló la tesis que le valió el reconocimiento Internacional, sus innovadoras investigaciones sobre la fibrosis pulmonar, las arriesgadas hipótesis a contrasentido del paradigma norteamericano lo han convertido en un científico muy popular (en 800 trabajos de arbitraje ha sido citado alguna vez) y en su humildad profesional endosó los méritos al trabajo de equipo en el INER, y ahí nombró a todos, desde los directivos e investigadores, hasta los que ejercen las más modestas y necesarias tareas.

En poco más de 50 minutos resumió su vida, en varias ocasiones puso en apuros al Embajador de Chile en México, al reivindicar el derecho de Bolivia para una salida al mar; al tomar distancia con el gobierno de Felipe Calderón “uno no elige el presidente que le gustaría le entregara el Premio Nacional de Ciencias” (ese comentario le valió -de forma unánime- la ovación del respetable) y al criticar el papel de las Fuerzas Armadas en la dictadura.

Alternando con las piezas de oratoria, Pamela Soto interpretó magistralmente tres canciones: “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara, “Si somos americanos” de Rolando Alarcón y “Gracias a la vida” de Violeta Parra. Algunas lágrimas rodaron por las mejillas de la nostalgia, una guitarra y la voz nítida, elocuente y desparvada de vuelos y aves en las afinadas notas de Pamela, musicalizaron todas nuestras emociones.

Fue una noche memorable, sin distinción de fronteras, cálida, entre amigos, sin descuidar el protocolo y las buenas costumbres prosiguió entre copas de vino tinto y aromáticos destilados, acompañados de canapés, música y reencuentros; atrás quedaron los tropiezos de los primeros años de exilio. Desde la caótica Ciudad de México, brindamos por un amigo, felicidades Doctor Moisés Selman, si pudiéramos diseminar algunas de sus características como compañero, médico y humanista, sin duda tendríamos un mundo mejor; honor a quien honor merece.