No niega que es un viejo verde. Eso gusta a todos los machos italianos. La mayor parte de las mujeres lo detesta. Es hábil con las palabras y peligroso con su dinero. Si una prostituta es bella y tonta, pues le ofrece un puesto en el gobierno. El rasputín del siglo XXI. Se mira a un espejo y se derrama en un orgasmo todo suyo. Tiene fantasía.
La homosexualidad italiana lo tiene en la lista negra. Berlusconi juega con los sentimientos de sus opositores. En el Occidente es un hombre simpático porque hace reír. Sus escapes sexuales manifiestan emociones en el seno de los depravados. Bill Clinton y sus asuntos con la Lewinsky son cosas de cabros pavos. Berlusconi es débil. Todos los hombres son un fiasco de frente a una mujer bella. Mojan hasta los calcetines con sus babas. Todo eso le salva su puesto de Premier.
La censura existe, obvio, pero para Silvio no. Controla hasta el movimiento de las hojas… A la Pinochet, cierto, pero, son dos historias diversas: uno usó las armas el otro el dinero.
Los santos italianos no son santos. Basta confesar y decir que uno no es de acero y todo pasa al olvido. Silvio, tan humano, el gallo. Se conmueve ante todos y llora de emoción. El cielo lo espera con minas cototudas.
Todos los seguidores de Silvio esperan que un día llegue a ser Pontífice. Cierto, no para condenar los califas…porque el ser es débil delante la carne fresca. “No soy un santo” declaró a la prensa. Los pecados de un capitalista se aceptan sin comentarios. Nunca se les ocurra imitarlo. El gran duce del siglo XXI es único.
Maradona fue un mito, un fenómeno, Silvio, ya le sopló hasta su popularidad. Un viejo me decía que los humanos tenemos una torre de oro en el alma que cuando llegamos al ultimo escalón nos lleva la pelá. En fin, Silvio va en la mitad.
Godosky
