{mxc}Nada más tontas e imprudentes que las declaraciones, primero Andrés Palma – a quien tenía en alta estima como uno de los demócratacristianos progresistas e hijo de un ilustre fundador de la Falange- posteriormente, los voceros juveniles de la campaña de Eduardo Freí, todos ellos deslizaron una amenaza a Karen Doggenweiler como rostro de Televisión Nacional, por el solo hecho de apoyar a su marido, Marco Enríquez-Ominami. Pocas veces he visto tanta idiotez, fanatismo y sectarismo, rayando en el miedo a perder la pega, en jóvenes dirigentes de la Concertación.
No me hubiera extrañado una actitud similar por parte del Secretario del Partido Socialista, Camilo Escalona, que cada día se parece más a los ex dirigentes comunistas de los países del Este- pero es sorprendente que personas, aparentemente no contaminadas con un autoritarismo ambiente en los partidos de la Concertación repitan, justamente, los vicios de sus mayores que, incapaces de triunfar con ideas, utilicen la expulsión de los partidos y la amenaza velada de exonerar a quien se atreve a contradecirlos y, por último, la censura a los medios de comunicación de gobierno: se han convertido en auténticos liberticidas.
La libertad del ciudadano para elegir el candidato, apoyarlo y votar en conciencia, me parece un derecho humano fundamental: sin libertad de opinión no hay democracia. Es triste ver a algunos demócratacristianos convertidos en Torquemadas cuando, justamente mi abuelo, Rafael Luís Gumucio Vergara, padre espiritual de la Falange Nacional, fue un defensor a ultranza de las libertades públicas, entre ellos el derecho a opinión y a asociación; en el caso de los conservadores era tan amplio que, ni siquiera, debía ser controlado por el Estado en la concesión de la Personalidad Jurídica.
Karen Doggenweiler es una profesional responsable, conciente, de alta calidad intelectual y, sobretodo, dotada de un poder carismático, muy escaso en el Chile de seres grises, mediocres y, especialmente, chaqueteros. Con razón, el cronista Joaquín Edwards Bello peroraba contra este desagradable rasgo que ostentan nuestros conciudadanos: cada vez que una persona sube, se trata de bajarla empleando medios morales e inmorales; este es el estúpido “igualitarismo” chileno, cuyo lema es “este lo conocí naranjo”,
¿Tendrá Karen alguna culpa al ser una periodista atrayente, profesional y brillante de lograr cautivar a la gente con una comunicación directa, cercana, cálida y humana? ¿Qué responsabilidad le cabe a Karen de que el candidato de la Concertación carezca de carisma y, además, sea fome? Poco tiene que ver Karen con la dificultad que tiene Eduardo Frei para que fluyan sus palabras como una vertiente en “las Montañas Blancas”, o encauzar ríos de apoyos populares que conduzcan a “Océanos Azules”. No sé a quién se le habrá ocurrido esa estupidez de llamar blancas a las montañas y azules a los océanos; es posible que se refieran a un poeta frustrado o a alguno de esos comunicadores que creen que estos nombres encierran un gran poder simbólico. En el fondo, nada que ver con el discurso de “La Patria Joven”: es que la oratoria del padre no fue heredada por el hijo.
Después de algunos dimes y diretes y justificaciones, los aprendices de liberticidas se están dando cuenta de su actuación cobarde y de la tremenda metida de pata que sólo termina por perjudicar a su candidato. Justamente, la Concertación nació para recuperar las libertades públicas, conculcadas por la dictadura; nada más torpe y desatinado que la demencia senil: algunos dirigentes y voceros pretenden practicar la “caza de brujas” en la administración pública, como si el Estado fuera su botín personal.
Por lo demás, en todas las campañas los candidatos de la Concertación han recurrido a rostros de actores y actrices, cantantes, animadores y líderes populares, incluso de ministros y ex presidentes para publicitar sus propuestas. Es completamente válido que los funcionarios públicos puedan trabajar, en sus horas libres, por el candidato de sus preferencias; lo que sería una falta grave es que el jefe de Servicio obligue al funcionario, so pena de exoneración, a sólo trabajar por el candidato de gobierno; esta sí que sería intervención electoral – y de las peores-.
Me parece absurdo que las empresas del Estado, que son de todos los ciudadanos, sean feudos de partido, incluso, a veces personales; no es correcto que estas instituciones sean cuoteadas y den lugar a unas verdaderas “sillas musicales”, paseando a dirigentes políticos de una gerencia a la otra; todas las empresas públicas deben ser controladas por la ciudadanía, y los gerentes deben rendir cuenta a los electores, al menos una vez al año, de su gestión. Al fin las empresas públicas son de todos los chilenos y no fuente enriquecimiento de los apitutados.
Estoy en desacuerdo con la composición del directorio de TVN: no es justo que sus cargos sean cuoteados entre partidos altamente desprestigiados ante la opinión pública. Es ridículo que este organismo esté conformado por partes iguales, por personeros de la Alianza y de la Concertación. A mi modo de ver, TVN debe ser rescatada por la ciudadanía, con representantes de los usuarios y de los periodistas, reduciendo sólo a un tercio los representantes elegidos por el Senado. En la actualidad, TVN tiene una parrilla igual y tan mala como los canales privados de televisión, prestando muy poco servicio al enriquecimiento de la cultura nacional, que tiene que ser entretenida y de calidad. La TV pública de estos fenicios de América Latina es puramente comercial y sus programas son mediocres por su escaso nivel intelectual, que no colabora en mejorar la educación.
Rafael Luís Gumucio Rivas
24/07/09
La libertad del ciudadano para elegir el candidato, apoyarlo y votar en conciencia, me parece un derecho humano fundamental: sin libertad de opinión no hay democracia. Es triste ver a algunos demócratacristianos convertidos en Torquemadas cuando, justamente mi abuelo, Rafael Luís Gumucio Vergara, padre espiritual de la Falange Nacional, fue un defensor a ultranza de las libertades públicas, entre ellos el derecho a opinión y a asociación; en el caso de los conservadores era tan amplio que, ni siquiera, debía ser controlado por el Estado en la concesión de la Personalidad Jurídica.
Karen Doggenweiler es una profesional responsable, conciente, de alta calidad intelectual y, sobretodo, dotada de un poder carismático, muy escaso en el Chile de seres grises, mediocres y, especialmente, chaqueteros. Con razón, el cronista Joaquín Edwards Bello peroraba contra este desagradable rasgo que ostentan nuestros conciudadanos: cada vez que una persona sube, se trata de bajarla empleando medios morales e inmorales; este es el estúpido “igualitarismo” chileno, cuyo lema es “este lo conocí naranjo”,
¿Tendrá Karen alguna culpa al ser una periodista atrayente, profesional y brillante de lograr cautivar a la gente con una comunicación directa, cercana, cálida y humana? ¿Qué responsabilidad le cabe a Karen de que el candidato de la Concertación carezca de carisma y, además, sea fome? Poco tiene que ver Karen con la dificultad que tiene Eduardo Frei para que fluyan sus palabras como una vertiente en “las Montañas Blancas”, o encauzar ríos de apoyos populares que conduzcan a “Océanos Azules”. No sé a quién se le habrá ocurrido esa estupidez de llamar blancas a las montañas y azules a los océanos; es posible que se refieran a un poeta frustrado o a alguno de esos comunicadores que creen que estos nombres encierran un gran poder simbólico. En el fondo, nada que ver con el discurso de “La Patria Joven”: es que la oratoria del padre no fue heredada por el hijo.
Después de algunos dimes y diretes y justificaciones, los aprendices de liberticidas se están dando cuenta de su actuación cobarde y de la tremenda metida de pata que sólo termina por perjudicar a su candidato. Justamente, la Concertación nació para recuperar las libertades públicas, conculcadas por la dictadura; nada más torpe y desatinado que la demencia senil: algunos dirigentes y voceros pretenden practicar la “caza de brujas” en la administración pública, como si el Estado fuera su botín personal.
Por lo demás, en todas las campañas los candidatos de la Concertación han recurrido a rostros de actores y actrices, cantantes, animadores y líderes populares, incluso de ministros y ex presidentes para publicitar sus propuestas. Es completamente válido que los funcionarios públicos puedan trabajar, en sus horas libres, por el candidato de sus preferencias; lo que sería una falta grave es que el jefe de Servicio obligue al funcionario, so pena de exoneración, a sólo trabajar por el candidato de gobierno; esta sí que sería intervención electoral – y de las peores-.
Me parece absurdo que las empresas del Estado, que son de todos los ciudadanos, sean feudos de partido, incluso, a veces personales; no es correcto que estas instituciones sean cuoteadas y den lugar a unas verdaderas “sillas musicales”, paseando a dirigentes políticos de una gerencia a la otra; todas las empresas públicas deben ser controladas por la ciudadanía, y los gerentes deben rendir cuenta a los electores, al menos una vez al año, de su gestión. Al fin las empresas públicas son de todos los chilenos y no fuente enriquecimiento de los apitutados.
Estoy en desacuerdo con la composición del directorio de TVN: no es justo que sus cargos sean cuoteados entre partidos altamente desprestigiados ante la opinión pública. Es ridículo que este organismo esté conformado por partes iguales, por personeros de la Alianza y de la Concertación. A mi modo de ver, TVN debe ser rescatada por la ciudadanía, con representantes de los usuarios y de los periodistas, reduciendo sólo a un tercio los representantes elegidos por el Senado. En la actualidad, TVN tiene una parrilla igual y tan mala como los canales privados de televisión, prestando muy poco servicio al enriquecimiento de la cultura nacional, que tiene que ser entretenida y de calidad. La TV pública de estos fenicios de América Latina es puramente comercial y sus programas son mediocres por su escaso nivel intelectual, que no colabora en mejorar la educación.
Rafael Luís Gumucio Rivas
24/07/09
