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Agosto 18, 2026

¿Un show narcisista?

{mxc}Decepcionante fue la conducta de los actores de la crisis hondureña, al llegar ésta a su punto álgido.  Zelaya no es un Allende, sino apenas un rico empresario y antiguo dirigente de la derecha con más vocación mediática y menos hechura de líder. Como él mismo lo invocó, la solución parece radicarse ahora en los Estados Unidos.

Al cumplirse hoy un mes del golpe de Estado en Honduras, podemos decir que la palabra decepción refleja mejor que ninguna otra lo que ha ocurrido después en ese país. Decepcionante fue la actitud del Mandatario constitucional de permanecer sólo unos minutos en suelo patrio, para replegarse con su abigarrada caravana al lado nicaragüense de la frontera y seguir allí hablando y hablando. Manuel Zelaya demostró no ser un Allende, sino apenas un terrateniente maderero y antiguo político de derecha con más vocación mediática y menos hechura de líder.

Sólo unos pocos cientos de sus compatriotas cruzaron el paso de Las Manos y cada vez menos permanecen en precarios albergues, con hambre y sobre todo con incertidumbre. El Presidente sale continuamente de su hotel, los arenga como “su servidor” y se preocupa de que se les distribuya comida.
 
Una cosa importante dijo en esas horas, al pedirle a Estados Unidos una actitud más firme y resuelta en contra de los golpistas. Porque decepcionante fue la actitud del gobierno de Obama de calificar -el viernes- de imprudente la intención de Zelaya de volver. La Casa Blanca no ha vuelto a hablar del asunto -lo hizo el Departamento de Estado, a través de la Secretaria Clinton-, no ha retirado al embajador en Tegucigalpa, como lo han hecho tantos otros gobernantes, ni ha cerrado la llave de los flujos financieros a un país que depende de ellos para subsistir. Sólo paralizó alguna acción militar, sin debilitar el llamado portaaviones geográfico del Comando Sur.
 
La OEA sigue apostando a las gestiones diplomáticas. Pero a estas alturas todos saben que, por más declaraciones del Mercosur y la Unión Europea que se sigan emitiendo, la clave de la solución quedó radicada en Washington –como la propia invocación de Zelaya lo ratificó-, echando por tierra los intentos del líder mayor de no tomar más protagonismo en América Latina y convertirse en uno más de los socios del hemisferio.
 
Los que quisieron leer entrelíneas el comunicado que emitieron el fin de semana los militares golpistas pronto tuvieron su propia decepción. El general Romeo Vásquez aclaró que, al aludir al marco de la mediación del Presidente de Costa Rica, no estaban inmiscuyéndose en las negociaciones que conducen las autoridades actualmente instaladas, a las cuales las FFAA deben lealtad y obediencia.
 
Para los que creen en los ritos republicanos pudo ser interesante que la Asamblea legislativa se abocase a estudiar la mediación de Oscar Arias, pero también fue decepcionante que abordara sólo uno de los puntos de su propuesta –la amnistía política-, mientras el Tribunal Electoral analizaba otro –el adelanto de las elecciones-, sin que institución alguna conociera el primero de todos –que reinstala al Presidente en el mando.
 
La oligarquía criolla, aliada con las trasnacionales, todavía tiene esperanzas de seguir ganado tiempo, sin reparar en la decepción que significa para el mundo que Honduras siga siendo una República bananera, al que uno de sus ricos empresarios y dirigentes –Oscar Zelaya- quiso con oportunismo volcar a la izquierda, pero tal vez sólo para cumplimentar sus designios personales y narcisistas.     

hugomery@terra.cl
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)