google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Privatizar

{mxc}Nada de medias tintas. Dios vomita a los tibios, como diría la Biblia. Hay que optar entre el blanco o el negro, así como lo hizo el finado Daniel López. O estás con los ricos o con los pobres. El nuevo “beatificado” eligió, claramente, a los ricos. Eso de nada de extremos, escrito en el Oráculo de  Delfos, es una soberana estupidez  racionalista socrática.

 Si bien es cierto que casi toda la actividad humana está privatizada en esta bendita tierra – la previsión, con las AFPs, la salud, con las Isapres, la educación con colegios y universidades privadas, los medios de comunicación.

Por qué no eliminar esas desagradables Superintendencias  que meten sus narices las empresas– la peor de todas, la de Valores y Seguros, que se atreve a acusar al benefactor, Lúculo Piñera, de usar información privilegiada, como si no tuviera derecho a ser un hombre informado y comprar, en la Bolsa, rendidoras acciones de Lan. Piñera  propone ofrecer en bolsa el 20% de  Codelco el mercurio  sostiene que esto no es privatizar de una vez   un 50%  porque no el 75% o toda la empresa como  Vale Río en Brasil. Es cierto que codelco no es de los Chilenos sino de los demócratas  cristianos  pero eso no justifica privatizarla por el contrario hay que convertirla en propiedad de todos los chilenos y no en parcelas feudales de tecnócratas apitutados.

Si reemplazáramos al Estado y sus regulaciones por la Bolsa de Comercio, que tiene un crecimiento mayor que el PIB de Chile. El antiguo extinto Estado no es más que la escuela primaria de los políticos, hoy convertidos en condotieros o capitanes de industria; ahí aprendieron sus primeras letras Jaime Estévez y Eduardo Aninat, entre otros, ahora directivos de Endesa y coordinador de Isapres, respectivamente. Y así se atreven a perorar contra la Educación Básica.

Los exitosos equipos de fútbol se convirtieron en sociedades por acciones: cada patada – o mejor aún si es “chilenita” – del “Chupete Suazo, hace subir las acciones de Lúculo Piñera, uno de los principales socios de Colo Colo, hasta tocar al “Señor de los cielos”. Me pregunto  por qué no privatizamos a los carabineros, y cada cariño que reciban los pingüinos o los deudores habitacionales de nuestros privadísimos “verdes”, los accionistas recibirán jugosas crías. Las cárceles luego serán privatizadas  En la Bolsa podrían clasificarse las cárceles según el número de “cogoteros” que acojan; también habría establecimientos de primera calidad, destinados a  albergar a operadores políticos Vip y a empresarios caídos en desgracia.

De los ministerios no hay para qué preocuparse: Relaciones Exteriores estaría reducido a “Chile-compra-venta”; Minería, auxiliaría a las grandes empresas del cobre; Transportes sería regentado por Lan; Educación apoyaría a los colegios y universidades privadas, como ha sido hasta hoy; el Mop sería un departamento de las carreteras, puentes y puertos privados; Agricultura se dedicaría a favorecer la exportación de vinos y frutos del país. De los Bancos no hay para qué preocuparse, pues ya son todos privados, incluso el del estado. Como  en el pasado, cada empresa emitiría su propia moneda, lo que haría innecesario el Banco Central. Es posible que nuestros ultraliberales, como son “católicos y buenos, mantengan un “ministerio de los pobres, tullidos,  ciegos e indigentes, dirigido por el Hogar de Cristo, que garantice almuerzos para que la caterva de vencejos no se muera de hambre.

Así se realizaría en Chilito el mundo soñado por Carlos Marx, Saint Simon, Bakunin, Kropotkin,, y tantos que, en el siglo XIX soñaron con desaparecimiento del Estado. En Chile se hace pacíficamente, sin necesidad de huelgas generales, ni revoluciones. No cabe duda de que el rey más adecuado a estas circunstancias sería el legionario romano, Lúculo Sebastián Piñera, “tan injustamente acusado de querer mezclar los negocios con la política, cuando es evidente que forman una dupla inseparable”. Sólo el doctor “sutil” Camilo Escalona aspira a encontrar una frontera entre lo privado y lo público; hace tiempo que nadie cree la existencia del eslabón perdido.

Rafael Luis Gumucio Rivas 
17/07/09