Todo es como una obra de arte. EL pobre es la imagen positiva del cuadro. El negativo, es el del money. Han cambiado las dimensiones de la realidad. La acción es ver, como imagen central, al pobre que estira la mano; el segundo plano es el bondadoso que pone una luquita en las manos del piadoso. Le llaman: “el criterio de la moral”.
Las recetas moralistas son tantas. No basta leer las ideas del Papa para darse cuenta que la humanidad se encuentra atada de pies y manos mientras los grandes señores monopolizan las riquezas. La interdependencia, en nuestros estudios de partido, erán los temas de reuniones: hoy lo escribe Benedicto XVI, pero se olvida que no es un asunto del siglo XXI. Antes había otro sistema. Por un lado la Unión Soviética que cooperaba con los países aliados. La interdependencia, por decir algo, pues, pasaba por la casa grande, osea, por Moscú, y luego, se repartían los granos.
Hoy la Unión Soviético no existe. Tampoco los otros países aliados y el “Kremlin”. El nuevo orden cambió. Ahora se inició a desmantelar los países rojos, a perseguir a todos los dirigentes rojos y a condenarlos.
Unos fueron ahorcados, otros, fusilados, otros desaparecidos. En fin. había otros sentidos políticos. La caridad en un país socialista no existía. El trabajo necesitaba de manos y no de limosneros. Eso falta en la encíclica.
La encíclica llama a proyectar un mundo nuevo. Cierto, hoy los rojos han pasado a la historia. Llama a no caer en desviaciones. Pide esfuerzo humanista. Apoya lo que hizo “Juan Pablo II”: la moderna economia de empresa, cuyo talón de Aquiles es la libertad de las personas. (Suena regio eso de la libertad de las personas).
El mercado, según el Papa, es la madre de todas las cosas que facilita el abrazo entre los humanos y se sella el contrato. Llama a crear formas internas de solidaridad. Pide confianza recíproca.
Pide muchas cosas, Benedicto. No se da cuenta que no se puede desmantelar todo el proceso de la historia con un par de letras. Eso de crear formas internas de solidaridad es el golpe a todos lo existente. Cierto que el Vaticano apoya todo lo que sea anti clase obrera. Inteligente el trabajo del Papa. Muchos mandatarios de los países católicos seguirán su doctrina. La idea central de Benedicto XVI es que el mercado haga uso de un solo personaje y que la naturaleza del hombre pueda ser frenada para que no caiga en sentidos contrarios, osea, evitar que se llegue a participar en ideologías negativas que pueden ser “ perniciosas”.
Entre todas las recetas que entrega el Papa, pues, hay tantas contradicciones. No sé por qué los españoles han escrito que la encíclica del Papa es izquierdista.
Godosky
