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Agosto 18, 2026

El diálogo que impuso Washington

{mxc}“Craso error” o intento válido de destrabar el conflicto, la mediación podrá no ser eficaz si no se la complementa con una coerción suficiente. Pero esto tal vez pase por un primer enfrentamiento –sordo e explosivo- entre Chávez y Obama.
Parece negociación, pero las partes se niegan a reconocerla como tal, sino apenas como un diálogo. Es “un problema semántico”, dijo el mediador Oscar Arias, poniendo todo el peso de su prestigio político y autoridad moral en encontrar una salida a la crisis hondureña.

Si a fines de los años 80 su involucramiento en la pacificación de Centroamérica le llevó años de esfuerzo, ahora espera consumir varios días, que tal vez se transformen en semanas. Lo que facilita las cosas para el discurso del mediador es la falta de tiempo para dilatarlas, aunque eso es lo que le convendría a las autoridades de facto.

El 29 de noviembre próximo deben celebrarse elecciones generales, para escoger al Presidente de la República que asumirá el 27 de enero, los 128 diputados y los alcaldes. A estas alturas, si el Mandatario Manuel Zelaya quiere reinstalarse para encabezar ese proceso tendrá que olvidarse de la “cuarta urna”, la que le habría permitido convocar a una Asamblea Constituyente para que elabore una nueva Carta Fundamental:  un operativo a través del cual el Presidente depuesto pretendía ser reelecto, según acusan sus opositores y según sospechan también varios gobiernos del hemisferio.

Esta onda reeleccionista afectó en los últimos tiempos a mandatarios de todo signo e hizo a Barack Obama decirle al colombiano Alvaro Uribe, cuando lo recibió la semana pasada en la Casa Blanca: ”Ocho años es suficiente. Después la gente quiere un cambio”. Esta frase del líder estadounidense reflejó elípticamente su oposición a varias actitudes políticas del gobernante legítimo de Honduras.

Por eso y no sólo por la nueva relación multilateralista  que quiere trabar con el mundo es que Obama se mostró cauto. Se sumó a la OEA, pero al ver el fracaso de la gestión encomendada a su secretario general el domingo último se jugó, finalmente, por una mediación del respetado Presidente de Costa Rica, Premio Nobel de la Paz 1987  y que, para colmo de virtudes, ocupa la presidencia rotativa del Sistema de Integración Centroamericano, SICA.

 Zelaya, su suplantador Micheletti y la OEA aceptaron el diálogo de San José. El presidente Chávez optó por un transitorio silencio, hasta que, al ver los resultados, lo llamó “un  muerto, un craso error que viene del Norte”.  Un diplomático extranjero en Santiago nos dijo que la mediación significó un revés para Insulza, haciéndose eco de las críticas que se hicieron en círculos interamericanos al rol que jugó ante Tegucigalpa.

En rigor, las críticas debieran hacerse al conjunto de la asamblea general de la OEA, que le ató las manos, limitándolo a que diese  a conocer al Alto Tribunal de Justicia hondureño el ultimátum de 72 horas para que se repusiera al mandatario depuesto. Los gobiernos temían que el secretario general negociara, de acuerdo a su acendrada vocación, sobre todo porque éste, en la noche del día que se produjo la asonada, habló por teléfono con el presidente del Congreso, Roberto Micheletti, el mismo que los golpistas designaron Presidente.

La decisión internacional fue aislar al régimen de facto, no reconocerlo y, por lo tanto, no dialogar con él. Ahora que se decidió hablarle, lo sucedido en la primera cita en casa de Arias evidenció la negativa de Zelaya y Micheletti -antiguos correligionarios y amigos-  a verse las caras. Este último decidió volver a su sillón presidencial antes de que se le enfríe y dejar una comisión para que negocie, desatándose así los peores augurios.      

Lo que muestra lo ocurrido el jueves es que tal vez la mediación no podrá ser eficaz de si no se la acompaña de una coerción suficiente. Pero esto tal vez pase por un primer enfrentamiento –sordo e explosivo- entre Chávez y Obama.