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Agosto 18, 2026

TELESCOPIO: Presidenciables para tirar a la chuña

{mxc}Lejos de Chile, en Canadá, en el extremo opuesto a la “larga y angosta faja de tierra”, se producen interesantes percepciones del país lejano. Como cuando uno mira por un telescopio, las figuras aparecen todas más juntas, la profundidad de campo tiende a desaparecer y por lo tanto la distancia entre esas figuras no es muy notoria.

Al mismo tiempo, lo que rodea a las cosas se ve difusamente, en cambio el punto sobre el cual uno centra su lente aparece nítido. Es la analogía a la que me lleva la observación del panorama electoral chileno, donde el contexto, las circunstancias que en definitiva van a definir la contienda se ve confuso, pero las figuras protagónicas sí están bien perfiladas.

Una de las cosas que causa cierta sorpresa es el número récord de candidatos, por lo menos de gente que ha anunciado su postulación, ya que tal vez no todos van a estar en la papeleta en diciembre. Actualmente hay ocho en campaña, por cierto no más de tres son los que los medios de comunicación, las encuestas y la percepción de la calle visualizan como los contendores con chance de ganar: Eduardo Frei, Sebastián Piñera y Marco Enríquez Ominami. Aparte de esos tres están: Adolfo Zaldívar, Jorge Arrate, Alejandro Navarro, Eduardo Artés y Pamela Jiles.  Si el número de presidenciables se mantiene se batirá el récord que con seis candidatos tenían las elecciones de 1993 y 1999. Este elevado número probablemente sea incluso un récord en toda la historia republicana.

Retomando el foco sobre las figuras centrales, Eduardo Frei es el que tendrá mayores presiones y por eso mismo el que tiene más que perder: ya fue presidente en un período anterior y el ser conocido, más lo que le añade el nombre de su padre – figura emblemática de la democracia cristiana chilena – lo colocan en la posición más fuerte, pero al mismo tiempo más vulnerable. Sin duda podría beneficiarse del apoyo popular que la actual mandataria tiene, aunque por otro lado muchos afirman que la transferencia de popularidad es prácticamente imposible. Frei aparecía desde hace más o menos un año como la figura que mejor podía representar a la Concertación, dando por entendido que después de dos presidentes socialistas el turno le correspondería a un abanderado demócratacristiano. Dentro del PDC por su parte, se percibió que una candidata mujer, inmediatamente después de la actual presidenta no era algo que iba a prender, lo que determinó el fin de la postulación de Soledad Alvear, esa leal trabajadora por la unidad de la Concertación. Lástima por ella. (Y algunos dirán, lástima por ambas).

La derecha, unida – aunque para la UDI a regañadientes – tras la figura del empresario Sebastián Piñera, espera cosechar los frutos de una campaña que prácticamente comenzó al día siguiente de perder ante Michelle Bachelet. Por perseverancia Don Sebastián no se queda. Piñera – hay que admitir – ha calculado cuidadosamente sus pasos. En un análisis frío, la probabilidad de un triunfo de la derecha con Piñera es mayor que nunca, en gran medida porque la Concertación proyecta en este momento una imagen de desorden y caos interno, lo que paradójicamente contradice la imagen de eficiencia que el gobierno proyecta. Algunos comparan a Piñera con Silvio Berlusconi, que como él es un millonario empresario que ha hecho de la política una rama más de sus negocios, pero tal comparación no es la que place al candidato de la Alianza por Chile, su verdadero modelo sería Nicolás Sarkozy, el presidente francés quien con mucha habilidad ha intentado apelar y atraer a sectores más allá de la derecha gaullista tradicional. Sarkosy por cierto encontró un terreno fácil para eso, un Partido Socialista francés en un caos similar o peor al de la Concertación chilena, luego del fracaso de su lamentable candidata, esa versión francesa de Sarah Palin que resultó ser Segolène Royale. Como Sarkozy hizo en su momento, Piñera ya ha anunciado que de ganar invitaría a su gabinete a gente de la Concertación (!). No olvidar que Piñera tuvo vínculos con la DC, pero no sería de extrañar que incluso algunos socialistas, como ocurrió en la Francia de Sarkozy, estuvieran dispuestos a “sacrificarse sirviendo al país” bajo un presidente derechista.

Marco Enríquez-Ominami es la wild card en este juego. Como Frei en su primera postulación, para el ex diputado socialista la figura de su padre es un factor a su favor, especialmente para aquellos que lo conocieron y lo respetaron. Pero claro está, Marco no es Miguel, como algunos dicen. Por otro lado Enríquez-Ominami ha tenido otro importante soporte al otro extremo de las generaciones coetáneas de su padre, los jóvenes que ven en él una expresión de recambio generacional y aunque algunos analistas apuestan al desinfle de su candidatura, no hay que subestimar la capacidad de movilización y la porfía de algunos jóvenes votantes, muchos de los cuales no son incluidos en las selecciones de encuestados (la última encuesta CEP respaldaría la tesis del desinfle al situar la contienda claramente entre Frei y Piñera, aunque también constata un avance del díscolo diputado).

Si la Concertación ve con cierta aprensión el quiebre por la izquierda que puede representar Enríquez-Ominami, el quiebre por su flanco derecho no llega a ser preocupante, la disidencia que representa Adolfo Zaldívar y su Partido Regionalista Independiente, cuya sigla PRI no ofrece tampoco los mejores augurios, aun no logra capitalizar el presunto descontento con la Concertación.

Más abajo en las encuestas, Jorge Arrate, otro ex concertacionista, tuvo un inicio ruidoso para perfilarse ahora simplemente como una candidatura que no logra despegar. Como a muchos, me pareció extraño que la izquierda extraparlamentaria agrupada en Juntos Podemos, cuya fuerza motriz es el Partido Comunista, se hubiera inclinado por Arrate. Ciertamente Tomás Hirsch, del Partido Humanista, demostró en la elección anterior ser un muy buen polemista. Por otro lado, considerando que el PC necesita de la buena voluntad de la Concertación para reformar el sistema electoral binominal, designar a un ex concertacionista era como “restregar la herida”, pero al parecer primó en el PC un intento casi nostálgico de reeditar viejas alianzas, si no entre PC y PS al menos entre PC y un ex PS. También me sorprende este súbito arranque de izquierdismo que le vino a Arrate. Después de todo, él tiene una impecable hoja de servicio como promotor de la renovación socialista en los años 80 que llevó al PS a adoptar una línea más socialdemócrata, él mismo lideró en un momento a la facción renovada del PS cuando éste estaba todavía dividido y sus distintas agrupaciones se distinguían por el apellido de su secretario general, Partido Socialista Arrate era como se lo identificaba, lo que daba pie a que los comunistas y sus aliados del MDP en ese entonces hicieran un juego de palabras y lo llamaran “Partido Socialista a ratos…”

En situación parecida en cuanto a respaldo en las encuestas se halla otro ex socialista, el senador Alejandro Navarro, hombre decididamente comprometido con el ala más izquierdista del socialismo, pero que ha demostrado una extraordinaria tendencia a hacer las cosas absolutamente por su cuenta. Navarro, un buen parlamentario con un amplio apoyo en su circunscripción ha desarrollado su reciente accionar básicamente como un one man show. A esta altura su postulación no tiene un claro destino, pero ello no debe invalidar su mensaje, a pesar de las falencias del mensajero.

Poco se habla de él, pero un actor nuevo en este drama es Eduardo Artés, postulante del Partido Comunista (Acción Proletaria). Este partido que hasta hace poco formó parte del pacto Juntos Podemos, vendría a ser un heredero de las corrientes maoístas que se cristalizaron en el movimiento Espartaco surgido en 1964 con figuras provenientes del PC, el que hacia fines de los 60 se transformó en Partido Comunista Revolucionario (PCR) y que en la elección de 1970 llamó a votar en blanco. Bueno, largo tiempo ha pasado y algo los ha hecho cambiar porque ahora los seguidores de Mao no van a estar rompiendo votos sino contándolos, aunque no sean muchos.

Por último está esa postulación que nadie sabe si va en serio, la de Pamela Jiles, con un discurso sumamente izquierdista, pero al mismo tiempo recurriendo a los mecanismos de la farándula, aplicando así el género periodístico que ella ha venido practicando en los últimos tiempos. De ese tipo de postulaciones entre broma y serio, tenemos algún conocimiento en Canadá, donde años atrás existía el llamado Partido Rinocerontes, el cual se burlaba de la política tradicional proponiendo medidas deliberadamente absurdas que, vista la ineficacia de los partidos “serios”, tampoco iban a solucionar los problemas de la gente por lo que su mensaje era tomarlo todo para la chacota, un ejemplo clásico fue su propuesta de cambiar la mano por la cual los vehículos circulan en Canadá, de la derecha a la izquierda, como se hace en Gran Bretaña, el programa de los rinocerontes entonces agregaba que como se trataba de un cambio radical, se lo implementaría gradualmente, primero lo harían buses y camiones, en una segunda etapa los demás vehículos… Pamela Jiles me recuerda a ese grupo que por lo demás llevaba candidatos en varias provincias y que a veces superaban a otros partidos marginales que sí se tomaban en serio. Quien sabe, quizás si ella corre termine superando a Arrate, Navarro y Artés. Por lo demás se trata de la única mujer en la carrera.