Un trabajador de la mina no podría marcar tarjeta y salir luego a lustrarse los zapatos, le digo. En la sala del parlamento se vota en nombre de un colega ausente. Eso es grave, eso es anticonstitucional. Pero, caballero, me dice el compatriota, la constitución fascista no tiene fallas; por eso todo marcha bien porque es injusta.
La descarga, o mejor dicho la detonación que causó el programa de la TVN en, “Informe Especial” llegó en un momento más esperado. Todo el pueblo se enteró de lo triste que es ser tomados por idiotas. Se vota por un “flaite de corbata” y el “indigno” se atornilla cuatro años en el parlamento. Son honorables, me han dicho. Bueno, me alegra eso de honorables porque se aleja del proletariado. La clase trabajadora no es un “pas á deux o á trois pirouette, caballeros.
La asistencia al parlamento, o mejor dicho, al “charlestón”, es el resorte de un sistema que vive a costas del pobre trabajador. El balazo al pueblo, caballeros, lo han dado desde que se parió la concertación. Entre el boogie-woogie y reverencias de ladrones, se olvida el folklor porque es danza de rotos y cantos que piden pan y justicia.
Una cosa me da tranquilidad; el politico no es doctor ni trabaja en la posta central. Chile se encontraría con más muertos que vivos.
A la cresta las sesiones del pueblo. Hoy se pierde el tiempo. A la mierda las semanas distritales, no hay tiempo para hablar con rotos. El diputado anda ocupado… bueno, en una reunión secreta, esas que llevan el pollito en el velador, caballero…
Chile y sus trabajadores; Chile y sus resortitos. Esperamos que se entregue una explicación. No se puede tolerar una “assamblé” de flaites que roban el dinero del pueblo. Un día, me dijo un viejo compañero, en Chile se necesitarán dos pasaportes: uno de parlamentarios, el otro de rotos.
Godosky
