Pero hay momentos en que es mejor esperar, hablar cuando tiene sentido hacerlo e involucrarse ahí donde se cree de verdad que vale la pena hacerlo y que el aporte es necesario, no por la pura “presión del medio”. No todo es culpa nuestra y tampoco es que no estemos en nada, sucede que estamos en esa parte de la política menos luminosa, con menos café de grano y lejos de las comodidades que hasta hace un par de años constituía el Hinterland de la surda: diputados díscolos, colegio de profesores y ese tipo de fauna social y política que nadaba en aguas política cuyas corrientes eran de incierto destino. Eran los ratos en que la surda apostaba a la construcción de un “polo progresista”, a “emerger” como proyecto político “más allá de la izquierda” y desgajar la concertación desde sus sectores más progresistas. Si todo esto pudiera llamarse “tesis política”, para bien o para mal son parte de la historia que acá avergüenza más a unos que a otros y que contra todo ello muestran una claridad política anunciatoria del mapa político que se configura hoy. Solo que cuando vino a suceder lo que queríamos y lo que anunciábamos, ya no había surdos para celebrar nada ni para hacer política desde el escenario que veníamos proponiendo. Peor aún, el costo interno era tan alto que la base poblacional surda ya había emigrado.
¿Porque sacar a relucir todo esto?, por dos razones. La primera es que nuestro empeño actual radica entre otras cosas en la construcción cotidiana de una organización política que se reconoce imperfecta, que no teme administrar públicamente sus contradicciones y que ya no cree más en el secretismo ni el iluminismo. No queremos que nadie nos siga porque no estamos dispuestos nosotros a seguir a nadie. El aporte que define el avance debe ser recíproco, sino no vale. Segunda razón, aprendimos a ser cautos y a definir de manera más digna con quién vamos a juntarnos, con quienes vamos a caminar un rato, varios ratos o durante un buen tiempo.
A unos nos cuesta más que a otros, los errores personales se pagan caro, acá y en cualquier parte. Hay quienes administramos con mayor dificultad estar en una organización política lo más lejana a las organizaciones políticas que hay. Un colectivo (en el buen sentido de la idea) tiene más “disciplina” política que nosotros. Acá no hay una línea política. Hay varias. Y eso, que hasta hace un poco tiempo atrás nos parecía ridículo, incoherente….extraño incluso, hoy es asumido como la riqueza de esto que llamamos Surda. Lo que nos une es algo que va más allá de la manera en que nos convocamos y nos conducimos en la coyuntura. Somos autonomistas, y eso tiene significado para nosotros en la manera en que aportamos en cada uno de los espacios en que estamos y no tanto por nuestra “vocación de Poder”. Define una identidad política que se declara en construcción y que no espera dar respuestas clarificadoras a nadie, disfrutamos lo que hacemos y sentimos, por supuesto, que debiéramos hacer mucho más.
Como mucha gente atenta a lo que sucede en el país político, miramos con cierta expectación lo que está sucediendo con los Enrique-Ominami, el MAS y los Humanistas. Una lista parlamentaria alternativa a la derecha y a la concertación, no definida por el PC ni señalada como condición para pactar con la concertación, deja en vergüenza las maniobras comunistas, pero también las maniobras que hasta hace un rato un grupo de ex surdos trataba de instalar desde el arratismo: esa que se cae a pedazos y que todo el mundo sabía que se caería a pedazos. Con el pareciera que muere una mirada de la izquierda (una de las tantas) que quiso convencer y convencerse de que era así como se hacían las cosas: simulacros de participación popular para “elegir” al candidato. Instalar artificialmente el liderazgo de un personaje tan rancio como Arrate, cuya deuda pendiente con las fuerzas de izquierda y revolucionarias de este país es tan alta, solo podía costarle a él mismo y a su círculo íntimo una tarifa que ya comienza a pagar.
No es que nos alegremos, pero en las últimas semanas manosearon tantas veces nuestro nombre, incluso desde medios más progresistas como El Ciudadano , no repararon en señalar la presencia de nuestro movimiento en las maniobras del arratismo. Hacia los colectivos autonomistas de la Universidad de Chile y Valparaíso se vendía que el tema “no era Arrate”, sino la construcción de un Frente Amplio. Y varios compraron, aunque la oferta venía de lo más añejito que podía ofrecer la izquierda más tradicional. Otros en cambio, han vuelto a ver en la Surda un camino natural para aportar al proyecto político autonomista. Bienvenidos compas.
Acá no es que uno esté obnubilado por algún fenómeno mediático. Se ha dicho que el discurso de Marco Enriquez-Ominami pareciera haber sido escrito por un surdo, pero el hombre tiene el ego tan grande que difícilmente dejaría eso en manos de otros. No hay surdos ahí. Quizá los habrá. No porque lo definamos así desde una direccionalidad política central, sino solamente porque si hay entre nosotros quienes han creído en la candidatura de Alejandro Navarro no habría por qué negarse a la de Enriquez-Ominami. También estamos quienes tenemos derecho a no creerle a ninguno de los dos y que consideramos más pertinente y útil contribuir en la campaña electoral de candidatos a diputados que nada tienen que ver con el mundo de la política con flashes: el Andha Chile a Luchar tendrá sus candidatas y candidatos en lugares como San Bernardo, Talcahuano y otras localidades en tanto que el Movimiento de Pobladores en Lucha tendrá el suyo en Peñalolén. Estos esfuerzos electorales tienen en común la lógica autónoma de conseguir sus respectivas firmas para ir solitos en la papeleta. La construcción de un proyecto político representativo para estos sectores será lento pero se ha echado a andar.
Luego, habrá que ver como traducimos entonces todas estas cosas que suceden con una enorme rapidez. Habrá que ver como lo hacen los humanistas para ir en la lista parlamentaria de Enriquez-Ominami mientras su candidato presidencial es Arrate; no sabemos que tan fuerte será el golpe para las pretensiones electorales del PC, tampoco sabemos si Navarro bajará su candidatura por las posibilidades de llegar más lejos que tiene aparentemente su amigo Enriquez-Ominami con tal de unir los esfuerzos electorales en una lista parlamentaria que podría dejar al Juntos Podemos con muy pocas posibilidades. Y tampoco sabemos si el entorno de Enriquez-Ominami aceptará hipotecar su sello políticamente refrescante (que es lo que premian las encuestas), aceptando alguna negociación que los vincule en un pacto con el Juntos Podemos.
¿No está entretenido todo esto?.
Movimiento SurDA
