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Agosto 18, 2026

Perspectivas de futuro

Estoy pensando en las demandas del Perú que han sido llevadas a La Haya, y en las de Bolivia, que pide una salida al mar. Hay que darles su peso a los hechos del pasado, pero no debe obnubilar nuestra visión, ni menos limitar nuestra libertad para enfrentar los desafíos futuros. Iniciamos un nuevo milenio caracterizado por una revolución comunicacional. Un mundo en vías de globalización en que la unidad y colaboración solidaria ya no son un optativo, sino una necesidad.

Esta integración surge más inmediatamente para nuestro subcontinente sudamericano, si se quiere, América Latina. Las armas deben ponerse definitivamente a un lado para adoptar como único camino el diálogo y la colaboración.

Dentro de este contexto de futuro, habrá que repensar ciertas máximas o postulados que se proclaman muchas veces en forma absoluta como válidas para todos los tiempos o situaciones. Habrá que relativizarlas, en un buen sentido (hay gente que se escandaliza por todo relativismo). Un “postulado” es el de la “soberanía nacional” absoluta. Nuestra “soberanía” ya está aportillada por varios factores, económicos, sociales y culturales de un mundo en vías de globalización. Otro postulado es el de las fronteras inamovibles o del “territorio patrio intocable”. Países de Europa nos dan ejemplo de renuncia a derechos y territorios en aras de la paz y de un mayor bien común del conjunto. Se habla de “conquistas irrenunciables”. Pero tanto el humanismo como el cristianismo nos enseñan a no ser egoístas, sino saber renunciar a lo propio en beneficio de otros. Esto tendría que valer no sólo para los individuos, sino también para las naciones.

Expurguemos sobre todo y repudiemos toda pseudo-valoración de la guerra y de la prepotencia bélica. El concepto de “defensa nacional” y sus instituciones deberían cuestionarse radicalmente. ¿Cuál será la función de nuestras Fuerzas Armadas en un mundo globalizado?

Advierto con preocupación que estos falsos criterios están presentes en nuestra patria. Persiste en el sentir popular cierto nacionalismo difundido y tal vez prevalente, y se expresa aún en boca de personajes públicos, parlamentarios y ministros. Éstos son naturalmente sensibles a la opinión pública y muchos, por su edad, viven todavía en el pasado. Este año electoral no favorece actitudes más razonadas ni actualizadas.

Confiamos en la buena estrella de Chile y en la sabiduría de nuestros gobernantes actuales y futuros de que podamos no sólo superar las rémoras de un pasado, sino asumir también el desafío de los tiempos que vivimos.

José Aldunate, S.J.