No hace mucho nos enteramos de que Obama había cedido ante los intereses de Wall Street y aceptó comprar con dinero público los activos tóxicos que tienen a los especuladores financieros quebrados. En otras palabras, aceptó pagar con dinero del pueblo estadounidense la orgía que llevó a la catástrofe.
¿Derrota de Obama? ¿Triunfo de Timothy Geithner, su Secretario del Tesoro y hombre de Wall Street?
He aquí que Obama le propone al Congreso que se pronuncie sobre un proyecto que busca eliminar la evasión fiscal de las multinacionales, para recuperar nada menos que 210 mil millones de dólares. ¿Obama el retorno? ¿Obama contra Big Business? Durante su campaña electoral Obama denunció una anomalía: si en los EEUU el impuesto a los beneficios de las empresas es de un 35%, las multinacionales allí basadas pagan una tasa promedio de impuestos de sólo un 8 a un 9%. Curioso.
(Algo parecido dijo Ricardo Lagos de las multinacionales basadas en Chile en enero del 2001, pero luego se le olvidó. Hoy preside el Club de Madrid que reúne a los inversionistas españoles que tienen intereses en la copia feliz del Edén. Es lo que se llegó a llamar una política “win-win”).
Según los analistas europeos la evasión fiscal es una cuestión de fondo, ligada a la existencia de los paraísos fiscales. Por ahí transita el dinero del narcotráfico, el de la prostitución y del tráfico de armas, así como el de la evasión fiscal. Los EEUU, Europa, Japón y China, para no citar sino unos pocos, siguen tolerando los paraísos fiscales. De vez en cuando les presionan para obtener datos relativos al crimen organizado, pero la existencia misma de tales remansos de paz para el gran capital nunca ha sido puesta en peligro.
Como he tenido la ocasión de precisarlo, cada país tiene sus propios paraísos fiscales. Las Islas Anglo-normandas -que juegan ese papel para el Reino Unido- no dependen del Estado Británico como pudiese creerse, sino que son propiedad directa de su Graciosa Majestad la Reina. Muy graciosa.
¿Por qué razones Obama las emprende contra las multinacionales? Un periodista descreído, el francés Jean-Michel Quatrepoint, afirma que tradicionalmente los demócratas son más cercanos al universo financiero, mientras que el mundo de la industria se sitúa en el entorno republicano.
El “universo financiero” controla incluso el banco central del imperio, la famosa Reserva Federal (FED), que no es -como pudiera creerse- propiedad del Estado Federal, sino la propiedad de bancos federales regionales controlados a su vez por bancos comerciales privados. El sacrosanto dólar y las políticas monetarias de los EEUU están ahí para que lucre un puñado de privilegiados.
Por otra parte, dice Quatrepoint, Obama intenta satisfacer su electorado de pequeños empresarios que no tienen la posibilidad de evadir impuestos por medio de los paraísos fiscales, y que terminan pagando la crisis junto con los asalariados. Se trata pues de mostrarles que algo cambia. Así se entiende por otra parte la relativa dureza con la que Obama ha enfrentado la crisis de las tres grandes automotrices: General Motors, Chrysler y Ford, todas quebradas si no fuese por el dinero que el Estado Federal ha inyectado en ellas, sin contrapartida visible.
Todo lo que precede nos muestra -una vez más- la eficiencia de los mercados, el impecable funcionamiento de “la mano invisible” y la objetividad del discurso de los economistas.
No. No es Obama, el que retorna. Es simplemente el regreso del “business as usual”. El retorno, en esplendor y majestad, del dominio del gran capital y de las multinacionales.
He aquí que Obama le propone al Congreso que se pronuncie sobre un proyecto que busca eliminar la evasión fiscal de las multinacionales, para recuperar nada menos que 210 mil millones de dólares. ¿Obama el retorno? ¿Obama contra Big Business? Durante su campaña electoral Obama denunció una anomalía: si en los EEUU el impuesto a los beneficios de las empresas es de un 35%, las multinacionales allí basadas pagan una tasa promedio de impuestos de sólo un 8 a un 9%. Curioso.
(Algo parecido dijo Ricardo Lagos de las multinacionales basadas en Chile en enero del 2001, pero luego se le olvidó. Hoy preside el Club de Madrid que reúne a los inversionistas españoles que tienen intereses en la copia feliz del Edén. Es lo que se llegó a llamar una política “win-win”).
Según los analistas europeos la evasión fiscal es una cuestión de fondo, ligada a la existencia de los paraísos fiscales. Por ahí transita el dinero del narcotráfico, el de la prostitución y del tráfico de armas, así como el de la evasión fiscal. Los EEUU, Europa, Japón y China, para no citar sino unos pocos, siguen tolerando los paraísos fiscales. De vez en cuando les presionan para obtener datos relativos al crimen organizado, pero la existencia misma de tales remansos de paz para el gran capital nunca ha sido puesta en peligro.
Como he tenido la ocasión de precisarlo, cada país tiene sus propios paraísos fiscales. Las Islas Anglo-normandas -que juegan ese papel para el Reino Unido- no dependen del Estado Británico como pudiese creerse, sino que son propiedad directa de su Graciosa Majestad la Reina. Muy graciosa.
¿Por qué razones Obama las emprende contra las multinacionales? Un periodista descreído, el francés Jean-Michel Quatrepoint, afirma que tradicionalmente los demócratas son más cercanos al universo financiero, mientras que el mundo de la industria se sitúa en el entorno republicano.
El “universo financiero” controla incluso el banco central del imperio, la famosa Reserva Federal (FED), que no es -como pudiera creerse- propiedad del Estado Federal, sino la propiedad de bancos federales regionales controlados a su vez por bancos comerciales privados. El sacrosanto dólar y las políticas monetarias de los EEUU están ahí para que lucre un puñado de privilegiados.
Por otra parte, dice Quatrepoint, Obama intenta satisfacer su electorado de pequeños empresarios que no tienen la posibilidad de evadir impuestos por medio de los paraísos fiscales, y que terminan pagando la crisis junto con los asalariados. Se trata pues de mostrarles que algo cambia. Así se entiende por otra parte la relativa dureza con la que Obama ha enfrentado la crisis de las tres grandes automotrices: General Motors, Chrysler y Ford, todas quebradas si no fuese por el dinero que el Estado Federal ha inyectado en ellas, sin contrapartida visible.
Todo lo que precede nos muestra -una vez más- la eficiencia de los mercados, el impecable funcionamiento de “la mano invisible” y la objetividad del discurso de los economistas.
No. No es Obama, el que retorna. Es simplemente el regreso del “business as usual”. El retorno, en esplendor y majestad, del dominio del gran capital y de las multinacionales.
