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Agosto 18, 2026

El fallido efecto retórico

UNO/ Si algo ha caracterizado siempre a Fernando Flores es que no le gusta “caer bien”, al punto que incrementó su popularidad e influencia política y empresarial desparramando por todo el país su método para “ganar plata y ser pesado, pero inteligente, a la vez”.

Por ejemplo, cuando su entonces amigo Ricardo Lagos le consultó cuál sería su aporte a la campaña presidencial, Flores le contestó “Cursos-Flores”. Este último concepto críptico, esconde varios de los aspectos positivos y negativos del personaje. Sus cursos, y los millones de cursos basados en su metodología, buscan proveer a la gestión de organizaciones un conjunto de reglas provenientes de la más depurada, ilustrada y novísima ontología del lenguaje a seres humanos de lo más normales que existen en el mundo de la normalidad: ejecutivos, ingenieros, comerciantes, operadores políticos, dirigentes de clubes, estudiantes, acarreadores de votos, etc, etc, etc, a través de enseñarles algunos conceptos que sin duda le harán más fácil la vida: el lenguaje crea realidades, el lenguaje crea compromisos, los compromisos se deben cumplir en tiempo y forma, y sin discusiones, pero además le entregará algunas máximas más claras y directas para entender la realidad, por ejemplo si una persona-normal es consultada por el “facilitador-de-aprendizajes” que dirige la sesión sobre a qué se dedica y él le responde soy estudiante, el facilitador le contrapreguntará sobre cómo se siente en general con la vida que lleva, a lo que probablemente el asistente responda algo-normal como “cansado”, “stressado”, “más o menos”, etc. y ahí vendrá el “instante-flores”: eso te pasa porque no tenís plata, porque no tenís vida, porque te concentrai en los problemas y no las soluciones, porque no sabís idiomas, porque no te da el cuero pa inventar un software, porque soi pajero, porque no leís, porque tenís una vida penca, porque etc, etc, etc y culmina con la nueva creación: tenís que ver la vida con otros ojos huevón, tenís que darte cuenta que podís hacer mejor las cosas, que podís disfrutar, que después de la pega todavía podís crear un proyecto que te dé sentido, que te dé alegría, que te dé plata, etc, etc, etc.
 
El método Flores es una aplicación bastante inteligente del método Heidegger, es decir producir la destrucción ontológica del asistente, esto es, que se enfrente con lo que “él dice” o “se dice de él” para encontrarse con su auténtico y limitado ser, lo que se efectúa con un lenguaje penetrantemente adecuado. Una vez que todos los asistentes se encuentran con su ser, puede iniciarse un proceso de acuerdo y negociación de compromisos y premisas de acción conjunta, que en filosofía toma el nombre de “pragmatismo”.
 
DOS/ Si algo estaba quedando claro en las últimas semanas-políticas es que Piñera requería con urgencia alguien que lo aconsejara discursivamente, puesto que estaba apareciendo como: 1) mal posicionado en los temas, como cuando consultado por medidas para paliar la crisis económica dijo, con absoluta confianza en el dogma neoliberal, que las crisis son naturales, que así es la economía, que es lamentable y habría que tratar de mitigar sus efectos, pero que así era la cosa no más; 2) lejano a la verdad, como cuando se le preguntó por su participación en la propiedad de FASA (sigla que impusieron los relacionadores públicos para usted lector se olvide de la marca “Farmacias Ahumada”) y dijo que era “menor”, cuando superaba los mil millones de pesos, que dicho sea de paso es un capital que no tiene casi ninguno de los ocho millones de televidentes que ven las noticias; 3) demasiado ansioso, como cuando salió con singular premura a entregar su pésame a la familia de una niña asesinada en un microbús en La Pintana y tuvo que enfrentar la protesta de varios de sus familiares; 4) “copión de las propuestas de otros candidatos, como cuando empató con otro “un-techo-para-chile-boy” en su comando; 5) dubitativo entre la política y los negocios, como en su afamado fideicomiso ciego que increíblemente no incluye a Lan, Chilevisión y Blanco y Negro, mucho más conocidas por el público que Axxion, por ejemplo; 6) declinante en popularidad, lo que se fue reflejando en cada encuesta que se iba conociendo y, lo que es peor, con un Frei aún a media máquina creciendo y con un Enríquez-Ominami apropiándose del cambio.
 
TRES/   La Retórica o “arte de hablar bien” es conocida más como una disciplina de la floritura, el recoveco, el invento y en general como el uso de figuras para esconder las verdaderas intenciones del hablante. La verdad es que modernamente (Retórica-moderna) este arte se conceptualiza como el hablar-bien, pero siguiendo las coordenadas discursivas de espacio (escenario-auditorio), tiempo (composición-disposición) y temática (tópicos) de lo discutido.
 
CUATRO/            El verdadero efecto que quería crear Piñera con el ingreso de Fernando Flores a su comando, y que dicho sea de paso le devolvió la sonrisa, era retórico: Flores le iba a aportar el correcto posicionamiento y discursividad necesaria a una campaña en caída libre: a la izquierda la acusaría de “estatista”, a la concertación de corrupta y buena para los arreglines, cuando fuera consultado por su patrimonio diría “¿y qué tiene de malo tener plata y éxito?”, a los faranduleros que no son serios, etc. En resumen, le restituiría la autenticidad a un candidato que tratando de ser-pero-no-ser-él-mismo ha carecido del necesario asesoramiento comunicacional, es decir honesto, culto, ubicado en el actual escenario político, con marcado énfasis en el liderazgo-innovador-pragmático.
 
 SEIS/             Pero, como en el mundo real la realidad se impone, bastó un segundo de auténtica retórica-del-huevonaje para echarlo todo a perder. Increíble resulta constatar que la “nueva contratación” de Piñera pueda dialogar una hora sobre filosofía e innovación con Warken y no pueda hacer lo mismo  en CNN-Chile.
  

 
Leonardo Holgado V., abogado.