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Agosto 18, 2026

Un poquito de veneno no mata…

Eso me decía un “maestro” con el que construimos una escuelita en el campo, por allá por Río Bueno. El “maestro”, que nunca comprendió muy bien si es el agua o el ángulo recto el que hierve a 90 grados, tenía no obstante respuestas para todo.  “Un poquito de veneno no mata” era una de ellas.

El tipo merecía un diploma de economista, con grado de doctor, visto que los chamullos que contaba precedieron en más de 40 años los que nos cuentan ahora los ministros de hacienda, los presidentes de los bancos centrales, los analistas de las agencias de calificación y otros babalaos de la economía.
 
Ya tocamos fondo” dice uno. “Hay que ser optimistas” dice otro. “Vemos el final del túnel” agrega un tercero. “La cosa esta mejorando”, añaden los más osados.
 
Edward Hadas, analista yanqui, califica todo eso de “Feverish thinking”. Ideas de boludos afiebrados. Y agrega que los inversores y los que manejan la manija están apostando a que el optimismo se basta a sí mismo. Algo así como el método del Dr. Coué del que ya te hablado en mis paridas: si te auto convences de que te sientes bien, desaparece la enfermedad.
 
Hadas indica que “Las indesmentibles malas noticias -un gran incremento en el desempleo en la eurozona, la confirmación de que los precios de las viviendas siguen bajando en Gran Bretaña- son simplemente ignoradas”.
 
Pero como es sabido, ignorar la realidad no impide obtener un diploma de economista ni ser ministro de hacienda, más bien ayuda. Edward Hadas observa el océano de liquidez arrojado a los mercados financieros con suspicacia: “La droga moneda todavía está en pruebas. Aun más, podría hacer muy poco para combatir el mal subyacente del desbalance global entre producción y consumo”.
 
De algún modo este chato te cuenta que hay un desequilibrio entre los bienes y servicios producidos en el planeta y la capacidad de los consumidores para pagarlos. Ergo, hay que redistribuir la torta en modo más justo. Más crédito no resuelve porque los hogares ya están sobre endeudados. ¿Capici?
 
De todas las medidas anunciadas para resolver la crisis financiera y económica ninguna tiene que ver con la reconstrucción del poder adquisitivo del personal. Aun cuando es la única que podría resolver al cagazo y devolvernos a una cierta estabilidad.
 
Si te preguntas el porqué de este fallo tan evidente, la respuesta es simple: redistribuir la riqueza generada con el esfuerzo de todos es intrínsecamente contrario a los intereses del capital. Veneno.
 
Edward Hadas sabe que nadie accederá a redistribuir el ingreso y por eso advierte que el único modo de resolver el desequilibrio entre producción y capacidad de consumo es el de siempre: “Una larga y dolorosa recesión…”
 
Mientras tanto vete acostumbrando a los grititos de alegría que acompañan el desastre: “En los EEUU el sector privado eliminó 491.000 empleos en abril, contra 708.000 en marzo. Los mercados celebran”. Tú te preguntas qué es lo que hay que celebrar…
 
Ben Bernanke, el guaripola de los economistas, anticipó ayer ante el Congreso de los EEUU la reactivación de la economía yanqui de aquí a fines de año y ya percibe hoy los signos del principio de su estabilización.
 
Método Coué si uno le cree al FMI que el mismo día dio a conocer una serie de estadísticas más negras que la consciencia de Ben Bernanke.
 
Chris Williamson, economista de una financiera internacional, parece chileno: anuncia todo y su contrario. Después de prever, con una leve micción incontrolada, el fin de la recesión en Europa para muy pronto, termina advirtiendo: “No obstante, la gravedad de la situación no puede ser subestimada”. La nitidez de sus opiniones encandila.
 
De ahí que, -sin querer, como Escalona, salvar al capitalismo-, pensando en el personal me atreva a sugerirle a quienes controlan el chollo que distribuyan la riqueza que atesoran explotando al prójimo.
 
Eso es veneno, de acuerdo. Pero como “Un poquito de veneno no mata”…
 
Escribe Luis CASADO – 06/05/2009