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Agosto 18, 2026

Derecho y lenguaje

En la actualidad, quienes nos dedicamos a la docencia somos testigos de la falta de comunicación al interior de las aulas, factor que, lamentablemente cada día se hace más latente en la sociedad y que no sólo se da en el ámbito de la enseñanza. No hay mayor comunicación entre los padres y sus hijos, entre los profesores y los alumnos, y entre los propios jóvenes. Cada uno está preocupado de su bienestar y no se da el tiempo para hablar con el resto, para leer los diarios, escuchar los noticieros de radio y televisión, e informarse.

Ésta es una realidad latente y no podemos continuar observándola sin hacer nada, como si fuera una característica normal de estos tiempos. La falta de comunicación se debe, en alguna medida, al excesivo uso de la tecnología, al mal uso de este recurso, al uso indiscriminado del computador, de internet. Los alumnos han ido perdiendo, poco a poco, la capacidad de reflexionar, de imaginar, de pensar, de analizar y de construir sus propias opiniones. Ahora, hablan menos, porque prefieren estar en silencio recorriendo páginas virtuales.
 
Nuestros adolescentes al salir de clase, ya sea en los colegios o en las universidades,  corren frente a la pantalla del computador y se pasan horas chateando, navegando en la red. No destinan su tiempo a leer, a estudiar las materias que se les imparten y, tampoco, conversan con los mayores, instancia en la que uno aprende de las vivencias del otro.  
 
El computador, el teclado y el mouse se han transformado en la familia de muchos jóvenes, son el amigo que no han logrado encontrar en ningún lado.  Los padres están gran parte del día ausente por razones laborales y éste es un escenario del que todos somos responsables. ¿Cómo logramos revertir la situación, acompañar más a nuestros hijos, hacer que no se sientan solos y no busquen refugio en una tecnología, cuyo uso no es guiado?
 
Los alumnos en nuestro país llegan a la universidad sin haber desarrollado un lenguaje adecuado y muchas veces no saben cómo expresar sus puntos de vista  en forma clara. Aquí hay una falla por parte de las familias y también de los establecimientos educacionales.
 
¿Qué podemos hacer? La idea es buscar soluciones, resolver los problemas y no sólo quejarse.
 
En la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Central, desde 2007, por ejemplo como medida remedial, contamos con un taller de lenguaje jurídico, que es un lenguaje exacto y técnico. Este taller ha sido beneficioso y suple los vacíos que exhiben los estudiantes.
 
Junto a este programa impartimos también el taller sobre Historia de la Cultura Jurídica, el que permite dar un mayor acervo cultural a los alumnos.
 
 
Es, a mi juicio responsabilidad de los planteles de educación superior preocuparse de los vacíos académicos, de los vacíos de redacción y de lenguaje que tienen nuestros estudiantes y futuros profesionales. No podemos pretender que obtengan siete en las cátedras, si tienen problemas serios de lenguaje, si les cuesta interpretar y analizar los contenidos.
 
 
¿Cómo podríamos exigir a los estudiantes de primer año de Derecho que entiendan los conceptos jurídicos, si no les proporcionamos las herramientas necesarias para que los comprendan, los asimilen y los pongan en práctica?
 
Es importante que las universidades y, en particular, las Facultades de Derecho se preocupen del lenguaje. Hay que fomentar el hábito de la lectura, crear, por ejemplo, talleres literarios. El abogado no sólo debe saber Derecho, sino que tiene que ser un hombre culto, preparado, con conocimientos acabados y actualizados permanentemente.
 
El lenguaje es fundamental en todo orden de cosas y en la carrera de Derecho también importa un rol trascendental.  Con la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Penal el lenguaje ha cobrado un sitial relevante y la oratoria es parte de este proceso.  Un buen abogado no sólo debe saber y entender las leyes, debe hablar correctamente, emplear los términos que corresponden. Debe manejar la oratoria y no sólo la memoria.
 
Por: Ángela Cattan Atala, Decana (I) Facultad de Derecho de la Universidad Central.