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Agosto 18, 2026

Los trabajadores de corbatas, overol y guante blanco

Una movilización nacional exitosa y de guante blanco, presenció el país.  Desde las siete de la mañana,  pequeños piquetes de dirigentes sindicales y sociales, apostados en diversos puntos del gran Santiago, como en otros lugares del mapa nacional, marcaron la pauta del día.  La cobertura de prensa de los canales abiertos -como siempre- mostró una línea editorial mezquina y tendenciosa, intentando de diversas maneras deslegitimar el movimiento.

Es un hecho, han vuelto para quedarse 

Poco a poco y a pesar de las trabas institucionales y económicas implantadas, los trabajadores se dan maña para reinventarse en un esquema político donde el mundo social se encuentra desterrado. 

La exclusión en el caso chileno, es en principio, un apartheid político a los sectores de izquierda con convicción de clase -y por extensión- a los restos de organizaciones sociales que permanecieron firmes, ante los embates de los soldados de la libre competencia cruda y resistente a cualquier tipo de regulación.  

De ahí la importancia para el mundo sindical y social, de ocupar el espacio público planteando una plataforma de lucha más allá de los temas del salario y la crisis, bajo esa premisa, lo ocurrido el jueves 16 de abril es un éxito; los trabajadores como actor social o grupo de presión, han salido fortalecidos, luciendo liderazgo y madurez, en una mezcla no totalmente afiatada de  rostros envejecidos y jóvenes en permanente tensión.

La envoltura generacional (en este caso) era el factor  menos complejo,  las estrategias que se encuentran sobre la mesa y su forma de aplicación son el meollo de la discusión, por una parte,  la disposición poco feliz de ciertos sectores políticos por administrar los conflictos, en una especie de gallito por la gobernabilidad.   Desde otras lecturas, están los que creen que es el momento de ser más audaces  en los instrumentos de presión a utilizar, para lograr los fines propuestos, sin lograr todavía un nivel de sindicalización y experiencia de lucha para obligar a los adversarios a replegarse.  

En el otro lado del tablero, los empresarios con su apertura y medio juego muy bien aprendidos, reaccionaron con silencio,  en el entorno político del sector, Pablo Zalaquett, una vez más muestra su insensibilidad y “vocación inmobiliaria” anteponiendo el derecho de los bienes muebles e inmuebles, como principio natural de la protección a la propiedad privada -porque  como bien sabe el alcalde- en Chile, el código civil es el decálogo por el  cual nos regimos. El señor Zalaquett, teniendo clara conciencia de ello,  reclama a las fuerzas de orden, usando una artimaña   ¿Quién pagará los daños? ¿Quién será responsable ante “la ley” de tanto abuso callejero?

En esa lógica de intercambios, tan propia de los tiempos, sería bueno que el señor alcalde conteste por ejemplo ¿Cuánto vale un puesto de trabajo perdido para una familia? ¿El abuso en salud, educación, sistema previsional, servicios básicos? Tres bancas, un semáforo… ¿Cuánto? Hablemos en serio, cuantos detenidos quiere a cambio, en la primera o tercera comisaría, por cada movilización que pase por su feudo. Usted sabe, estamos negociando ¿How Much, alcalde? Porque los trabajadores y  el mundo social no están dispuestos a entregar cheques en blanco a nadie.

Las llaves del manicomio

De mayor calibre resulta la crónica escrita por el señor Jorge Schaulsohn, en el diario La Tercera del 17 de abril del 2009, titulada: “El loco petitorio de la CUT” donde el ex –diputado PPD señala: “Las demandas de la CUT son simplemente absurdas: Nacionalizar el transporte, agua, salud, previsión, electricidad y educación”.

Sorprende la severidad con que el abogado y hoy psiquiatra social, lanza sus dardos contra las demandas de los trabajadores organizados, el argumento central asume como certeza que con la llegada del mercado a todas las áreas ya mencionadas, las cosas funcionan de manera excepcional, extrañamente, los defensores del modelo insisten en argumentar que el transporte es público y estatal, lo que es una mentira, se trata de un transporte privado con subvención estatal, donde el Estado cumple a cabalidad con el rol que la propia constitución le asigna, subsidiar.

¿En cuantas empresas se reparte la torta de las AFPs, señor Schaulsohn? ¿Dónde colocan su propaganda? ¿Sabe usted realmente cuánto ha subido la luz en este tiempo? ¿Sabe usted de los abusos que se cometen en Chile con todos los servicios básicos? ¿Acaso no han ganado lo suficiente?

Mil veces están pagados, los que saquearon el aporte de generaciones de chilenos, con ellos usted comparte a diario y veo que además en su discurso los defiende.  Usted, que firmó la carta de compromiso de la concertación a principios de los noventa, se acuerda, había un punto destinado a revisar las privatizaciones o su memoria abogado flaquea.

Pero y sus discursos en la primera campaña de diputado, todo absolutamente todo era simple “flatus vocis” ¿Se acuerda de los jóvenes comunistas cubriendo la comuna con su propaganda? ¿Y de las reuniones en su comando? o la amnesia lo ensordece y lo ciega.

Usted los acusa de locos, pero los hombres y mujeres del mundo de los trabajadores, no tienen por qué aceptar la racionalidad de la que se siente depositario.   Debe ser muy triste pasar por la historia de un país, como portador de las llaves del sanatorio del mercado, abogado Shaulsohn.  Otros, antes que usted acusaron a Francisco de Bilbao por desquiciado, Luís Emilio Recabarren fue expulsado del parlamento, Clotario Blest, murió en la dignidad de la locura por los trabajadores y usted abogado, tendría que nacer unas cuantas veces, para tocar siquiera la basta de su mameluco.

Por Omar Cid

Centro de Estudios Francisco Bilbao