Que esto se vaya a traducir en una nueva era en las relaciones interamericanas, como proclamaron algunos de los líderes participantes, es algo que está por verse a partir del día después. Lo mismo si habrá un nuevo trato, como dijo Barack Obama, entre socios iguales, dejando atrás los dictados de Washington y las imposiciones de políticas a cambio de ayuda. Pero como las relaciones son, por lo menos, de a dos, el Mandatario estadounidense pidió, en su estreno en sociedad en el Hemisferio, que se deje de culpar a su país de todos los males de Latinoamérica. Algo que suscribió el líder brasileño Lula da Silva.
En el fondo, de lo que se trata es de intentar un nuevo comienzo, para lo cual todos deben trabajar y no sólo un hombre y sus asesores, porque el Presidente de EEUU está inserto en un sistema y él debe lidiar internamente con algunos de sus engranajes más perniciosos. Hay que ayudar a Obama y eso lo acogió calurosamente Hugo Chávez al responder a su gesto de cruzar el salón para saludarlo. Le dijo “Quiero ser tu amigo, Obama”, y después se acercó a su vez para regalarle un libro, “Las venas abiertas en América Latina”, aparte de anunciar la reanudación de relaciones diplomáticas.
Se dijo que la obra de Galeano es un clásico de la izquierda setentera y que ya no tendría vigencia. Pero sólo se supera la historia, como quiere el joven Presidente, si se aprende de ella y ahora sólo le falta, para que lea el libro del uruguayo, una buena traducción al inglés. Algunos se comprometieron a hacérsela llegar.
Otro que acogió los gestos de acercamiento de Obama en víspera de la Cumbre fue el gran ausente de ella: Raúl Castro, cuando se abrió a discutir de todo en igualdad de condiciones. Menos recogidos por las cámaras en Trinidad y Tobago fueron los acercamientos del titular de la Casa Blanca a críticos como Rafael Correa, Daniel Ortega y Evo Morales. Este último se mostró menos abierto, resentido como está tras obtener pruebas de la trama para asesinarlo. Pero el líder boliviano consiguió una condena explícita de su colega a cualquier intento de golpe de Estado y magnicidio.
Aunque no se mencionó el bloqueo de Cuba en la farragosa Declaración de 97 puntos negociada durante tres años, incluso con autoridades que ya no están, todos saben que será un proceso largo. En el curso de él Washington insistirá en que, a cambio del fin del embargo, La Habana se muestre no sólo proclive a discutir, como dijo Raúl Castro, sobre democratización, presos políticos y DDHH, también a dar pasos concretos.
Pero los derechos económicos del pueblo cubano son violentados por el embargo de Torricelli, Helms y Burton y ya no queda ninguna razón de eficacia política para mantenerlo. En este contexto, no es iluso el planteamiento de Lula Da Silva de que ésta sea la última cima hemisférica en que Cuba esté ausente.
Nadie quería ser anfitrión de esta Cumbre. Ahora Chávez propuso como “travesura” que la próxima sea en Cuba. Colombia ya se ofreció. Pero si ahora tampoco se designó la sede debiera ser por razones distintas a las de la vez anterior: no por falta de interés, sino por la expectativa de que los pasos que se den, a partir de ahora, sean consecuentes con lo ocurrido en Puerto España.
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