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Agosto 18, 2026

La contumacia arrogante de los violadores a los DD. HH.

Hace algunos días la Universidad Central organizó un interesante seminario sobre Derechos Humanos. Como anfitrión de dicha actividad estuvo el decano de su facultad de derecho el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago don Juan Guzmán. En calidad de panelista la historiadora Patricia Arancibia Clavel y los abogados Andrés Aylwin, Luis Valentín Ferrada y Mario Papi.

Cerca de doscientas personas, todas ellas vinculadas profesional o afectivamente al tema conformaban el público, entre ellas había militares en servicio activo, seguramente enviados por sus instituciones dada la trascendencia que el tema tiene para ellas. Prima face me pareció un evento académico propio de una democracia madura, un avance.

Pero me llevé una sorpresa.

De las exposiciones pude colegir, me puedo equivocar, en Arancibia Clavel, con su hermano condenado a cadena perpetua en Buenos Aires por el asesinato del general Prats, una defensa sibilina de las violaciones a los DDHH en Chile aunque una defensa en abstracto y futura de los mismos, de Aylwin una ingenua y hermosa voluntad en el sentido del nunca más, de Valentín Ferrada una mirada más larga en cuanto a responsabilidades que atenúa a los culpables directos, algunos de ellos sus defendidos,  pero que llevada a sus últimas consecuencias lleva hasta un actor poco nombrado en estos hechos: los Estados Unidos de Norteamérica.

Gran discusión, enjundiosa discusión para un país democrático, en un escenario propicio, una universidad.

La sorpresa vino con las intervenciones del público. Un señor que se identificó como coronel en retiro del ejército y ex funcionario diplomático chileno, increpó duramente a Andrés Aylwin por declaraciones de su hermano, se quejó amargamente por la situación de los militares presos en Punta Peuco y por último la guinda de la torta: el golpe de estado y todo lo que ello implicó fue una gran obra patriótica, y si las condiciones históricas se volvieran a dar el ejército volvería a hacer lo mismo. Fervorosos aplausos salieron de un sector de la sala.

Los militares en servicio activo abandonaron la sala, coincidencia o disparidad de criterios con lo expuesto?, no lo sé.

Luego intervino Roberto Garretón abogado de la Vicaría de la Solidaridad durante la dictadura militar en su intervención señaló que personas como Orlando Letelier, José Manuel Parada, difícilmente podían ser señaladas como subversivas y que sus muertes no se explicaban, al mencionar a Victor Jara en esos conceptos un  grito se escuchó nítido en la sala ¡y que, si ese guevon era comunista!.

El moderador pidió orden en la sala y recordó que nos encontrábamos en una universidad. Garretón fue interrumpido reiteradamente.

Esa es la contumacia arrogante de los violadores a los Derechos Humanos. No hay razón alguna para revisar o atenuar sus responsabilidades.

ROBERTO AVILA TOLEDO
Abogado