Los izquierdistas europeos y latinoamericanos han hecho suyo el capitalismo. Coaligados con la derecha en programas de gobierno y pactos de candidatos en algunos casos incluso casi han desaparecido en beneficio de su burguesía.
Revolucionario en cambio es impulsar el programa de una economía de propiedad social, global, planificada, sustentable. Una civilización solidaria en donde lo cultural y humanista sea central.
Ambas posiciones son absolutamente antagónicas.
Mientras la izquierda busca o logra administrar un poder cívico-militar constituido, lo revolucionario tiene que fundar una nueva realidad. Debe difundir con claridad su proyecto, desarrollar y organizar la fuerza propia rebelde, luchar desde la base para imponer al sistema la ejecución de bienes sociales sostenibles, ganar espacio parlamentario sin transar logros programáticos a cambio de apoyar y legitimar intereses del patronazgo ni ser parte en las pugnas electorales interburguesas.
¡Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días!
Y los revolucionarios saben que lo imposible es posible y difícil, pero vital para la supervivencia de la humanidad y la vida.
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Rómulo Pardo Silva
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