Con este párrafo inicia Alain Touraine el capítulo “La crisis de la democracia” de su libro ¿Podremos vivir juntos? (*). Sin embargo, son varios los autores que han planteado la necesidad de analizar con acuciosidad el porqué de esta crisis, que se ha venido agudizando con la marcha de la globalización del sistema-mundo (Wallerstein).
Es el caso, entre muchos otros, de Norbert Lechner quien sugiere que “la desafección hacia la democracia tiene que ver con la forma de hacer política. Y los modos de hacer política derivan de los modos de pensar la política” (**).
Ambos autores parten de la premisa de que es necesario un cambio en las claves interpretativas que nos hagan más inteligible la complejidad social. Durante mucho tiempo, el pensamiento social centró su análisis entre dos ideologías contrapuestas que impidió el desarrollo, a un nivel más alto, que permitiera la percepción de las transformaciones de la opinión y las demandas, el surgimiento de nuevos movimientos sociales, las formas de la modernización, etc.
De acuerdo con Touraine, “la renovación del pensamiento es hoy obra de la filosofía política y moral más que de la descripción de las nuevas formas de producción, intercambio y distribución. Pero también el pensamiento sociológico comienza a renacer, transformado…Hoy procura comprender cómo se forman los actores, cómo crean hombres y mujeres una nueva sociedad, cómo se mezclan vida privada y vida pública, cómo puede ser representativa la democracia, cómo se combina la unidad social con la diversidad cultural”.
A partir de este planteamiento, Touraine expone que “hay que partir del Sujeto personal y llegar a la democracia, y la comunicación intercultural es el camino que permite pasar de uno a la otra… La democracia estaría vacía de sentido si, más allá de las diferencias sociales y culturales, apelara únicamente a la unidad de la ciudadanía y la igualdad de todos ante la ley; sólo es real cuando permite la defensa de derechos sociales y culturales como formas concretas del derecho de ser Sujeto, es decir, de combinar una experiencia vivida particular con la acción racional para dar al individuo su libertad creadora”.
Por su parte, Lechner argumenta que: “hoy día los límites del espacio político se encuentran minados por la expansión del mercado. La ‘lógica del mercado’ invade esferas no económicas y, en concreto, tiende a colonizar la actividad política…El enfoque utilitarista altera la estructura comunicativa de la democracia. La deliberación y la argumentación tienden a ser desplazadas por el intercambio de bienes y favores, asimilando la negociación política al negocio comercial”.
Más adelante este autor plantea las dificultades para determinar el ámbito de la ciudadanía: “La invocación entusiasta de la ciudadanía contrasta con un notorio proceso de privatización. Se reclama un fortalecimiento de la sociedad civil, pero pocas veces se reivindica la centralidad de lo público para la vida ciudadana. Entonces, la llamada sociedad civil se confunde con una creciente privatización de las conductas: el surgimiento de nuevas formas de sociabilidad, basadas en estrategias individualistas, que son racionales y creativas para adaptarse a las dinámicas del mercado, pero que rehúsan compromisos colectivos”.
Al igual que Touraine, Lechner busca la esencia del sujeto social, pero esta búsqueda la dirige hacia el cómo reconstruimos un Nosotros, identificados con el ser nacional (chilenos), poniendo de relieve la dimensión productiva de la política- la producción de sociedad: “Una acción es política en tanto construye un vínculo social. Dicha construcción de lo social mediante la lucha por la auto.determinación colectiva, sería la forma en que la sociedad se constituye en sujeto A la luz de esta autoconstitución de la ‘sociedad autónoma’, podemos valorar una política según su potencial de transformación. Esto es, su capacidad de generar experiencias e imaginarios de Nosotros que permitan a las personas ampliar sus posibilidades de acción. De eso trata la política considerada como un trabajo cultural”.
De esta posibilidad de poner en acción a la sociedad civil, conformada por Sujetos sociales, hablaré en la segunda parte de este artículo.
* Alain Touraine, ¿Podremos vivir juntos?, F.C.E. , Buenos Aires, 1997
** Norbert Lechner, Las sombras del mañana, la dimensión subjetiva de la política, LOM, Santiago de Chile, 2002
