google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Una nueva arquitectura difícil de ejecutar

El G 20 acogió planteamientos de todos sus miembros: desde la inyección sin precedentes de un billón de dólares que quería EEUU hasta reformas al sistema financiero que exigían todos los demás. De hecho, se decretó una transición post neoliberal que es muy difícil realizar, por la multitud de  intereses en juego. 

Los líderes de las 20 economías más desarrolladas y emergentes del mundo alcanzaron ayer en Londres un acuerdo que recoge las diversas posturas para encarar la peor crisis  global desde los años 30. El consenso apuntó principalmente  a reformar el sistema financiero y prevenir los préstamos e inversiones bancarias de alto riesgo que desataron justamente la débacle.
 
A las exigencias de países como China y Brasil por el diseño de una nueva arquitectura financiera mundial –en las que ellos quieren asumir un papel más relevante-, se sumaron las de los países de la Unión Europea, impulsados  por el motor franco-alemán. Estos estiman que ya no se trata sólo de inyectar más recursos –lo que para sus economías en recesión significa una enorme carga-, sino de una cirugía mayor a las instituciones nacidas de los acuerdos de Bretton Woods de 1944.
 
Finalmente el G 20 accedió –como quería Estados Unidos- a que se inyecten más recursos por un billón de dólares, los que escalarán a un esfuerzo fiscal sin precedentes de 5 billones hasta fines de 2010. Además, se creará una superagencia con amplios poderes para alertar de los riesgos macroeconómicos y financieros y tomar las acciones necesarias en contra de ellos. Este nuevo Consejo de Estabilidad Financiera, que así se llamará, servirá para extender la regulación de los mercados, que cada país  se compromete a llevar adelante.
 
Esto provocó la euforia del presidente Sarkozy, quien había amenazado en la víspera de dejar su asiento –la famosa sombra gaullista de “la chaise vide”practicada en la Otan- si no se tomaban acciones concretas. Y el laborista Gordon Brown –considerado un orador aburrido por los británicos- se entusiasmó hasta sentenciar que llegó el fin del “Consenso de Washington de los ´80, que consagró el predominio de las políticas neoliberales.
 
 
Otros compromisos adoptados fueron regular los salarios y bonos de los altos ejecutivos; terminar con el secreto bancario y llevar al infierno a los paraísos fiscales mediante la confección de listas negras; atacar el proteccionismo comercial, y vender el oro del FMI, cuyo capital se triplicará. Esta institución y el Banco Mundial serán objeto de reformas, terminándose con la tácita alternancia entre un mandamás europeo y uno estadounidense. Y se inyectarán más recursos a organismos multilaterales regionales como el BID.
 
Pero estos compromisos deben leerse sólo como el comienzo de una transición, la que deberá ser confirmada por la próxima cumbre del G 8, el exclusivo grupo de los países más industrializados del planeta. Concretarlos llevará un tiempo largo y doloroso, por la multitud de intereses en juego.
 
Además ellos se toman en recintos de los cuales la policía intenta mantener alejados a los ciudadanos.  Los miles de manifestantes en las calles de Londres fueron vistos por la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navy Pillay, como “la imagen exacta de la exclusión”. Según esta autoridad, “las preocupaciones de la  gente deberían estar en el centro de los debates del G 20 y la política financiera no debiera limitarse a los bancos, sino dedicarse a los seres humanos”.
 
Tales palabras no son mera retórica, ya que como recordó el músico y activista irlandés Bob Geldof “el 50% de los seres humanos vive con apenas dos dólares al día y si se quiere expandir la economía debe incluirse a este 50 por ciento”. Esta asimetría no sólo es un factor de exclusión social, sino también de freno al desarrollo económico mismo, y de ello están tomando creciente conciencia importantes actores internacionales.
hugomery@terra