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Agosto 18, 2026

Crónicas de la hormiga MIX

Vivir en las chacras no es precisamente tan bello como se cree para alguien que nació en una ciudad. Es mi historia de hormiga, guste o no guste, soy instruido y criado en una universidad urbana. Tengo parientes en el campo. Precisamente ahora estoy en las chacras de una reina.


Al principio, para los que no conocen los “sures” ni el mar,  esos dos lugares parecen paraíso, pero a los pocos meses todo se vuelve extremadamente peligroso para las hormigas campesinas. Uno no sabe si morirá un martes o miércoles, menos sabrá si su funeral será un jueves o viernes; rico sería morir un sábado o domingo porque son los  peores días de la semana. Sábado ir a comprar material de escuela pa´los crios. Domingo: almorzar en la casa de la suegra…
 
Las hormigas del campo, esto lo denuncio, carecen de informaciones, también de libros o periódicos; tampoco ven la tele. (Deseo precisar que para los hormigas no existe el día lunes, tampoco el primero de mayo, el día de la mujer o del papá).
 
Esto que les narro, querido lector, debe quedar entre nosotros, porque ser hormiga no es simple. Antes, en los tiempos tempranos, cuando los científicos y físicos andaban con la chía que la tierra era redonda, (hoy me han informado de la “Nasa“ que es casi cuadrada),  las hormigas tenían antenas electromagnéticas y escuchaban hasta la “Radio Moscú”. Entre nosotros, en el tiempo de Pinochet, hasta las hormigas fueron reprimidas. Eran los tiempos negros ya que ser tarado era como proponerse a vice-capitán general. Todo lo subnormal y débil se discutía en nuestros reinos.  Cierto que los microcéfalos eran más lentos que el “transsantiago”. Si hoy les contabas un chiste, pues se reían pasado mañana.
 
Lo que me pasó en el  fundo, muy cerca de la ciudad, (aunque no quiero aparecer como una hormiga ordinaria y mal agradecida con la hospitalidad que me brindaron las hormigas campesinas) es actualmente un crimen. No hay previsión social para las hormigas. ¡Adelante pueblo! ¡Trabajo y alegría! Antes, siempre en los tiempos tempranos, no te anticipaban la muerte. Hoy, te cuelgan el ataúd en el cuello. Antes eran las cadenitas de oro que soportaban el peso de la  virgencita de Guadalupe, hoy te cuelgan en una cadena ordi un numero de la caritas, o del hogar de Cristo. En otras épocas, más temprana de la temprana, las hormigas pasaban cantando sus rancheritas; hoy el Ave María y el me arrepiento de haber pecado.
 
Ser hormiga cuica no es güeveo. Yo, como no tenía que sudar, obvio, nacido en una universidad de pijes,  me pasaba durmiendo todo el santo día.
 
Cuando, Mix, mi hormiga, nana-esclava,  me informó que mañana tomaría desayuno con la reina de la chacra, me anduve preocupando. Aún no podía creerlo. Para relajarme la nana-esclava me estiraba mis patas desnudas y me hacia masajes con una hoja de ciruela. Tomar desayuno con la reina de la chacra “es” como un festejo de tu propio funeral (no diré “era”, porque sino mato la historia). Pese a que no hacia frío, me entumí. Paine, reino de los melones y sandias, eran, para la reina, (que quede entre nosotros), amante de mi padre, el palpo vertical de su tiranía. 
 
El romance de mi padre y la reina inició en una cátedra de agricultura en Santiago; mi padre vivía en la Universidad de Chile, en un viejo libro de Moliere. Nunca me gustó ese gallo. Por su obra, “Los enfermos imaginarios”, tantas hormigas pasaron a mejor mundo. Enteras columnas de hormigas eran exterminadas. Parecían hebreos en el tiempo del nazismo. Esto lo denuncio: la reina de la chacra usaba métodos fachos. 
 
Fuera de la Uni, las hormigas obreras.  Para los que nunca se hayan preocupado de estudiar las hormigas urbanas, pues les digo de un pato  que somos  como un drama musical.  No tenemos nada de “Shakespear” ni tampoco del personaje  tipo, “Angus” que te informa que una condena cuelga en tu cuello. “But under heavy judgement bears tha life”.
 
Nuestro reino ha  empeorado, eso se lo digo a todos; todo tiene barreras. Al interno de cada sala o palacio de recibimientos, se ofende a la verdad. Las  contradicciones de la monarquía empeora la situación de  los obreros. (A manera de información: no nos matamos entre nosotras, claro, nos injuriamos, nos mandamos a la cresta, pero una cosa es sagrada: la plebe pertenece al reinado. No se alarmen los hocicones de las letras: estoy hablando de monarquías cubiertas por las leyes naturales. Tenemos una constitución “Pinohormiguista”.
 
Sobra decir que yo soy sangre de monarca pero opositor con patas y sombrero.
 
Mi padre,  profesor de agricultura, y con su – yes, yes  way not-  en sus discursos urbanos, es el cuico más acelerado de la patria.
Se jacta de ser superior a todos por el hecho de tener un par de pesos más.
Mix,  mi nana-esclava, era de la izquierda. La respetaba por ser de inteligencia viva que pisaba la tierra. Sabía leer y escribir. Me entregó unas crónicas de historia de las hormigas. Las leí. Meses más tarde, las puse en practica: al poco tiempo, acabamos con la dictadura de las hormigas y zarpamos el reposo que dura 21 años.  Un día, hormigas de Chile, tocaremos tierra.
 
 
Ivan Godosky