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Agosto 18, 2026

Porqué ganó el NO en Vitacura

Los ciudadanos inscritos en los registros electorales de Vitacura dieron un ejemplo de civilidad y compromiso con su territorio, al rechazar contundentemente la propuesta municipal orientada a facilitar los negocios inmobiliarios de empresas constructoras que estaban interesadas en comprar viviendas unifamiliares para demolerlas en 3 sectores determinados de esa comuna.  La idea, si ganaba el SI en el plebiscito, era que en esos terrenos se emplazaran edificios en altura, lo que generaba la automática plusvalía patrimonial a todos aquellos dueños de esas casas de uno y 2 pisos.

Por ello, según hemos sabido, ya se habían suscrito promesas de compraventas supeditadas al resultado del mismo.

A tal grado llegó el interés inmobiliario para que se modificaran las reglas del juego, que incluso sus promotores llegaron a publicar en los diarios inserciones a página completa y en colores en día domingo para que en la zona de Alonso de Córdova se aprobara el SI. Estimamos que sólo en esos avisos publicitarios se tienen que haber gastado unos 40 millones de pesos. En la víspera de la elección se produjo una áspera polémica entre los especuladores del suelo, apoyados por ciertos arquitectos en búsqueda de contratos, y los vecinos que propugnaban el concepto de barrio residencial en densidad baja, quienes también tenían el sustento de otros tantos arquitectos que tenían una visión más sustentable de la ciudad.

En una carta publicada el 6 de marzo pasado en El Mercurio, Pamela Ortiz, asesora urbanista de Vitacura, por la cual tenemos respeto, cometió el error garrafal de asegurar que el crecimiento en altura no generaba la incorporación de un mayor número de personas y vehículos motorizados en su comuna. Dijo textualmente “entre 2002 y 2008 la población ha decrecido en un -0,7%, no pudiendo las propuestas en cuestión alterar esa tendencia” (sic). Es decir, para ella, impulsora del SI, los nuevos edificios estarían vacíos, como le contestó un avispado lector en ese medio. Por otro lado el conocido urbanista de la UC Pablo Allard, en columna “Lo que se vota hoy”, publicada el día domingo pasado en La Tercera, cometió el ex abupto de aseverar que “el hecho que Vitacura terminara votando sus modificaciones en un plebiscito vinculante, más que un triunfo de la participación ciudadana es una distorsión lamentable” (sic). Recordemos que somos dueños de nuestras palabras y esclavos de nuestros escritos y estos 2 profesionales serán recordados como simples iluminados tecnócratas que no creen en la voluntad ciudadana.    

El resultado refuerza el espíritu democrático y una postura anti oportunismo por parte de quienes votaron. La presión ejercida por los poderes fácticos inmobiliarios y la abundancia de dinero en propaganda no les sirvió de nada a aquellos que proponían las permisivas modificaciones urbanísticas en esos 3 sectores. Lo anterior es una voz de alerta que los políticos profesionales tienen que tener muy en cuenta, más aún, si a fin de año tendremos elecciones presidenciales y de parlamentarios. Los vecinos que conformaron el referente “Salvemos Vitacura” dieron una lección de compromiso con la verdad y la transparencia, las que fueron aquilatadas en su mérito por la ciudadanía.

Este magnífico ejercicio democrático del pasado domingo nos indica que las autoridades centrales, recordemos que la ministra Patricia Poblete apoyó a Torrealba, como locales, tienen criterios distintos a los de aquellos que expresan sus opiniones en las urnas y por ello la figura del plebiscito se tendrá que replicar en todas las comunas, partiendo por las más saturadas como Ñuñoa, con el propósito de que los vecinos puedan defender sus estilos de vida en la mira que el desarrollo urbano sustentable debe ser el norte en las políticas públicas sectoriales.

Pero para que ello suceda, será necesario que los parlamentarios en el transcurso de este año, modifiquen el artículo 100º de la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades, ya que el plebiscito convocado por la ciudadanía exige que firmen ante notario, con los consiguientes gastos, el 10% de los inscritos en los registros electorales de cada comuna y ello es muy difícil. La gente de Vitacura lo logró porque se articularon ejemplarmente y tienen recursos económicos. Hace 2 años, el diputado Esteban Valenzuela propuso en la Cámara reducir ese porcentaje al 5%, pero sus colegas rechazaron esa facilidad para ejercer la democracia participativa. Esperamos que ahora, que pedirán el voto para sus reelecciones, estén motivados para efectuar ese cambio legal y así sus electores puedan opinar. 

Patricio Herman
Fundación “Defendamos la Ciudad”