Si usted vive en Iquique sería casi un milagro que a través de sus medios de comunicación estuviera informado de la realidad y evolución de los tres temas fundamentales en los cuales se juega la vida presente y futura de la ciudad y el norte de Chile: el mar; el agua en el desierto; y la buena vecindad e integración con Bolivia y Perú. El silencio de los medios, salvo cuando los hechos alcanzan el carácter de tragedia ambiental o se produce algún accidente, tiene razones económicas y políticas.
Las empresas mineras, que hacen un uso abusivo y dañino del agua, y que además contaminan, tienen una política de relaciones públicas en la cual invierten, para los estándares de la ciudad y la región, altas sumas de dinero, cantidad insignificante en todo caso para lo que ganan.
Junto con ese despliegue publicitario directo, en terreno ante la sociedad, las empresas mineras también tienen una política atenta en su relaciones con lo medios de comunicación de la ciudad y la región. Atenta en el sentido de prestarle atención delicada, profesional, por parte de los directivos y el personal de relaciones públicas de estas empresas, hacia los medios. Tal atención es correspondida por los medios, que siempre están a la espera de que caiga algún dinero más o menos grande de las empresas mineras. El aspirar a captar la publicidad de una empresa minera, o lograr la edición de un suplemento minero, hace a los medios no tocar ni con el pétalo de una hoja a estas poderosas empresas transnacionales.
Los medios callan acerca de la realidad del estado de las reservas de agua en el desierto. Los políticos también callan. Los representantes del gobierno, los parlamentarios, los municipios, que son los que tienen atribuciones, voz con llegada a los medios, ante los tres temas fundamentales de la región guardan silencio, y si hablan nunca van al hueso del asunto en cuestión.
Como ejemplo, se puede describir el hecho del abuso del agua señalando que la minera Collahuasi, la más grande de la provincia de Iquique, no sólo usa enormes cantidades de agua dulce para sus labores de producción de cobre. Además utiliza agua para bajar el concentrado de mineral diluido a través de un mineroducto que va de la cordillera al mar, más de 150 kilómetros. Las tres mineras extranjeras que operan en la provincia de Iquique consumen el 60 por ciento del agua disponible. El 40 por ciento restante va a surtir Iquique, Pozo Almonte, Pica y Huara. Este gigantesco uso de agua dulce por parte de las mineras es un riesgo cierto a la continuidad de la vida en la región, humana, animal y vegetal.
El mar devastado
A principios de los años sesenta el gobierno de la época, Alessandri Rodríguez, autorizó la instalación en Iquique de plantas faenadoras de harina de pescado. El permiso a las empresas pesqueras consideraba destinar a harina sólo una parte de la pesca, sin embargo al tiempo, bajo el pretexto de que sería temporal, se dio luz verde a la posibilidad de destinar el total de peces capturados a la elaboración de harina para ser consumida por animales de crianza.
Los enormes volúmenes de pesca en uno de los mares más ricos de la tierra, llevaron rápidamente a la destrucción el reino de vida marítimo hasta aquella fecha existente en las costas del norte grande. Desastre que dura hasta el día de hoy. También ante esta catástrofe los medios y los políticos, y también las iglesias, como en el asunto del agua, callan.
Continuará
