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Agosto 18, 2026

Viaje a la semilla del cineasta Sebastián Alarcón

 Moscú.- El aval de una película que atrajo a las taquillas a 20 millones de espectadores soviéticos otorga categoría de acontecimiento al retorno a Rusia del cineasta chileno Sebastián Alarcón con un nuevo proyecto. “Dirigí Jaguar, un filme basado en la novela de Mario Vargas Llosa La ciudad y los perros, similar al de Francisco Lombardi, quien de manera coincidente hizo su versión en Perú. Fue mi mayor éxito en los 20 años que trabajé en los estudios Mosfilm como realizador de obras relacionadas con Latinoamérica”, evoca en diálogo con Prensa Latina.

Nunca imaginé que tendría 20 millones de espectadores, subraya como si todavía conservara algo de aquel asombro inicial.

Alarcón llegó a la capital del país más extenso del mundo en 1969 para estudiar en la Escuela de Cine moscovita pero como miles de sus compatriotas se vio obligado a permanecer en el exilio tras el golpe militar de Augusto Pinochet.

De manera solidaria los estudios cinematográficos moscovitas me abrieron sus puertas y en ellos me desarrollé. Dirigí otras películas hasta que llegó la caída de la Unión Soviética en 1991, explica no sin algo de nostalgia.

Junto a otros creadores, recuerda, me resistí mientras pude a alejarme de aquello a lo que dediqué toda mi vocación durante dos décadas, y seguí tratando de hacer cine en medio de las dificultades. Pero en 1998, a raíz de una gran crisis, tuve que regresar a Chile, rememora.

En los 11 años transcurridos desde entonces, Alarcón ha mantenido vivos los contactos con Rusia, y el año pasado asistió como jurado al Festival de Moscú. Cual hijo pródigo, regresa ahora con buenas nuevas a la tierra en la que germinó la semilla de su quehacer profesional.

Mi obra más reciente, cuenta, es El desorejado, película histórica sobre el primer español que llegó a Chile desde Perú, antes de que este territorio fuera “descubierto” oficialmente por los representantes de la corona hispana. Su nombre es Gonzalo Calvo de Barrientos.

Lo hallé casualmente leyendo las crónicas escritas por peninsulares. Está desapareciendo de los anales históricos y lo estoy recuperando para la cultura chilena, relata con énfasis.

Ya concluyó la realización y ahora trato de comercializarla. Entre los actores figura una cubana, chilenos, peruanos, españoles y una boliviana en el papel protagónico femenino. Mucha gente de América Latina, anticipa. Le gustaría llevarla al próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, al que tratará de asistir a fines de 2009.

La referencia al tema trae a colación el aniversario 50 del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC). En la apertura del II Festival de Cine Latinoamericano de Moscú recién clausurado, volví a ver la película Soy Cuba, una de las joyas artísticas que merece figurar en los anales de la historia mundial del séptimo arte, comenta.

La cinta, dirigida en 1964 por el soviético Mijail Kalatosov, es un clásico, opina. La he visto cuatro veces, y aunque a la luz de hoy algunas cosas parecen un poco ingenuas, siempre me impacta la tremenda fuerza expresiva de sus imágenes, gracias a la dirección de fotografía de Serguei Urusevski,. afirma

Fue un acierto, sostiene, dedicar al centenario de Urusevski y al medio siglo del ICAIC la apertura de esta fiesta cultural moscovita.

Al cineasta chileno aun le impresiona la producción que Mosfilm y el ICAIC lograron con una gran cantidad de extras en 1964. En aquella época no existían los ordenadores para clonar imágenes como ahora, todo era de verdad. Constituye una genialidad, apunta.

En relación con el medio siglo del ICAIC, señala que se trata de una institución emblemática de la cultura continental. Ha sabido defender principios, ideas, además de apoyar a la cinematografía latinoamericana. A su juicio, es uno de los organismos cubanos más famosos, conocidos y útiles en la intención de mantener una identidad.

Junto al ICAIC, el creador chileno elogia la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en La Habana. He participado en ella, durante varios años, al frente de talleres de cinematografía y dirección de actores, y me atrevo a decir que es una de las más prestigiosas y de mayor valor que tenemos en el mundo, sostuvo.

A pesar de las dificultades de financiamiento características de los denominados países del sur, este centro logra mantenerse y conservar un nivel muy alto de profesores y alumnos, agregó.

Los realizadores latinoamericanos, expresa, sudamos sangre y lágrimas para hacer nuestras películas con un magro financiamiento, lo entregamos todo y ni siquiera recuperamos eso porque todo está copado por las distribuidoras norteamericanas.

Si mantienen en taquilla una semana nuestra película es algo excepcional. Nos sacan inmediatamente, porque defienden los derechos de Hollywood. El monopolio estadounidense es aplastante frente a la diversidad, criticó.

Antes de la proyección de Soy Cuba, refiere, me invitaron a que hablara desde el escenario del Cine de Arte de Moscú, y conté al público la frustración que sentí en mi nueva llegada a Rusia. Deseoso de reencontrarme con el buen cine de este país revisé la cartelera, pero no hallé en la programación ni una sola cinta de facturación rusa. Todas eran estadounidenses.

Por eso me alegró que durante el festival tanta gente viniera a la sala y tratara de mirar a un costado para ver otra realidad, y no plegarse a la imagen impuesta por los norteamericanos, manifestó.
Alarcón se precia de conocer muy bien al pueblo ruso. “Viví aquí casi 30 años, y en general existe un público que siente gran afinidad por lo hispanoamericano, en especial por Latinoamérica. Es un sentimiento de amor que ha pedurado, a pesar del derrumbe de la Unión Soviética”, subraya con énfasis.

Por eso confiere mucho valor a este festival cuya segunda edición concluyó, y que con toda seguridad irá ganando mucho con el paso del tiempo, pronosticó “Estoy muy contento de que al fin Rusia haya dejado de mirar tanto hacia el Norte y comience a poner los ojos en sus antiguos amigos, que fueron siempre los países de Latinoamérica.

“Este festival crecerá en importancia en la medida que los realizadores de Nuestra América puedan enviar sus películas. Existe gran interés, y estoy convencido de que tiene mucho futuro”.