Desde ese día en suelo iraquí sólo quedarán 50 soldados de los más de 140 mil desplegados actualmente en el país árabe.
Ahora, estos 50 militares se desempeñarán en otras labores como ayuda en el entrenamiento del Ejército iraquí y cobertura de seguridad para el desarrollo de proyectos internacionales y delegados diplomáticos.
De manera paulatina, los soldados estadounidenses irán regresando a casa hasta no quedar ni uno en Iraq, tal y como se habían comprometido los dos países en el pacto de seguridad firmado, que fue aprobado por el Parlamento iraquí, que ponía como fecha límite de la retirada total el 31 de diciembre de 2001. Y en eso puso en empeño su palabra Obama, quien aseguró que su objetivo era reducir a “cero” el número de marines desplegados para esa fecha.
Se prevé que el presidente Obama haga este importante anuncio este viernes en el cuartel Camp Lejeune, en el estado Carolina del Norte, al centroeste del país norteamericano.
Los detalles de este plan de retirada fueron discutidos a última hora de anoche por Barack Obama y los jefes de los bloques demócrata y republicano del Congreso.
Uno de los puntos tratados fue la permanencia de los 50 mil hombres, un número que para los demócratas, tanto de la Cámara Alta como de la Baja del Congreso, es “excesivo”.
El republicano John McHugh reveló por su parte que el propio Obama aseguró que la retirada sería objeto de revisión si la violencia en Iraq llegara a aumentar.
Obama anticipó que la intención de su Gobierno es militarizar aún más la presencia internacional en Afganistán, donde en los últimos tiempos ha recrudecido el accionar de grupos armados, en especial los talibanes.
Desde que el ex presidente ultraconservador George W. Bush decidió invadir Iraq en 2003, para derrocar al gobierno del ahora muerto Saddam Hussein, han muerto muerto más de 2 mil 300 soldados de ese país y la violencia interna no ha cesado.
