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Agosto 18, 2026

Santiago en silla de ruedas

Hoy fui al banco que está en la esquina de Av. Larraín con Javiera Carrera. Algo importante tomando en cuenta que salgo muy poco de casa por lo engorroso que resulta manejar mi silla de ruedas por la ciudad. En fin, el banco está muy cerca, pero como es una sucursal que no tiene más de un año, no la conocía. Estando dentro me percaté que la atención era el segundo piso. No tuve que hacer nada. Fueron muy amables, ofrecieron subirme o hacer el trámite desde allí. Mi mamá de 68 años hizo el trámite por mí, y yo sólo tuve que observar cómo subía y bajaba escaleras, y luego otra vez para que yo firmara.

Recordé cuando fui al dentista hace unos meses. Un edificio moderno en plena comuna de providencia, con una rampla tan empinada que era casi imposible no caer. Otra de tantas veces, mi mamá empujando la silla con fuerza desde atrás, con el mayordomo de un edificio, tirando mi silla con fuerza desde adelante.. Una vez un amigo volcó su silla en dependencias de la Ilustre Municipalidad de la Reina, afortunadamente sólo se golpeó un poco la espalda y el orgullo. Un día se me ocurrió ir al teatro de la misma Municipalidad. No había rampla, pero  no importó porque se pararon como nueve personas para ayudarme a subir caminando. Vaya, pensé, menos mal todavía soy delgada y guapa… Suelo ser muy tranquila, justificar lo injustificable, y buscar excusas debajo de las piedras, pero vamos, se supone que estas son  de las comunas más solventes de Santiago, ¿cómo tan ratones?
¿Por qué hay que depender de la gentileza humana, si hay tanta ley y norma de construcción? ¿Acaso no hay gente que fiscalice las construcciones? ¿Por qué debo sonreír siempre, si en el fondo estoy tan triste?
Alejandra Raposo