Tel Aviv.- Los partidos Kadima y Likud se mantienen hoy expectantes ante el escrutinio en las elecciones parlamentarias de Israel y ambos claman victoria, pese a que resultados a boca de urna favorecen a la agrupación gubernamental. La organización que lidera la actual canciller, Tzipi Livni, aparece como virtual ganadora de los comicios, pero por un estrechísimo margen que llevó a su principal rival, el conservador Benjamín Netanyahu, a mostrarse seguro de que será el próximo primer ministro.
Cuando apenas se había contabilizado el 20 por ciento de las boletas emitidas por más del 60 por ciento de los casi 5,3 millones de electores, las proyecciones apuntaban a Livni, quien aseguró que “la nación escogió a Kadima y guiaremos el próximo gobierno”.
Mientras seguidores de la ex agente del Mossad (servicios secretos) cantaban victoria en su cuartel general de campaña, los partidarios de Netanyahu hacían lo propio en otro punto de Tel Aviv, siempre convencidos de que todos los números son extraoficiales.
Las propias autoridades de la Comisión Central Electoral (CCE) reconocieron anoche que aún era demasiado pronto para anunciar quién se convertirá en nuevo jefe de gobierno, lo cual se decidirá por la capacidad de negociación para formar un ejecutivo de coalición.
Debido al giro a la derecha dado por el espectro político israelí en las recientes elecciones, el partido ultranacionalista Yisrael Beiteinu, del judío de origen ruso Avigdor Lieberman, se perfila como tercera fuerza y será clave en decidir la mayoría parlamentaria.
La Knesset posee 120 escaños, de los cuales Kadima logró 30, seguido del Likud (28), Yisrael Beiteinu (15), Laborista (13), del ministro de Defensa, Ehud Barak, y el ultraortodoxo sefardita Shass (9), de Eli Yishai, según el monitoreo de dos canales de televisión.
Netanyahu dijo confiar en que será el próximo primer ministro de Israel, pero para lograrlo requerirá de una alianza que le garantice al menos 61 asientos parlamentarios, a lo cual pudiera ayudarlo Lieberman.
En opinión de analistas, la eventual victoria de Kadima es la opción “menos mala” para rescatar el estancado proceso de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, que preside Mahmoud Abbas.
Sin embargo, Livni, quien en octubre pasado fracasó en el empeño de formar un ejecutivo, tendrá que negociar con la extrema derecha para la futura coalición de gobierno, por lo que tampoco se espera un cambio significativo respecto a la actual política.
