El Arcano número XVI del tarot de Marsella, La Torre Fulminada, se encuentra hoy en día en su máximo apogeo; el megaproyecto de predominio y hegemonía ideológica, social, espiritual y moral de Cencosud (cuyo oráculo es regentado por el Honorable Horst Paulmann) “Costanera Center”, suspende sus obras en las torres 1 y 3 hasta que las aguas que fueron revueltas por la crisis mundial se vuelvan nuevamente cristalinas. Esta es la señal clara de que todo lo que se pensaba, de que todo lo que creía e intuía se desmoronará paulatinamente y nos arrojará sobre una ciénaga de abatimiento de que la que nos costará mucho desprendernos.
Wittgenstein dijo en su Tractatus: “de lo que no se puede hablar hay que callar”. Guiados por aquella máxima es que quizá el mundo periodístico chileno –compendio en su mayoría delirante y abrumado por saberse propiedad de los monopolios de la información- nunca cuestionó realmente los dichos del oficialismo gubernamental, ese que oraba respecto a la “estabilidad” chilena en relación a la crisis financiera y económica mundial. Y es que con tanta gente seria y socialmente establecida replicando obcecadamente el discursillo apaciguador de que “Chile no las verá negras” (aunque hoy muchos intercalan la palabra “tan”), se creía que efectivamente el sol no se olvidaría de brillar en esta zona tan flacuchenta y lejana, aislada por insondables paisajes de cordilleras y costas bravas. Sin embargo este es el año de la Torre Fulminada ¿Qué nos dice el Tarot al respecto?; ruina, encarcelamiento, catástrofe. Todo lo que se erigía ahora se derrumba.
Y la situación no puede estar más a favor de las ciencias ocultas, pues con el cese de la construcción de la cúspide del poderío económico de su santidad Horst Paulmann, la población chilena contemplará como nuestra torre de babel comienza a desmoronarse y sin que podamos hacer mucho a estas alturas por evitar la catástrofe.
Más allá de lo lamentable que resulta ser el hecho de que cientos de personas quedarán desempleadas y por lo tanto, la economía de sus familias se verá seriamente afectada en todos los sentidos, el cese en la construcción de este megaproyecto inmobiliario se traduce en otros niveles igual o más trascendentes para el imaginario colectivo ¿Qué sentido tenía construir la torre “más alta” de Latinoamérica? Ningún otro sino posicionar a su motor inspirador Horst Paulmann en la cúspide del poderío económico regional, pues es sabido que todo magnate o genio de las finanzas debe tener su torre para demostrar cuánto significa él en términos espirituales: si las gemelas, si las Petronas, si la Telefónica (Hay otros como el candidato de derecha a la presidencia de Chile que eligen maneras poco ortodoxas para validarse él y en un futuro próximo a sus empresas, Ecce Hommo.).
Lo increíble del neoliberalismo es que su fin último es dar respuesta a la pregunta que interroga por el sentido del ser, no desde una óptica heideggereana sino desde la del fetiche tangible que por sí mismo se transforma en la piedra filosofal del populacho. En este sentido –y tal como apunta Marcuse en El hombre unidimensional– la sociedad occidental con su sistema capitalista es tan perfecta, que hace creer que los cambios cuantitativos producidos en el seno de ella necesariamente acarrearán modificaciones cualitativas, lo que es absolutamente falso porque si bien existe todo un aparataje de protección civil y social, leyes a favor del consumidor y mejoras en el salario (esto último se transforma en la ayuda cardinal para sustentar la felicidad esbozada por el establishment), todo esto no es otra cosa sino un perfeccionamiento de los mecanismos de servidumbre del ser humano, la perpetuidad en última instancia de la esclavitud a la que se ve empujada una y otra vez el sujeto histórico en su totalidad. Y sin embargo, aún continúa latente el anhelo de la casa y el automóvil de los sueños que validarán al hombre y a la mujer en tanto sujetos occidentalmente concebidos, lo que se transforma en una realidad palpable en la medida que existen mecanismos financieros capacitados y destinados a hacer los sueños realidad, donde hasta se recurre a figurillas del espectáculo de los basurales provenientes de la medianía aburguesada chilensis, como los ignorantes futbolistas y tenistas, conductores de TV y “artistas” que incitan una y otra vez a sus seguidores para que se endeuden en las casas comerciales que ellos y ellas representan con orgullo y sin pudor alguno.
Y en este sentido el gran empresariado chileno, el público al que realmente se dirige el ministro Velasco cuando narra historia sobre la tranquilidad y el Edén, no está exento de las modas neoliberales de la validación social. La gran torre que hoy en día se fulmina estaba destinada a convertirse en el lustroso monumento del éxito económico y social de uno de los grandes monopolios chilenos; una suerte de pirámide de Egipto pero consignada a la adoración de la vitalidad de su creador antes que a su muerte, a la veneración sin reservas por parte un populacho hastiado de la injusticia y la desolación pero que se inspira en obras magnas y gigantescas cuya fastuosidad y elegancia nos invitan a asumir de una vez por todas nuestra inexorable insignificancia. Por fortuna (en términos de la metafísica y del deseo porque en el área de la esclavitud socialmente validada, es decir el trabajo remunerado, los nuevos cesantes tendrán que debatirse entre las exiguas futuras oportunidades y las actividades ilícitas si lo que anhelan es sobrevivir) la crisis económica prohibió que el proyecto aquel se concluyera en los plazos pactados, lo que demuestra que la ideología descrita por Fukuyama y que según él estaba destinada a sepultar la historia, jugó todas sus bazas en contra de quienes confiaron demasiado en esa piedra filosofal llamada neoliberalismo, esa maquinación occidental con axiología propia y que estaba sentenciada a sembrar el dolor y el desconsuelo subliminalmente y hasta que el desastre se hiciera presente. Así comienza el debacle, con la torre fulminada..
Pero el Arcano XVI del Tarot de Marsella no sólo derrumba todo lo que se concebía y sostenía pues es muy cierto que trae consigo el aire bucólico que precisaban las conciencias civilizadas del universo occidental, enmohecidas por el hedor pestilente de las grandes corporaciones y aturdidas por los medios de comunicación masivos cuya misión cardinal es defender los intereses de éstas. Y porque La Torre Fulminada a su vez trae consigo nuevos bríos, aquel desplome de su cúspide y que sin duda removerá sus más ocultos cimientos, nos será bastante útil en la medida que tendremos que disponer nuestra visión en otros objetos, en otros entes donde pretenderemos encontrarnos a nosotros mismos ¿Y si la respuesta a nuestra soledad, a nuestra renunciamiento y nuestra desidia se encuentra oculta en nosotros mismos? Quizá tendremos que recorrer un camino interminable hasta llegar a la meta donde nos aguarde el real sentido del sufrimiento humano, donde se encuentre la clave para transmutar la desesperación en felicidad. No tengo dudas que la respuesta debe estar en el intento, mientras tanto hay que afanarse en la tarea de otorgar algún sentido a nuestra barca antes que sea destinada a perderse con la impredecible corriente.
