¿Alguien duda de la capacidad económica de esta utopía? Contraria a los intereses de EEUU, claro, que intentará impedirlo para continuar siendo la cabeza del imperio. Ningún “amo” quiere ver a sus esclavos emancipados y haciéndole la competencia, y mucho menos quitándole el negocio, pero por desgracia para ellos es exactamente lo está ocurriendo. ¿Debería ser México quien diera el primer paso? Quizá, pero no puede.
A Europa le está costando mucho trabajo y muchísima paciencia llegar al sueño de un estado único, pero se han trazado el objetivo y parece que lo están consiguiendo a pesar del rechazo a la primera constitución común.EEUU por suerte, tiene todo esto de nacimiento. Una gran ventaja.
Las alianzas actuales llevan creando pesadillas al primer mundo desde hace tiempo. El miedo aumenta unos grados cuando vemos a Evo y a Chávez abrazados a Lula, Kirchner o Michelle Bachelet. Chile, a pesar de tener una izquierda bastante más moderada de lo que muchos creyeron al principio, parece dispuesta a buscar puntos comunes antes que renegar de ellos. De todas las alianzas y acercamientos, el que más llama la atención es el de Cuba. La isla, que durante décadas se ha tratado de borrar del mapa, está ahora más viva que nunca, a pesar del “retiro” de Fidel. Es un buen indicio que los gobiernos actuales del continente tengan en cuanta a este país. El miedo occidental alcanza ya su grado máximo cuando vemos a Iran, entablando relaciones comerciales serias con Bolivia o Venezuela.No me extraña que la Casa Blanca vea a Chávez como a un enemigo en potencia, ya que pone en serio peligro la supremacía Norteamericana en el continente. A pesar de ello, gracias a Obama hoy parece más abierta que nunca. Si alguna vez ha habido posibilidades de dar los primeros pasos hacia la unión latinoamericana, es ahora que “Mr. Danger” se ha ido. Sería un reto mal encaminado si se llevara a cabo ignorando a los vecinos del Norte, que a este paso, terminarán pidiendo y llamando a las puertas de sus vecinos del sur. Durante medio siglo la gran pesadilla de EEUU ha sido una Latinoamérica unida por ideas comunistas o de izquierda radical. La guerra fría se encargó de crear terribles dictadores capaces de frenar tales expectativas pero hoy esas épocas parecen haber terminado, despejando el camino. ¿Es necesario implantar el comunismo o ideas afines para poder llevar a Latinoamérica a su verdadera independencia? Quizá, el problema reside en la forma y no en el fondo. No todos los latinos que reniegan de EEUU quieren ser comunistas. Muchos países estarían dispuestos a sumarse al esfuerzo, pero no a sumarse a la izquierda radical o a ser como Cuba. Esa barrera debería desaparecer. En política ha ocurrido como en la informática: los ordenadores y las computadoras de hace veinte años, aunque se conserven de maravilla y funcionen a la perfección, no tienen un futuro viable. Ni siquiera el capitalismo tiene futuro en su estado actual. Se derrumba, de desmorona bajo nuestros pies, al mimo ritmo que el cambio climático. Es hora de ideas nuevas. De nuevos retos. Un grupo de países no puede forzar al resto porque estaríamos cayendo en el mismo error que han caído los imperialistas a lo largo de la historia. La cohesión debe ser por voluntad propia. No es algo fácil, ni en Europa han conseguido aún una moneda única y eso que todos los países tienen una misma política moderada, una misma ideología. Algunos se inclinan un poquito a la izquierda, otros a la derecha pero básicamente hay un punto intermedio general. Eso significa que a Latinoamérica le va a costar muchos años, más de los que podría estar Chávez en el poder por mucha constitución que reforme, o Evo o cualquiera de sus presidentes. Estamos hablando de un recorrido muy largo. ¿Sería posible atajarlo? Siempre y cuando se respete la democracia… Los líderes deben de parar de mirarse al espejo y mirar más allá. Por desgracia, el consumo de cocaína se ha convertido en la bola de hierro atada al tobillo del continente. ¿Y quién la consume? Dado el nivel de producción y el volumen de ventas, está claro que toda Europa, y todos los norteamericanos. En definitiva y generalizando, todo el primer mundo se droga. Nadie se ha parado a pensar qué va a ocurrir, cuando en este proceso de capitalización, a los chinos les de por consumir coca. Cuando China demande cocaína al mismo ritmo o tan solo a la mitad del ritmo que consume EEUU o Europa, no habrá selva suficiente para sembrarla. Quizá deberíamos replantearnos el tema de su legalización porque las posibilidades comerciales son demasiado grandes para ignorarlas a la hora de pensar en economía mundial, antes de que los mafiosos se den cuenta y se pongan a comprar o fabricar políticos que estén de su lado y todo se vuelva negro y viscoso.
El mal, la violencia, la sangre que circula en el sub-mundo paralelo de los narcos puede terminar con el sueño y la utopía con la facilidad con que algunos se meten una raya en la nariz.
Latinoamérica tiene sed y hambre de algo mucho más escaso: libertad. Independencia. Progreso. Y es curioso que Chávez haya resucitado el espíritu de Simón Bolivar, porque por desgracia, esa revolución sigue pendiente. Inacabada. Ojalá los presidentes de Latinoamérica, hoy en el poder por vías democráticas, casi por primera vez, puedan ponerse de acuerdo. Tengan la libertad de utilizar los recursos y las riquezas para el bien común y no extranjero. Ojalá se puedan sentar todos a una mesa y limar las diferencias. Apagar los resquicios del imperialismo que aún mantiene atado con la correa de la deuda externa a más de uno. Saquemos el veneno de las venas latinoamericanas e inyectemos esperanza.