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Agosto 18, 2026

La verdad de las cosas, es que la papeleta electoral no da para mucho

La ley electoral ( 18.700 ), en su artículo 4º dice que “ Las declaraciones de candidaturas a Senadores o Diputados que presenten los partidos políticos o los pactos electorales, podrán incluir hasta dos candidatos por circunscripción senatorial o distrito según corresponda”. De modo que queda claro, que cualquier pacto electoral sólo puede presentar 2 candidatos, incluso en el caso que el pacto esté compuesto por más de 2 partidos.

A pesar de que esta “ley orgánica constitucional”que nos dejó Pinochet, para que después de su muerte aún sigamos obedeciendo sus deseos, contempla en su artículo 3º bis: “En las elecciones de parlamentarios dos o más partidos políticos podrán acordar un pacto electoral”.
 
Si se afirma textualmente, que “dos o más partidos podrán acordar un pacto electoral” y en el artículo siguiente se restringe a sólo 2 candidatos por lista, se está necesariamente negando los derechos de un tercer o cuarto partido integrante de este pacto, ya que debe omitirse.
 
Es como si en una sociedad, la ley estableciera que pueden asociarse 2 o más individuos, pero que solamente 2 pueden retirar utilidades. Es decir la ley está consagrando la inequidad, al negarle a un tercero sus derechos.
 
Entonces resulta que a los electores de ese distrito, es decir, al pueblo que vota en ese distrito se le está negando su expresión en el sufragio puesto que se impide que exista un candidato que lo represente al limitar el número de aspirantes por lista a sólo 2.
 
Considérese que la Constitución política del estado declara en su artículo número 5 :

 “ La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio.”

Acto seguido, en la misma Constitución, en otros artículos de menor rango, a través de intrincados quórum, norma la existencia del plebiscito, haciéndolo  en la práctica imposible, y de leyes orgánicas constitucionales como la que hemos visto, en que norma las elecciones periódicas, restringiendo a 2 los representantes a elegir por distrito o circunscripción según corresponda, y restringiendo el número de candidatos por lista a 2, lo que es aún más insólito en una democracia, sobre todo, si en el texto dice claramente que el pueblo ejercería la soberanía a través de ellas.

Lo que ha ocurrido en nuestro país, es que a través de la Constitución Política se ha suprimido al pueblo, se ha asesinado su voluntad, se ha proclamado una carta fundamental que es una burla, y nadie parece conmoverse con sus efectos ( “…y toda Dinamarca está groseramente engañada por el fabuloso relato de mi muerte…”)

Es el momento de tomar la iniciativa, un candidato de la Izquierda debe encender el fuego del cambio, de la decencia, del renacimiento popular. Debe tener firme los pantalones para encabezar un proceso de democratización, debe seducir a los electores a tomar sus derechos que les han conculcado a través de un remedo de Constitución.

Y pensar que nuestros cancilleres mitómanos mirando con desdén a nuestros vecinos americanistas, que creyendo pasar por funcionarios occidentales critican a los líderes mestizos, a “ los folclóricos indiecitos” por los gobiernos que soberanamente se están dando, poniendo en duda sus leyes, su democracia y sus Constituciones, como si las nuestras cumplieran con la norma civilizada.

Para muestra, un artículo, el 7º de la  nueva Constitución para Bolivia sometida en estos momentos a la voluntad del pueblo boliviano:

“Artículo 7. La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa  y delegada. De ella emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos  del poder público; es inalienable e imprescriptible.”
 
Este texto, es expresión de la decencia, de la distancia moral que nos llevan los bolivianos. Los chilenos debemos luchar por ejercer la soberanía, debemos librarnos de los impostores.
 
 He ahí el dilema entre ser o no ser.
 
 
 
Atte. René Dintrans
 
erredintrans@yahoo.es