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Agosto 18, 2026

Obama en la Casa Blanca. Y Bush… se fue volando

Obama ya está instalado en la Casa Blanca. El sueño realizado de millones de personas durante décadas.  Le vimos jurando el cargo, con algo de retraso y muchos nervios, sobre la misma Biblia en la que juró el cargo Abraham Lincoln en 1861, a petición del propio Obama. Se equivocó dos veces, algo comprensible, pero no perdió la sonrisa.

Las gélidas temperaturas no pudieron enfriar esta histórica mañana.

¿Y Bush? Bush se fue volando, por los aires en el Air Force One. Se metió en su helicóptero y se largó a Texas, llevándose la sombra, la nube gris que envolvía desde hace años la sede presidencial.

Se fue el diestro, el que gobernaba con la derecha y llegó Obama, zurdo, de raza negra, a traer luz. Se fue la guerra y la gente ahora espera que llegue la paz. No olvidemos que mientras el nuevo presidente era el centro de atención mundial, Ban Ki Moon, Secretario General de la ONU visitaba Gaza, expresando su horror ante la destrucción y el uso del fósforo blanco.

Al contrario que en la investidura de Bush, Obama se ha dado el lujo y el riesgo de salir de la inexpugnable limusina presidencial, que el servicio secreto llama cariñosamente “la bestia”, y saludar a la gente caminando, a pie, mostrando una nívea sonrisa a pesar del incómodo chaleco antibalas que tenía que llevar bajo el traje.

Los gritos eran semejantes a las pasiones levantadas por estrellas del rock o de Hollywood. La mayoría de los asistentes, de raza negra, se mezclaban con los de las demás razas que saludaban y agitaban las banderas con emoción. Un buen síntoma para ese Estados Unidos que Obama desea; ni negro, ni blanco, si no de América, como ha dicho en su discurso.

El mundo entero ha seguido el acontecimiento. Todos los canales de televisión del mundo han tenido que dedicar espacios a este evento, que en otras ocasiones ha pasado casi desapercibido fuera de EEUU. Una vez más hay que mencionar la palabra “esperanza”. Obama ya ha dado su primera orden como presidente al paralizar todos los juicios en Guantánamo, con vistas a cerrar este campo de concentración y dar a los presos una oportunidad de justicia, como la que necesita el preso Omar Kahder, arrestado con solo 15 años.

Claro que los líderes de hoy no son como los de antes. Nada lo es. Kennedy o M. Luther King, pasaron a la historia con discursos magistrales. Hoy, los discursos los escriben otras personas. Un detalle que a mí, no me deja demasiado satisfecho.

John Favreau es un joven que ya ocupa el cargo de redactor oficial de discursos presidenciales y es el responsable de todos los discursos del Obama presidencial incluido el de investidura.

Actualmente, se ha erradicado del discurso político toda improvisación, cualquier atisbo de pasión, de espontaneidad, de riesgo. El miedo a decir algo políticamente incorrecto, o con más sentidos de los habituales no parece una buena opción. Nadie quiere meter la pata, todos quieren decir las cosas adecuadas, aunque no salgan del corazón, aunque no sean ciertas, aunque no se comprometan.

Pero dejemos de hablar de los detalles y centrémonos en el grueso, en lo que importa: que Obama, bueno, malo, decepcionante o salvador del universo, haga lo que haga, ya ha abierto una puerta que antes ni existía. Si además, el hombre lo hace bien, es justo, siembra la paz, consigue entendimiento… el premio Nobel sería poco. Ahora, pensar en un presidente latino, por ejemplo, no parece algo tan descabellado.

El gobernador de California Arnold Schwarzenegger, tiene ahora a un flaquito debilucho (como él mismo le describió en campaña) en una posición infinitamente más fuerte que la suya. A ver quién es ahora el débil. Y como Arnold, toda una lista de gobernadores, senadores y jefes de estado al rededor del mundo. La derecha, el racismo, la xenofobia, la intolerancia… se llevan así una sonora bofetada y la promesa de tiempos poco favorables. A ver si es verdad. Espectación. El mundo ahora espera en su butaca, a ver si la película es tan buena como la pintaban los anuncios. Hay todo un mundo respirando con alivio ya, los aires del cambio.