El día 19 Bush pasa el poder oficialmente a Obama y hará su último desfile como presidente de los EEUU. Su primer desfile ya fue caótico y hasta llegaron a impactar huevos en la limusina, algo nunca visto en una investidura. Para la despedida, se está organizando una lluvia de zapatos. La organización ShoeBush ( shoebush.org) desde Internet, esta pidiéndole a la gente que acuda al desfile y tire zapatos al presidente como signo de repulsa a su política de los últimos ocho años.
Mucha gente incluso de otros países, se apuntaría con gusto a tirar un zapato ese día si tuviera oportunidad, y no como un acto antiamericano, si no anti-Bush, que no es lo mismo, ya que Obama representa una esperanza para millones de personas fuera de EEUU. No podrán presentarse por desgracia el millón doscientos mil muertos que ha causado su política de guerra, ni los cinco millones de desplazados que podrían lanzar diez millones de zapatos. El mundo tiene una necesidad insatisfecha de expresar su posición contraria a la violencia absurda e innecesaria que hoy en día se ha convertido en política de estado.
Muntazer al Zaidique, el periodista que tiró el primero, seguro que no imaginó la dimensión tomaría el fenómeno. Ahora se encuentra encarcelado y obligado a ver como los jueces han desestimado sus denuncias de torturas y malos tratos por parte de los agentes secretos que le detuvieron.
Pero no es la primera vez: la organización Centro de Acción Internacional que preside el ex secretario de Justicia estadounidense Ramsey Clark ya convocó una sesión de lluvia similar para el alcalde de Nueva York, por apoyar los ataques de Israel.
No sé qué opinará el Servicio Secreto al respecto, o qué tipo de instrucciones tendrán para afrontar esta atípica “agresión”. Tampoco sé cómo se tomaría un juez la acusación de “atentado” cuando el arma del delito es un zapato o una sandalia. ¿Si cae de tacón será más delito que si cae de punta? En los actos públicos, el Servicio Secreto buscará a los que estén descalzos como una posible amenaza. Requisarán los zapatos y quizá hasta los manden a Guantánamo. Una vez más, se responde con zapatos a los misiles.
Todos los gobernantes quieren llegar a ser los protagonistas del universo, todos quieren ser la estrella de esta película interminable, sentir su nombre escrito con indelebles letras de oro en las páginas de la historia. Semidioses, tal y como lo hacían los emperadores romanos o los faraones egipcios, lo que nos demuestra que no hemos cambiado tanto como creemos. Todos se sienten imprescindibles y poderosos, quizá por eso su retiro se les hace tan duro. Más aún para este señor que no ha sembrado precisamente amistades. Me pregunto si entre la multitud estará Aznar, expresidente español, que se ha quedado por razones desconocidas sin la medalla con la que Bush condecoró a Tony Blair y a otros presidentes por su ayuda en al guerra de Irak. Le tiraría al menos un zapato de marca.
¿Quién contratará a Bush para dar conferencias? ¿Qué empresa le contratará en su junta de consejo? ¿Cómo asesor? Si ocurre será por terribles compromisos adquiridos, no por admiración. Me gustaría ver que Bush ganara un premio Nobel, o un Oscar de perdida, como ha hecho Al Gore. Por desgracia para él, no pasará a la historia como alguien brillante, o como alguien que haya contribuido a la paz, al entendimiento entre las razas y las religiones, como alguien que haya cambiado el mundo para mejor. No me gustaría estar en sus zapatos el día 19, Sr. Presidente.
