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Agosto 18, 2026

La digna Rabia y la otra política (II y última)

Tener dignidad, rabia acumulada,  conciencia y un proyecto de futuro  a los señores del  dinero les molesta,  agobia y pone en evidencia. Les estremece saber que hay personas que no se venden, que luchan contra la explotación que abren brecha, que se organizan desde abajo,  democráticamente sin lugar para la resignación y el conformismo. Allí, donde el proyecto emancipador de la condición humana es un mandar obedeciendo, ellos abandonan.

Donde los principios de justicia social  e igualdad se practican, ellos atacan hostigando las juntas del buen gobierno y los Caracoles. No lo conseguirán. Tratan de justificar una ruptura del alto al fuego.    Tienen el dinero y  creen poder hacer todo o casi todo. Compran voluntades, practican  la extorsión, la corrupción y el cohecho.  Miles, cientos o millones es el lenguaje para obtener un acuerdo. Al fin y al cabo la democracia, se dicen,   consiste en elegir una elite para encausar  los beneficios económicos del capital. Hoy, los bancos, las grandes  empresas y monopolios se  quedan con  el Estado. Lo privatizan. ¿Quién era el ingenuo que planteaba  que el Estado no tenía un carácter de clase?

No pensarían ustedes que los explotados, los  trabajadores, los pensionistas,  los sin tierra, los campesinos, los pueblos indios serían, en esta crisis, los beneficiarios del crédito de cientos de millones de dólares y euros  a fondo perdido.  Los únicos agasajados  son los mismos que robaron. Banqueros y financistas.  Las reglas del juego son las del mercado, es decir la del más fuerte, competitivo y contumaz. No importa que  se termine en un desastre mayor. El resultado es administrar la crisis en tiempos del capital. Más despidos, miseria,  muerte por hambre, desempleo y concentración de la riqueza.  ¿Alguien se pregunta quien tiene los millones que dicen haber perdido todos?  ¿Se han esfumado? Es solo una gran operación de ingeniería financiera. Si  economistas, políticos, historiadores, sociólogos,   antropólogos y demás cuerpo técnico del establishment  no han sido capaces de dar una salida a la crisis, tal vez el problema consista  en presentar una alternativa al capitalismo. Y el EZLN propone y es alternativa, por ello es un peligro.

Por el contrario, el capitalismo no tiene salida. Sin embargo, es necesario administrar su fracaso. Por eso es obligado tener políticos capaces de entender y manejarse en sus redes. Para tal efecto, hay que educarlos, formarlos. Se les puede cooptar desde la izquierda, provenir  de las guerrillas, entre mas revolucionario se haya sido en el pasado mejor, otorga credibilidad ante las cámaras de televisión. El clásico “yo fui”  pero ahora “ya no” es un antídoto para no caer en voluntarismos. Es parte del manual. Socialdemócrata, liberal, conservador o nueva izquierda, todos son cortados bajo el mismo patrón. Los únicos díscolos son aquellos que plantean la  crítica abierta. Contra ellos se unen todos. No hay fisuras. Se les expulsa. Son los detractores, los anticapitalistas, los socialistas y los humanistas,  hay que perseguirlos, encarcelarlos, ponerle grilletes, eliminarlos. Tienen conciencia y dignidad y no forman parte  del juego.  

De esta guisa, llegar a  ocupar un cargo público supone invertir millones en campañas electorales y deshacerse   de molestos precandidatos por el mecanismo más expedito. Si es el asesinato o la injuria da lo mismo que da igual. Todo vale en esta guerra sucia.  La financiación,  legal o ilegal,  de las grandes compañías multinacionales apoyando a unos y dejando en ascuas  a otros; la publicidad engañosa, clave  en la formación de la imagen pública de los candidatos, y por último la participación activa de  los ideólogos del sistema  que dan el visto bueno con sus  mensajes en los medios de comunicación social, todo esta planificado. Nada excede el ritmo de los acontecimientos. No hay desborde. En este plano, sus hacedores se sienten orgullosos de hacer país, forman  una cofradía. Se comunican sus secretos y conocen los trapos sucios del contrincante. Navegan por las cloacas del sistema comprando y vendiendo voluntades. No se dan cuartel. No  importa cambiarse de chaqueta. El travestismo político es  parte de su existencia.

Por lo enunciado, los candidatos, futuros  miembros honorables de las cámaras de diputados, senadores, concejales, alcaldes, gobernadores o jueces han pagado peaje, salvo honrosas excepciones.  Muchos son  analfabetos funcionales. Todos ellos contratan asesores, una especie de fenicio que acaba, la mayoría de  las veces decidiendo, la trayectoria política de su asesorado. Incluso hoy, licenciados en ciencias políticas y sociología, aspiran a ser “asesores políticos”. Profesionales  de medio pelo, aceitados por el sistema. Les mueve la codicia y el consumismo.  Escriben discursos ramplones  y   tienen un vocabulario propio de las ciencias políticas estadounidenses. Gobernanza, gobernabilidad, globalización, desarrollo endógeno,  sociedad de la comunicación, desregulación, privatización, etc.,  su diccionario político no contempla conceptos como clases sociales, autodeterminación, soberanía, dignidad,  explotación, alienación,  socialismo o igualdad social.  Ellos son igualmente víctimas,  marionetas en manos de un reducido club de  grandes banqueros y de una élite de la clase dominante que prefiere manejar los hilos tras bambalinas.

La lucha es hoy, como apunta en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, “hacer un acuerdo con las personas y organizaciones mero de izquierda, porque pensamos que es en la izquierda política donde está la idea de resistirse contra la globalización neoliberal, y de hacer un país donde haya, para todos, justicia, democracia y libertad. No como ahorita que sólo  hay justicia para los ricos, sólo libertad para sus grandes negocios y sólo hay democracia para pintar las bardas con propaganda electoral. Y porque pensamos que sólo de la izquierda puede salir un plan de lucha  para nuestra patria, que es México, no se muere.”

El noble camino elegido por el EZLN establece la diferencia. Presupone  sentirse parte de la condición humana, donde se respetan y ejercen   las libertades y se reconocen  en igualdad  para todos. Es otra manera  de entender y hacer política. Conlleva el  retorno de la ética.  Es abrir caminos de dignidad,  espacios  transitados  desde perspectivas no hegemónicas, no coloniales que rompen la dinámica del capital y el neoliberalismo. Este ha sido  el sendero por donde discurre el hacer del EZLN y ello tiene el valor de arriesgar propuestas y convivir con la incertidumbre de ver plasmado el proyecto. Por esta razón, hay tanto que perder si no llega a realizarse. Sus enemigos son muchos y acechan en cada esquina, su forma es variada, acá solo se visualiza la del dinero y sus cómplices.  Como señalase Pablo González Casanova, el levantamiento de Chiapas el 1 de enero de 1994 no fue última revolución del Siglo XX, sino la primera  del siglo XXI. Su triunfo no es cuestión de marketing  electoral, sino de articular conciencias y dignidad y ello se ha producido.  Ahora es cuestión de perseverar y no dejarse avasallar por el poder del dinero ni por el canto de sirenas de la sociedad de consumo.