Especial descontento causaba el pago a través de la llamada ficha salario y el escaso poder adquisitivo que ésta tenía en las llamadas pulperías, almacenes, propiedad de las mismas salitreras.
Los hechos de aquel día forman parte de la memoria social chilena y ha sido recordados y conmemorados desde los primeros instantes. Se han escrito canciones, obras de teatro, novelas, y por supuesto la historiografía a dado cuenta de él a través de obras como la de Eduardo Devés V., “Los que van a Morir te saludan. La Historia de una masacre”, los escritos de Sergio Grez T., “La guerra preventiva. Escuela Santa María de Iquique”, el texto compilado por Pablo Artaza llamado “A 90 años de los sucesos de Santa María de Iquique”, etc. Sin duda que la Matanza de Santa María no es el primer hecho de violencia política en Chile, pero sí el más conocido y difundido ya que marca un hito en la historia de las movilizaciones obreras en el país. Este hecho cierra de manera brutal un primer ciclo de huelgas obreras iniciadas en 1890 por la Huelga General, que incluyó las minas de Lota y Coronel, seguidas en 1903 por la huelga de los trabajadores portuarios en Valparaíso y las movilizaciones de 1905 en Santiago. Todos estos hechos de violencia política de nuestra historia muestran una manera de reaccionar del estado y los grupos dominantes en relación con la llamada Cuestión Social. Reacción que se repite muchas veces durante el siglo XX, e incluso el XXI, combinando métodos represivos con instancias de negociación política. Por lo habitual, como lo ha demostrado recientemente la investigación histórica, las masacres obreras de principios de siglo son una expresión concreta de los miedos y temores, muchas veces infundados, del estado y las elites a la movilización de los sectores populares, implementando una verdadera guerra preventiva de trágicas consecuencias, tal como lo señala el historiador Grez, citado más arriba.
Mario Valdés Vera
Arena Pública, plataforma de opinión de UARCIS
