En un esperado y recién editado libro de David Schidlowsky, Pablo Neruda y su tiempo. La furias y las penas. (Ril Editores, Santiago, 2008) se publican cuantiosos documentos, hasta ahora desconocidos o poco conocidos. Entre ellos, dos comunicados oficiales que avalan nuestra defensa. Si enrolamos éstas, de forma cronológica, con dos cartas ya conocidas, escritas por Neruda, una a Juan Ramón Jiménez y otra a Alfonso Reyes, tendremos una reseña epistolar de cómo recibió el poeta chileno la noticia de la muerte de su amigo oriolano, y cuál fue su reacción ante tal desenlace.
La primera de ellas, recogida por David Schidlowsky, fue dirigida a Pablo Neruda, Cónsul General de Chile en México, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Es un comunicado fechado en Santiago, el 29 de septiembre de 1942, y dice:
Confidencial Nº 51
La Embajada de Chile en Madrid ha comunicado a este Ministerio el fallecimiento del poeta D.Miguel Hernández, con un encargo especial de la viuda del señor Hernández de llevar este hecho a conocimiento de US.[1].
Según informa nuestra embajada en España, después de varios traslados de presidios, el señor Hernández fue atacado, a fines del año pasado, de fiebre tifoidea en el presidio de Ocaña. Logró salvarse, pero su salud quedó muy quebrantada. Para mejorarlo de clima, la Embajada solicitó y obtuvo su traslado a Alicante[2], pero a poco de llegar a ese lugar se le presentó una violenta tuberculosis pulmonar. No tuvo reacción ninguna en los dos meses que duró su enfermedad. Su reciente tifoidea, la prisión por más de dos años después de las privaciones sufridas durante la Guerra Civil , le hallaron en malas condiciones para resistir el mal. Atendiendo a solicitudes del enfermo procuró la Embajada que fuese trasladado a un sanatorio que no fuera de prisiones, pero no tuvo exito en sus gestiones. Resolvió la autoridad superior de prisiones que fuese transferido a un sanatorio de presos pero no alcanzó a efectuarse este traslado porque el enfermo falleció el 28 de marzo.
El comunicado, escrito, como decíamos, el 29 de septiembre, llegó a las manos de Neruda días después de dar a conocer uno de sus poemas más polémicos. En un acto que organizó la Sociedad de Ayuda a Rusia, en el Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas, el 30 del mismo mes, se dio a conocer por primera vez el poema Canto de Amor a Stalingrado. Luego, su canto se imprimió en pliegos que fueron pegados en las paredes de ciudad de México.
La segunda carta, también recogida por Schidlowsky, es el acuse de recibo y el agradecimiento de Neruda al Ministro de Relaciones.
México D.F. 9 de Octubre de 1942
Señor Ministro,
Tengo la honra de recibir el oficio Confidencial Nº 51 de fecha 29 de septiembre del presente año. (…) La muerte de Miguel Hernández así como las desgraciadas circunstancias en que ocurrió es particularmente penosa para el Cónsul General que suscribe, no sólo por tratarse de un amigo entrañable, sino además, de un gran poeta y de un soldado ejemplar, que luchó durante tres años por la libertad de su país. La forma brutal en que fue tratado después de la guerra, según se sirve informarme US., no permitiéndole trasladarse a un sanatorio normal para curarse de la tuberculosis, es un motivo más que tiene el suscrito para repudiar el régimen de fuerza intaurado en España después de la caída de la República.
Sólo me resta manifestar a US. mi viva felicitación por la forma cordial y humanitaria con que nuestra Embajada en Madrid ha actuado frente al caso de Miguel Hernández y de otros republicanos españoles perseguidos.
A los pocos días de contestar al Ministro de Relaciones de su país, Neruda escribe a Juan Ramón Jiménez.
México D.F., 15 de Octubre de 1942
Sr. Juan Ramón Jiménez
Miami
Mi admirado amigo:
Hasta ahora no he contestado su carta pública porque miles de cosas se interponen con mi trabajo diario, pero quiero anticiparle antes de hacerlo extensamente, la profunda emoción con que leí sus líneas, que con su sinceridad, agrandan la admiración que por su obra he sentido durante toda mi vida.[3]
Hoy le escribo con un motivo doloroso. Le transcribo una carta confidencial de mi Embajada en Madrid, comunicándole la muerte de nuestro Miguel Hernández: un asesinato más se agrega a los muchos y terribles, pero tal vez, nunca me sentí más mal herido y creo que a usted le pasará lo mismo.
Estoy planeando un libro de recuerdo a su memoria, que quiero encabezar con algunas palabras, ojalá extensas, suyas. Yo también escribiré y pediré a Rafael Alberti que se agregue a este recuerdo.
Espero que me anticipe su respuesta, que lo que usted resuelva puede venir más tarde.
Siento que mi primera carta le lleve este dolor, pero así vivimos cada día de este tiempo.
Le saluda su amigo y admirador, Pablo Neruda.
Casi al finalizar el mismo mes de octubre, Neruda ya había proyectado una serie de actividades tendientes a homenajear y a perpetuar la memoria del oriolano. Con este motivo le escribe a su amigo Alfonso Reyes.
México, D.F. 27 de octubre de 1942
Señor Don Alfonso Reyes,
Presente
Distinguido amigo:
Tal vez sepa Ud. ya que ha muerto en España, tuberculoso, en una cárcel de Alicante, el poeta español Miguel Hernández. Esta noticia está absolutamente confirmada por una nota de la Embajada chilena en Madrid que se ha recibido en México y que obra en nuestro poder.
Con este motivo, para recordar a Miguel Hernández y exaltar su obra y protestar al mismo tiempo contra su encarcelamiento, martirio y muerte, hemos pensado celebrar una velada que será presidida por un nutrido grupo de intelectuales, escritores y artistas mexicanos y españoles. Las personas en las cuales se ha pensado para que intervengan como oradores en dicho acto son los escritores Alfonso Reyes, Octavio Paz, José Carner[4], Ruíz Funes[5], José Herrera Petere, W. Roces[6], Jules Romains[7], Ludwing Renn[8], Carlos Pellicer[9] y Pablo Neruda.
La fecha de celebración será el 30 de Noviembre próximo en el Teatro de Bellas Artes, u otro lugar que se designará oportunamente. La duración de cada una de las intervenciones será aproximadamente de cinco minutos.
El mismo día, en diversas capitales de América, como Buenos Aires, La Habana[10], Montevideo y Santiago, se celebrarán actos similares. Posteriormente, se editarán las obras de Miguel Hernández.
Mucho nos agradaría tuviese Ud. la amabilidad de contestarnos manifestándonos su conformidad, para que podamos ya en definitiva contar con su cooperación y su intervención en este acto.[11]
Manifestándole nuestro agradecimiento anticipado, le saludamos atentamente,
Pablo Neruda Octavio G. Barreda[12]
Por el Comité
-Si ve usted a Josefina Manresa, la esposa de Miguel, cuando vuelva a Levante, háblele de mí, y entenderá cómo Miguel era como mi hijo. Por mucho tiempo, mi casa de Madrid fue su casa y a ella venía cada día y cada noche. Yo asistí al “deslumbramiento” de Miguel, porque era un chico campesino, muy campesino, que abrió los ojos muy cerca de mí, al mundo, a la vida civil; al espectáculo de la conciencia que se desarrolló en él. Hasta entonces, sólamente era un aprendiz de la poesía. Mejor dicho, un genial aprendiz de la poesía. Pero con su transformación moral, él se desarrolló ante mi vista como un gran árbol que tomara cada vez más posesión de toda su facultad, de toda su posibilidad. Miguel Hernández fue uno de los fenómenos poéticos más extraordinarios que me ha tocado conocer y ver… Así que si ve a su viuda, digale de mi parte tanto como la quiero… y con eso ya es bastante, que en eso está encerrado todo.
(Tras las huellas del poeta. Tico Medina. Separata especial. Los domingos de ABC. 1978)
Almarcha y toda su familia y demás personas de su especie que se guarden muy bien de intervenir para nada en mis asuntos. No necesito para nada de él, cuando he despreciado proposiciones de otros mucho más provechosas. Ya te contaré, y comprenderás que no es posible aceptar nada que venga de la mano de tantos Almarchas como hay en el mundo. Sería una verdadera vergüenza.
Seguramente, esta porfía le costó la vida al poeta. Sin embargo, Miguel Hernández, a casi cien años de su nacimiento, es el poeta muerto más vivo que se conozca.
…entre ellas la poesía de usted. Es evidente ahora para mí que usted expresa con tanteo exuberante una poesía hispanoamericana general auténtica, con toda la revolución natural y la metamorfosis de vida y muerte de este continente. Yo deploro que tal grado poético de una parte considerable de Hispanoamérica sea así; no lo sé sentir como usted; pero “es”. Y el amontonamiento caótico es anterior al necesario despejo definitivo, lo prehistórico a lo posthistórico, la sombra turbulenta y cerrada a la abierta luz mejor. Usted es anterior, prehistórico y turbulento, cerrado y sombrío…
Las intervenciones en este acto se plasmaron luego en un libro, “Homenaje a Miguel Hernández”. Palacio Municipal de La Habana. Enero 20 de 1943. Impreso en Cuba. Tipografía La Habana.
