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Agosto 18, 2026

El todo puede ser menos que la suma de sus partes

La suma de sus partes es igual al todo, o bien el todo, es igual a la suma de sus partes. Así rezan las exactas matemáticas, sin embargo, existen otras visiones relacionados con la biología o la cibernética que sostienen que el todo, es más que la suma de sus partes, asignándole a la resultante, un beneficio. Hablando de política ciertamente quisiera que fuera así, pero creo advertir que el todo puede resultar de menor magnitud que la suma de sus partes. Así pretendo demostrarlo en esta breve nota.  Un sistema electoral – vicioso por cierto – como lo es el vigente en nuestro país, debiera ser enfrentado óptimamente para obtener los mejores resultados tendientes a corregir su carácter antidemocrático, es decir, a que las partes involucradas tiendan a ser representadas lo más cercanamente a la proporción de su magnitud electoral.

No es el caso explicar aquí que el 34% obtenido por una lista valga lo mismo que el 65% de la otra, tampoco el recordar que el 67% equivalga el 100%, y el 32% sea equivalente al 0%.
 
 
 
El binominal es así, fue hecho pensando que ellos mismos, los que diseñaron o copiaron el sistema – la Derecha -, siempre ella iba ser una minoría y que se iba a ubicar ligeramente por sobre el 33%. Tuvieron desde luego en cuenta los tradicionales 3 tercios.
 
 
 
 También se pensó que la Izquierda dura jamás iba a ser incluida en un mega-pacto como fue el caso de la Concertación, tal como finalmente ocurrió hasta nuestros días, de modo que siempre le iba a restar una colita a esa mayoría, beneficiando a la minoría mayor, que siempre logró empatar con la mayoría, dando lugar a una especie de co-gobierno.
 
 
 
Ahora bien, si se trata de elegir entre 2 cupos como es el caso de los distritos y circunscripciones electorales que están predeterminados para generar los cargos de diputados y senadores, se deberá enfrentarlo, sí y sólo sí, en una sola alianza o mega-concertación.
 
 
 
Si existe un solo cupo a llenar, como es el caso en las elecciones para el cargo de presidente de la república, en que la gana el que tiene más votos, incluida una segunda vuelta para dirimir entre las 2 primeras mayorías, debiera enfrentarse, en tantos bandos como los que sean relevantes en el seno de nuestra sociedad. Tradicionalmente tres, los famosos tres tercios.
 
 
 
De manera que son las próximas elecciones dos  elecciones de diferentes naturaleza, y debieran enfrentarse de diferente forma.
 
 
 
Para el cargo de Presidente, es un imperativo que esos tres tercios figuren con candidatos fuertes y definidos, de tal manera que no ocurra que un sector de esos tres tercios sea fagocitado al no tener un candidato que exprese esa tendencia: Derecha, Centro, Izquierda.
 
 
 
Para los cargos de senadores y diputados, debieran ir al menos una sola lista que comprenda a la Izquierda y el centro político, pero los candidatos debieran ser múltiples, tan múltiples como aguante la papeleta electoral. Lo digo sobre todo pensando en el espacio de los independientes por el pacto.
 
 
 
Aquí, en la configuración de las plantillas, es donde se pierde la posibilidad de sumar votos. Las cúpulas partidistas premian a sus incondicionales, ellos son los elegidos para ser los candidatos elegibles, ya que casi siempre se designan solamente 2 candidatos, y muchas veces existe el acuerdo entre las dirigencias partidarias de llevar un candidato fuerte y otro débil.
 
 
 
Tal fue el caso en la elección de senadores pasada, por ejemplo, en una de las dos circunscripciones de la región metropolitana, en que se nominó a Soledad Alvear como premio a su bajada de la presidencial, acompañada de Gonzalo Martner como un saludo a la bandera. De similar forma este esquema se repitió en todo el país para infamia de la vocación democrática de aquellos partidos que se jactan de tenerla.
 
 
 
Estas situaciones son el detonante de la apatía electoral de un pueblo que tiene conciencia política, pero que se resta a participar porque se da cuenta de la burla. Como se decía antes, se obliga a comulgar con ruedas de carreta.
 
 
 
Si los hombres que dirigen los partidos que se dicen democráticos tienen una reserva moral guardada desde aquellos tiempos en que se luchaba por ideales y no por el poder por el goce del poder. Si aquellos hombres quisieran de verdad doblar a la derecha de modo de obtener una representación de parlamentarios que hiciera posible una nueva Constitución Política, entonces esperamos que el concurso para llenar esas 2 vacantes de diputados o senadores sea abierto, múltiple, y que esté dentro del marco de una supra- concertación instrumental que incluya a todos los partidos, movimientos y tendencias que estén por un nuevo orden solidario. Que considere una Asamblea Constituyente en su momento, que sea respetuoso del medio ambiente, que incluya  concretamente como candidatos a las minorías étnicas, a los movimientos sociales que se han destacado, que incluya a los jóvenes universitarios y secundarios, que incluya al final de cuentas, a todos los que no están con la continuación del viejo orden cuyo origen es la dictadura de Pinochet.
 
 
 
Esperamos entonces, que las plantillas electorales se confeccionen con total libertad y autonomía para cada distrito o circunscripción en que sea el caso hacer pactos o sub-pactos específicos de acuerdo a la realidad regional, esperamos que este nuevo espacio se rija por los cánones democráticos que precisamente adolece el sistema electoral binominal que tanto se critica pero que no se enfrenta con sabiduría, siendo boicoteada esta, por la codicia del poder, por las nefastas camarillas y las máquinas partidarias.
 
 
 
Ningún voto sobra para recuperar la democracia y terminar con la exclusión, sólo se necesita un candidato idóneo que sea capaz de captarlo.
 
 
 
Atentamente.
 
 
 
René Dintrans
 
 erredintrans@yahoo.es