Desde sus inicios, el gobierno de Michelle Bachelet ha enfrentado toda variedad de paros, huelgas, movilizaciones y reclamos ciudadanos. Este proceso, que se inició a los pocos meses de inaugurado su gobierno en marzo del 2006 con las protestas de los estudiantes secundarios, la denominada revolución de los pingüinos, alcanzó en noviembre pasado otra cima con el paro nacional realizado por la totalidad de los gremios que conforman la Anef (Agrupación Nacional de Empleados Fiscales).
Durante casi una semana desde los funcionarios del Registro Civil, de Impuestos Internos hasta la salud y la educación pública mantuvieron paralizado el país. Y triunfaron: no sólo lograron que el gobierno les otorgara un importante reajuste salarial, sino salieron fortalecidos como movimiento.
Una creciente turbulencia social y laboral no registrada desde 1990, el año de la restauración de la democracia. Un ambiente que no sólo se percibe en las calles céntricas, espacio obligado para la exhibición de las demandas ciudadanas, con la presencia de piquetes de huelguistas con tambores y silbatos, sino también en las estadísticas. Hacia finales de noviembre el presidente de la Comisión del Trabajo de la Cámara, el diputado de Renovación Nacional (RN) Nicolás Monckeberg, exhibió los registros y cifras elaboradas por el Instituto Libertad, organismo de estudios, a la manera de los think tanks, ligado a la derecha: durante el gobierno de Michelle Bachelet el promedio de paros anuales ha triplicado a los de la administración de su antecesor Ricardo Lagos. Según el estudio, el actual gobierno ha debido enfrentar el mayor número de paros, con un total, hasta ahora, de 27. Y aún le queda más de un año en el poder. Un año en medio de la creciente crisis económica.
El estudio citado sólo registra, ordena, lo que hoy es evidente para cualquier observador. Los chilenos, a diferencia de años atrás, han comenzado a movilizarse. Pero quienes marcaron el quiebre histórico fueron los estudiantes secundarios. Lo que hoy existe, es consecuencia de aquellas iniciales protestas.
Esto es lo que piensa María Jesús Sanhueza, una de las líderes del movimiento de estudiantes secundarios durante los años 2006 y 2007. Hoy, ya egresada de la educación media (tuvo que repetir un año tras la expulsión del colegio), y ante las masivas protestas de los trabajadores, ve con orgullo cómo los adolescentes han logrado, sino obtener las demandas, “sí generar nuevos espacios de discusión, otras formas de organización. Los viejos sindicatos requieren de nuevas formas de organización, el trabajador actual, flexibilizado, ya no responde con los viejos esquemas. Creo que en este aspecto, los estudiantes han aportado mucho”.
En conversación este cronista, María Jesús dice que “hoy en día hay muchos más actores movilizados. Hay una relación entre los pingüinos, la Anef, los profesores y otros movimientos”. Y explica: “Por ejemplo, los trabajadores fiscales comenzaron en noviembre con un paro reflexivo. Y esa modalidad la instalaron los estudiantes, que asistían a los colegios pero a discutir, a reflexionar. Hoy, también, hay un nuevo discurso, que no es sólo político: en la movilización de los trabajadores fiscales aparecen temas como la dignidad, el orgullo, “no negociaremos de rodillas”, lo que tiene su claro origen en las protestas de los estudiantes”.
María Jesús traza una línea clara desde las primeras protestas estudiantiles hasta el escenario actual. “El 2006, después de los estudiantes, viene la huelga de la salud, organizada en la Fenats, que dura unos dos meses en paro y tiene la misma lógica nuestra. Hay un enriquecimiento entre la lógica y organización de los estudiantes que se agrega a la tradición sindical”.
María Jesús traza una línea clara desde las primeras protestas estudiantiles hasta el escenario actual. “El 2006, después de los estudiantes, viene la huelga de la salud, organizada en la Fenats, que dura unos dos meses en paro y tiene la misma lógica nuestra. Hay un enriquecimiento entre la lógica y organización de los estudiantes que se agrega a la tradición sindical”.
Jaime Díaz Lavanchy, autor del documental La revolución de los Pingüinos, ha sido un cercano observador de todo este proceso. Y afirma: “Las diferentes demandas sociales que hoy se observan en todo Chile son una consecuencia del movimiento secundario. Inspiraron a todos los movimientos sociales y sindicales. No es extraño suponer que el cambio radical que hemos visto en los trabajadores tiene que ver con el movimiento de los jóvenes”.
Y agrega. “Tengo la impresión que este año el movimiento se ha politizado más, como efecto, como reacción, de las presiones del gobierno. Esto ha sucedido porque la Concertación ha buscado controlar la Asamblea de Estudiantes. Y eso ha llevado a un mayor enfrentamiento, a una mayor radicalización al interior del movimiento, el que no se ha dejado controlar”.
María Jesús continúa con el relato de este proceso social. “Al entrar en vigencia el 2007 la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil la represión hacia los estudiantes se hace mucho más intensa. La lógica de las movilizaciones sufre una alteración, hay más detenidos, compañeros nuestros que fueron juzgados por fiscalía militar”.
El año en curso, dice, ha sido una nueva fase. “En enero y febrero del 2008 surgió la idea de formar un referente secundario universitario. Este fue el referente que masificó las movilizaciones. Hace muchos años que no se veían 30 mil jóvenes marchando por la Alameda”.
El movimiento de los estudiantes secundarios ha remecido el ambiente político social y también toda la institucionalidad educacional. Sus protestas lograron que el gobierno designara el 2006 a una comisión de expertos para analizar el estado de la educación y elaborar, poco más tarde, una nueva ley de educación que envió al Congreso hacia comienzos de este año. Este nuevo texto, sin embargo, no terminó con la principal demanda juvenil: el fin del concepto de lucro en la educación. Desde entonces, el proyecto se amasa en el Congreso con pocas probabilidades de aprobarse.
Pese al congelamiento de sus demandas, los secundarios están ciertamente satisfechos. María Jesús dice: “El gobierno no ha concedido nada porque nuestras demandas actuales son netamente políticas. No es sólo un aumento del presupuesto y cosas menores, sino un cambio en el modelo de la educación. Ante esto, no ha habido respuestas. Pero hemos dado un paso importante en la lógica de las movilizaciones, el que tendrá efectos en el futuro”.
Este ha sido el principal triunfo. “Los pingüinos no han tenido una ganancia sustancial en cuanto a sus demandas deL fin del modelo de educación, pero sí ha sido la influencia y los efectos que han generado en las organizaciones sociales. Se fortalece el sentido de la movilización. Eso ha sido enriquecedor. Y eso ha mantenido en pie las movilizaciones”.
PAUL WALDER
Artículo publicado en Terra Magazine. Reproducido en Clarín con autorización de su Autor y de Terra.
