La ex candidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt, concedió declaraciones en torno a sus vivencias en la selva colombiana durante los seis años de su cautiverio, y explicó cual es la campaña que ha venido desplegando desde que inició su gira latinoamericana y que termina en Venezuela.
Viene una fecha muy importante en particular para usted, es su primer cumpleaños en libertad, ¿Cómo es la perspectiva para esa celebración?
Pues en familia y rodeada del amor de los que yo más amo y el recuerdo de aquellos creadores que ya no están. Va a ser un momento muy lindo, muy esperado. Quiero sentarme a degustar cada instante de ese día y darle gracias a Dios de tener a mi alrededor a todos los que me van a acompañar ese día, que van a ser mis niños, mi mamá, mi hermana y mis sobrinos, mi tía y todos mis primos y sus hijos, es decir, estaremos tres generaciones ahí sentados en esa fiesta de la navidad, de cumpleaños, pero también de la libertad.
¿Cómo fueron esos cumpleaños en esos tiempos en los que usted no era libre como lo es ahora?
Fueron momentos muy tristes, lo único que quiero recordar son los gestos que tuvieron mis compañeros. Por ejemplo, la segunda navidad, se levantaron a las doce de la noche, es decir, empezando el 25 y me dieron una serenata con una canción que a mí me gustaba mucho, una canción colombiana que dice algo así como “contando luceros al vaivén de nuestra hamaca” y como todos vivíamos en hamaca, todos me hicieron ese recital, fue muy lindo. Nos regañaron y tocó dejar de cantar e irse a acostar.
¿Cómo se pasaban las navidades en la selva colombiana?
La guerrilla colombiana es de doctrina comunista y por lo tanto atea, para ellos es muy importante no hacer nada el día de navidad que es una fiesta religiosa, entonces ellos no hacen nada ese día, es como un día cualquiera.
¿Y ustedes?
Nosotros nos tratábamos de dar algún regalo, pero uno no tiene nada, la verdad es que uno tiene lo que le dan. Se volvió costumbre entre los compañeros que guardábamos cosas que nos daban, cuando por ejemplo, entregaban muda nueva, camisetas o ropa interior o cosas así, entonces por lo general, yo no botaba la vieja mía, sino que guardaba la nueva y le bordaba la inicial al compañero o a la compañera a quien yo quería darle un regalo, es decir, reciclábamos lo que nos daban. Y cuando no había nada, dábamos el pedacito de pan del desayuno y ese es el regalo de navidad.
¿Había en algún momento la expectativa de: la próxima navidad voy a estar libre? ¿Se hablaba de eso? Se lo pregunto porque a su salida del Palacio de Miraflores, en la fecha inmediatamente anterior, hablaba con una sentencia muy clara: “este será el último año que ustedes pasen sin libertad”.
Sí, yo creo que Dios nos va a hacer ese milagro con el apoyo de todos los presidentes de este continente nuestro que es el suramericano. Nosotros no decíamos esta navidad la vamos a pasar en libertad, porque teníamos demasiada conciencia de que esta que venía, le caía a uno encima, con la desesperanza de que no había pasado nada, de que no había ninguna puerta que se había abierto para la libertad. Pero siempre nos abrazábamos y nos decíamos: tranquilos, esta será la última, el año entrante estamos en casa.
¿Cómo pueden efectivamente abrirse esas puertas? ¿Cuál es la propuesta de Ingrid Betancourt para que estas personas recobren la libertad, como usted lo hizo?
La propuesta en sí está hecha de la reflexión de mucha gente y por lo tanto es un proceso más que una propuesta, que tiene que madurar y le pertenece a los presidentes del continente tomar las medidas necesarias para que este proceso termine. Pero yo creo que lo interesante es entender el valor de la unión del continente en torno a un tema tan específico como la libertad y la vida, y por lo tanto unirse en torno a la libertad de los secuestrados colombianos.
Yo creo que eso es lo más importante, es decir, tener en cuenta que esto es un problema humanitario que no tiene que ver con los cálculos políticos o de agenda que puedan tener cada uno de nuestros líderes, de nuestros jefes de Estado, sino que es ante todo, el compromiso de un ser humano con otro ser humano, que en algún momento de su vida tiene poder y puede hacer la diferencia. Y cuando ellos lo hagan no va a ser solamente el gesto personal de cada uno de ellos, va a ser también la interpretación de la voluntad de todo nuestro pueblo de América Latina, que ha sufrido y que ha gozado con las liberaciones nuestras, pero sigue sufriendo pensando en los que quedan todavía allá.
Entonces yo creo que es una inmensa oportunidad de encontrarnos en esta familia que somos, con este sentimiento de hermandad, y hacer una acción que obviamente es política, pero cuyo motor no es el interés político sino el amor. Yo creo que esto es lo que hace la diferencia a otras propuestas.
Esta no es la primera vez que se tocan las puertas de los Palacios de Gobierno de los actuales Presidentes y Presidentas en América Latina. Lo hizo también la senadora Piedad Córdoba, lo hizo su señora madre. ¿Qué tendría que hacerse distinto en esta ocasión para que, aquellos que aún continúan retenidos, puedan volver a la libertad? ¿Dónde estaría esa diferencia?
Obviamente yo me he nutrido de la reflexión de los que lo han hecho antes y de los que, a través de toda su lucha, lograron nuestra liberación. Todos esos son procesos que uno va integrando en la reflexión, y básicamente lo que yo he pensado es que necesitamos abrir un espacio de reflexión conjunta que nos permita llegar a un consenso. Por eso yo no hablo de acuerdo humanitario, no hablo de canje, no hablo de liberaciones unilaterales, no hablo de ningún esquema preciso, operativo, de cómo llegar a la libertad de los secuestrados.
Hablo de un latir conjunto de corazones de toda América Latina para lograr la libertad de los secuestrados. Entonces, es en el compromiso de todos que sé que está la solución y esa solución puede tener diferentes caras. Puede ser una negociación, una invitación, un diálogo, una acción espontánea; lo que quiero decir es que es muy importante que no nos casemos con un camino, porque el camino se va a ir haciendo. Lo que tenemos que hacer es crear las condiciones óptimas para que el tema de la libertad de los secuestrados se vuelva no solamente necesario, imprescindible, sino sobre todo posible.
¿A qué, de todos estos distintos caminos, fórmulas, opciones, está dispuesto el presidente Uribe? Usted inició por allí su gira latinoamericana.
Yo pensaría que hay cosas que debemos evitar, por ejemplo, creo que debemos evitar hablar de mediación o de facilitadores, y esto lo digo porque el presidente Uribe cerró ese capítulo, es decir, él no quiere que a través de la mediación o de la facilitación se le de una plataforma a las FARC, que él considera que no se merece, porque las FARC no han tenido ningún gesto hacia los colombianos y hacia la paz de Colombia.
Pero no nos podemos quedar ahí, es decir, tenemos que buscar otros caminos. Yo siento que en el presidente Uribe hay una voluntad de reflexionar conjuntamente con todos los países de América Latina en una solución, y creo que eso es extraordinario, y ya de hecho eso es algo que nos tiene que convocar a todos, y creo que de esa reflexión conjunta pueden salir cosas maravillosas, y tengo confianza que eso va a ser así.
Usted cuando era candidata de la Presidencia de la República, era muy crítica con parte de las propuestas y políticas que en ese momento, también se planteaban desde la postura del hoy presidente colombiano, Álvaro Uribe, ¿Cómo es su visión hoy de ese gobierno, de lo que ha significado, porque hablaba ahora de que para el presidente Uribe, las FARC no han hecho gestos que les permitan ganar una interlocución válida, para la liberación de quienes ellos también tienen en las cárceles colombianas?
Hablemos primero de una constatación, y es que las FARC con sus acciones terroristas, secuestro es una actividad terrorista, se desligitimaron a los ojos del mundo y perdieron la posibilidad de ser considerados como interlocutores válidos en una negociación de paz. Dado este hecho, la acción de Uribe tiene cosas positivas y valiosas para los colombianos.
Ha logrado darle confianza al país a nivel económico y a nivel del tema de la violencia. Es un presidente que ha mostrado una firmeza en sus decisiones y que, por lo tanto, le ha dado a los colombianos la certeza de que hay una acción que se está dando y que no vamos a perder tiempo en negociaciones bobaliconas, o negociaciones en las cuales el otro trate de tener ventaja y, de alguna manera, aprovecharse de la ingenuidad o de la voluntad de los colombianos.
¿Y comparte usted esa visión?
Yo creo que esa es una visión real, desgraciadamente durante los años en los que las FARC estuvo asentada en la zona de distensión, conversando con el presidente Pastrana, no se avanzó. Tuvieron una forma extraordinaria y la posibilidad de tocar temas concretos y no se hizo. En los años en que yo estuve secuestrada, la conclusión que yo saqué de las FARC. era que sí era una organización militar, es decir, no son unos bandoleros.
También es una organización que tiene una ideología, son comunistas y tienen un adoctrinamiento de sus tropas hacia el comunismo, pero no es una organización política, no tienen reflexión política y por lo tanto están completamente de espaldas al país, no se han podido conectar con las necesidades de los colombianos, ni hacer propuestas que respondan a las inquietudes, a los problemas que en estos momentos están afrontando los colombianos.
En ese sentido, me parece que el hecho de haber escogido el narcotráfico para financiarse y de haber escogido el terrorismo como método de acción, le cierra las puertas y los concentra en ser una caricatura de ellos mismos, es decir, ser personas que hacen de la guerra su vida, que viven para la guerra y viven de la guerra.
Entonces frente a eso, obviamente que el tema de la paz se vuelve simplemente una esperanza truncada, que hace que los colombianos se hayan sentido traicionados, y yo también me he sentido traicionada por una actitud de las FARC, en la cual no veo una voluntad de llegar a la paz como una opción de ellos. Yo creo que ellos utilizaron la paz para ganar tiempo y fortalecerse militarmente, eso tiene que cambiar y yo creo que va a cambiar ahora por muchos factores, en particular porque las FARC han pasado por su peor año, el año negro de las FARC es este, y creo que eso implica una reflexión interna dentro de las FARC.
Pero estamos hablando de Uribe y usted me pregunta ¿qué me gusta de Uribe?, bueno, a mi me parece que Uribe, en la coyuntura que estaba viviendo Colombia, hizo lo que los colombianos estaban esperando, es decir, enfrentó a las FARC y comenzó a demostrarles sus límites a la acción militar. Las FARC pensaban que ellos podían llegar al poder por la vía militar, Uribe les está demostrando que eso es imposible, pero bueno, yo anhelo que se den en Colombia cosas que no veo que se están dando.
Primero, yo pienso que es un país que necesita abandonar los odios, aprender a perdonar, yo creo que no hay paz en ningún país del mundo si no se hace ese proceso de abrir el corazón y darle un espacio al otro que piense diferente para acogerlo y darle la posibilidad de hablar. Estoy segura que aún si no estamos de acuerdo, si ellos allá no piensan como nosotros y nosotros acá no pensamos como ellos, sí estamos de acuerdo que queremos una Colombia en la cual podamos vivir. En algún momento ellos tendrán que dar algo y yo tendré que dar algo y de esa generosidad conjunta saldrá una opción.
Se trata de cuánto estamos dispuestos a ceder de esa visión. Hacer el análisis de esta situación de conflicto en Colombia. Usted se refiere básicamente a las FARC y al gobierno, ¿Qué hay con los otros actores del conflicto, el paramilitarismo, el narcotráfico y la denominada crisis institucional. Para los colombianos y las colombianas y para América Latina hoy es frecuente escuchar la Yidis política, la DMG política, una gran cantidad de situaciones que tienen al país en una crisis institucional real y verdadera y palpable hoy, en cada uno de los colombianos.
Una cosa: terrorismo y narcotráfico andan juntos, es importante que eso, esa simbiosis, esa unión se acabe, hay que actuar contra el terrorismo, pero hay que actuar sobre todo contra el narcotráfico, que es lo que tiene a Colombia metida en un sistema de corrupción generalizado.
Para el paramilitarismo, creo que es importante que se dieran los procesos que se han dado de desmovilización, pero quedan actores, ruedas sueltas, electrones libres que están haciendo mucho daño y que están, yo creo, haciendo una especie como de contrareforma agraria en Colombia, en la cual personas sedientas de riqueza utilizan las armas, le quitan la tierra a los campesinos más humildes y de esto nadie está hablando, es decir, de ese proceso de expropiación y de expoliación violenta.
Es responsabilidad del gobierno, de la justicia y de todos. De los partidos políticos y de todos que estamos viendo desde otro punto de vista y nos estamos olvidando de millones de personas a quienes les han robado su tierra y no tienen para dónde ir. Yo lo que creo es que estamos avanzando, Colombia está madurando políticamente, tenemos que creer en nuestra democracia y tenemos que saber que es un proceso. Esta es la era de Uribe, él está haciendo lo que le toca hacer. Un día vendrá otra era, la era de la paz, otras personas estarán ahí para responder a esa nueva situación.
¿Pudiera ser usted?
Yo lo que pienso es que cualquiera que quiera la paz, va a contar con mi apoyo y yo quiero estar allí en el momento en que llegue, en que Colombia pueda reflexionar sobre la paz con madurez, dispuestos a perdonar y abrir nuestros espacios para recibir al otro, ese día yo quiero apoyar al que esté ahí.
¿Pero usted enterró en la selva sus aspiraciones presidenciales?
Yo enterré en la selva muchas cosas, lo que no enterré en la selva es el amor por Colombia.
¿Y la aspiración presidencial?
Yo no tengo aspiraciones ni presidenciales, ni llegar de al Congreso, lo único que quiero es servirle a Colombia y esto que estoy haciendo es también una manera de servir a mi país.
Cuando usted fue liberada en la denominada Operación Jaque, el presidente Álvaro Uribe le preguntó en cadena nacional acerca de logos, de símbolos de instituciones humanitarias, que si usted los había visto en este operativo que la trajo de regreso a la libertad. Usted dijo que no. Luego se comprobó que en este operativo se había hecho uso no solamente del logo de la Cruz Roja Internacional, sino también de esta casa periodística con la que usted conversa, ¿Por qué? ¿Qué pasó allí?
Cuando ellos llegaron (señalando al equipo de TeleSUR), yo me fijé en los logos de sus camisas para ver si esos fueron los logos que yo había visto, y lo que yo ví no son esos logos, pero sí parecidos. Y yo no ví el logo de la Cruz Roja, lo que sí se es que cuando mostraron las imágenes, sí había gente con el logo de la Cruz Roja.
Ví un logo de unos de los muchachos que lideraban la operación, tenía un logo que era con fondo azul, con una paloma y como con ramas de olivo y decía: Comisión Internacional Humanitaria, eso a mí me pareció un chiste, porque no hay tal Comisión Humanitaria con un logo como el de la ONU, es decir, era absurdo.
Lo que yo quiero decir con esto es que yo creo que lo que se hizo fue tratar de hacer como si, sin que fuera exactamente, obviamente para engañar. Entonces mi reflexión sobre el asunto es la siguiente: eso para mí en lo personal, significó la libertad, pero a futuro ha sido un problema, porque todas esas organizaciones, no tanto ustedes que en particular tienen otras maneras de moverse en otras latitudes, pero para aquellos que están actuando en zonas de conflicto como la Cruz Roja, que necesitan llegar a zonas donde hay conflicto porque son Cruz Roja.
El hecho de que la manera como se presentan ellos también haya sido manipulada, crea problemas en que los actores en conflicto no lo reciban porque piensan que puedan ser de nuevo víctima de una manipulación, y en ese sentido, creo que esta experiencia tiene que dar pie para mucha reflexión sobre la responsabilidad que tenemos todos en el presente y en el futuro.
