Por más de cinco siglos, los pueblos de América Latina han padecido el oprobio de la miseria para los más que coexiste con la riqueza para los menos. Esta insultante realidad cotidiana de millones de hombres, mujeres y niños se repite con monotonía en los arrabales de El Alto, Ciudad de Panamá, en las villas miseria de Buenos Aires o en las favelas de Río. Los rostros mestizos son los mismos, la pobreza y la violencia es la misma. El diagnóstico ya ha sido establecido por organismos internacionales y proclamado por valientes voces como un grito por toda América.
Por más de cinco siglos, los pueblos de América Latina han padecido el oprobio de la miseria para los más que coexiste con la riqueza para los menos. Esta insultante realidad cotidiana de millones de hombres, mujeres y niños se repite con monotonía en los arrabales de El Alto, Ciudad de Panamá, en las villas miseria de Buenos Aires o en las favelas de Río. Los rostros mestizos son los mismos, la pobreza y la violencia es la misma. El diagnóstico ya ha sido establecido por organismos internacionales y proclamado por valientes voces como un grito por toda América.
La exclusión de millones de seres en las ciudades y campos de este continente es una cuestión moral y política inexcusable en la hora actual. La miseria y el sufrimiento de nuestros pueblos constituye nuestra verdad última.
Las secuelas de nuestra miseria económica pueden ser descritas como una miseria social, cultural y política. América Latina ha sido tierra fértil para ejercitar la represión violenta a través de ejércitos serviles a los poderosos, criollos y extranjeros, tanto como para celebrar las injusticias y la mentira mediante las voces esclavas que han proliferado en los medios de comunicación. Muchos son los muertos y desaparecidos que atestiguan esta historia de la esperanza. La violencia homicida que ayer se desató en Santiago de Chile un día de septiembre, ha vuelto a aparecer en El Salvador o Guatemala y, en la actualidad en Santa Cruz.
En los albores del siglo XXI, América Latina se enfrenta a problemas de índole planetario, tales como la degradación medioambiental y el calentamiento global, la crisis alimentaria o la actual crisis económica del hipercapitalismo que oscurece el horizonte inmediato. Nuestra dramática realidad de analfabetismo, falta de viviendas y pauperización generalizada se yuxtapone a la corrupción de gobiernos entregados al narcotráfico y la militarización.
Los Estados Unidos ha administrado América Latina como su propio feudo para obtener recursos, condenando por décadas a pueblos enteros al bloqueo o a dictaduras atroces por la insolencia de erigirse contra sus intereses. Las grandes corporaciones monopolizan los medios de comunicación y han convertido el sistema político de muchas naciones de la región en una impostura pseudo democrática al servicio de sus negocios con la complicidad de las elites.
Como nunca antes, le corresponde a la actual generación de latinoamericanos actualizar el reclamo libertario de dignidad de nuestros intelectuales y nuestros próceres. Como todo reclamo político y moral se conjuga en él lo ancestral y lo nuevo, plena soberanía para nuestros pueblos sin reeditar añejos dogmas y viejas prácticas sectarias y excluyentes que sólo llevaron a la frustración. América Latina incluye a los más diversos credos e ideologías; La América Latina del mañana requiere y exige la síntesis de todos los que creen en los principios de la dignidad humana, en la tolerancia y la diversidad cultural. En un mundo en vías de globalización, son los latinoamericanos de hoy los convocados a demandar a sus gobiernos la construcción de un mundo distinto, el mundo de la esperanza.
La exclusión de millones de seres en las ciudades y campos de este continente es una cuestión moral y política inexcusable en la hora actual. La miseria y el sufrimiento de nuestros pueblos constituye nuestra verdad última.
Las secuelas de nuestra miseria económica pueden ser descritas como una miseria social, cultural y política. América Latina ha sido tierra fértil para ejercitar la represión violenta a través de ejércitos serviles a los poderosos, criollos y extranjeros, tanto como para celebrar las injusticias y la mentira mediante las voces esclavas que han proliferado en los medios de comunicación. Muchos son los muertos y desaparecidos que atestiguan esta historia de la esperanza. La violencia homicida que ayer se desató en Santiago de Chile un día de septiembre, ha vuelto a aparecer en El Salvador o Guatemala y, en la actualidad en Santa Cruz.
En los albores del siglo XXI, América Latina se enfrenta a problemas de índole planetario, tales como la degradación medioambiental y el calentamiento global, la crisis alimentaria o la actual crisis económica del hipercapitalismo que oscurece el horizonte inmediato. Nuestra dramática realidad de analfabetismo, falta de viviendas y pauperización generalizada se yuxtapone a la corrupción de gobiernos entregados al narcotráfico y la militarización.
Los Estados Unidos ha administrado América Latina como su propio feudo para obtener recursos, condenando por décadas a pueblos enteros al bloqueo o a dictaduras atroces por la insolencia de erigirse contra sus intereses. Las grandes corporaciones monopolizan los medios de comunicación y han convertido el sistema político de muchas naciones de la región en una impostura pseudo democrática al servicio de sus negocios con la complicidad de las elites.
Como nunca antes, le corresponde a la actual generación de latinoamericanos actualizar el reclamo libertario de dignidad de nuestros intelectuales y nuestros próceres. Como todo reclamo político y moral se conjuga en él lo ancestral y lo nuevo, plena soberanía para nuestros pueblos sin reeditar añejos dogmas y viejas prácticas sectarias y excluyentes que sólo llevaron a la frustración. América Latina incluye a los más diversos credos e ideologías; La América Latina del mañana requiere y exige la síntesis de todos los que creen en los principios de la dignidad humana, en la tolerancia y la diversidad cultural. En un mundo en vías de globalización, son los latinoamericanos de hoy los convocados a demandar a sus gobiernos la construcción de un mundo distinto, el mundo de la esperanza.
· Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. ARENA PÚBLICA.
Plataforma de Opinión. Universidad de Arte y Ciencias Sociales. ARCIS
