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Agosto 18, 2026

Las alas y los pies

La confusión en que se debate el autodenominado “progresismo” oficialista confirma el crudo diagnóstico del ex Presidente que no quiso retomar la bandera: la Concertación ya no asegura gobernabilidad al país. ¿Cuál es, entonces, el contenido y alcance de la “fuerza nueva” que todos proponen construir?

José Miguel Insulza espera llegar a Santiago este jueves, para abordar el asunto de su tramitada candidatura presidencial, pero no lo hará en calidad de renunciado a la secretaría general de la OEA, tal como se lo pidió el jefe socialista Camilo Escalona. Recién en enero, después de las vacaciones de fin de año, el ex ministro todoterreno presentaría su dimisión en Washington ante el organismo interamericano, si es que fructifican sus gestiones para hacerse también del apoyo del Partido por la Democracia.

Se prolonga así el vía crucis del autodenominado sector progresista de la Concertación, el que después del mutis de Lagos y las cavilaciones de Insulza se enfrenta al hecho de que la candidatura de Frei sigue avanzando en un terreno así despejado. Pero sobre todo viene a reafirmar la falta de cohesión de la multipartidaria y darle la razón al crudo diagnóstico del ex Presidente que no quiso retomar la bandera: la Concertación ya no asegura gobernabilidad al país.

Aunque el ex ministro sostenga no estar de acuerdo con algunas de las apreciaciones de Lagos, en los hechos le está dando la razón, al exigir también unidad por lo menos del sector que en los últimos 20 años ha pactado políticamente con la Democracia Cristiana. Lo dramático para Insulza es que debió esperar a que su ex jefe en La Moneda declinase su propia opción, que el PPD y los laguistas del partido Socialista no estén dispuestos a considerarlo automáticamente una carta de reemplazo y que miren a otras figuras e incluso estudien la posibilidad de apoyar a Frei.

Durante la “pausa reflexiva” que anunció Pepe Auth, los nombres no dejan de aflorar: otra vez Bitar –entusiasmadísimo al frente de OOPP- , un testimonial Girardi y hasta los ex ministros Eyzaguirre y Lagos Weber. En el PS Jorge Arrate considera propicia la ocasión para pedir formalmente a su partido que lo proclame como el candidato de la izquierda, corriendo en primera vuelta con Frei, pero con un pacto parlamentario, de apoyo en segunda vuelta y de gobernabilidad.

Este es el escenario en que se desenvuelven el centro y la izquierda, después de que Lagos constatara que no estaban las condiciones para un retorno suyo al mando supremo, porque su liderazgo estaba herido en los pies, aunque las alas le permitiesen aún remontar el vuelo hacia las alturas donde él sabe lucirse y los chilenos suelen admirarlo. Algunas de sus realizaciones le jugaron una mala pasada, al aterrizar en la sociedad real y los chilenos advertir que ese estadista solemne los había hecho ilusionarse de más y que, al fin de cuentas, su alto vuelo era tal vez expresión de soberbia y megalomanía.

Y como el ex Presidente se propone seguir tanto en el debate de las ideas como en la lucha en terreno –proponiendo, como todos, una fuerza nueva para bregar por lo que llama una “sociedad de garantías” y atacando ahora el “neo liberalismo” encarnado por Piñera-, su sombra seguirá proyectándose desde arriba y abajo. Algunos creen en una eventual irrupción a mediados del año próximo, si nadie es capaz de modificar las encuestas a favor del candidato de la derecha. Los futurólogos, en cambio, apuestan a un Lagos 2014, cuando apenas haya cumplido los 76 años de edad y si es que palabras como el Transantiago se convierten en sinónimos nada más que de un difícil despegue.