La Mandataria subrayó que “tenemos la obligación de aprender de la historia. Algo hemos avanzado, pero debemos perseverar. Parte de este aprendizaje es que quien piensa distinto no es un enemigo a doblegar, sino un ser humano a respetar. Se ha consolidado la voluntad de ser coherentes en la acción por la realización progresiva del conjunto de los derechos humanos, mediante procedimientos que se derivan también de ese mismo marco ético compartido. Ello se ha traducido en la necesidad de desarrollar reformas económicas y sociales en un sentido de búsqueda de una mayor justicia social, pero a través de métodos estrictamente democráticos y con la adhesión de la mayoría ciudadana”.
Expresó que “por todo ello, nuestro mejor homenaje a la memoria de tantos y tantas que sufrieron, de tantos y tantas que lucharon, es seguir trabajando día a día para que todos los chilenos tengan garantizados sus derechos esenciales. La recuperación de la democracia nos ha permitido durante las dos últimas décadas retomar la senda del progreso social, republicano y ciudadano. Ello significa que la noción de universalidad de los derechos humanos, que es el fundamento de la democracia, se traduzca en políticas que efectivamente reduzcan las desigualdades de poder, de riqueza y de oportunidades”.
La Jefa de Estado relevó que “al poner la primera piedra del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, lo hacemos con la memoria de tanto sufrimiento que no podemos ni debemos olvidar y la exigencia de justicia a la que es imposible renunciar” y planteó además que cuando esta obra esté construida y las nuevas generaciones “puedan conocer sus colecciones, consultar sus archivos, se fortalecerá todavía más la voluntad nacional de que algo así nunca más vuelva a ocurrir. Recordaremos a todas las víctimas de la violencia. Se escuchará más fuerte que nunca nuestro Nunca Más”.
Finalmente, la Mandataria remarcó que “sí, queridos compatriotas, nunca más el imperio de la crueldad y el atropello de las personas. Nunca más la persecución por razones ideológicas o políticas. Nunca más la tortura. Nunca más la criminalización de ciertos aparatos del Estado y la complicidad de otros. Reafirmemos hoy nuestro compromiso con la defensa consecuente de los derechos humanos en todo tiempo y en todo lugar, sin que importen la filiación de las víctimas o de los victimarios. Creo que ésta es la gran lección que debemos transmitir a nuestras generaciones”.
