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Agosto 18, 2026

Rodrigo Castro: Tenemos que crear modos de vida que trasciendan la racionalidad mercantil

 Con la publicación de ‘Foucault y el cuidado de la libertad’ (LOM Ediciones), el filósofo Rodrigo Castro Orellana revisa la potente obra del potente crítico de la modernidad. Castro se concentra en las últimas obras del pensador francés, las que permiten proponer una ética de la existencia ajena a los dictados neoliberales en boga, además de articular un espacio de lucha política.

Castro es Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ha sido profesor en las universidades UMCE, Andrés Bello, Raúl Silva Henríquez, Católica y de Valparaíso; además trabaja en un estudio sobre la racionalidad gubernamental del neoliberalismo y sus conexiones con la biopolítica.

En una extensa entrevista, Castro se refiere a la vigencia del pensamiento de Michel Foucault, planteamientos que permiten reflexionar acerca de las tecnologías que producen un individuo que se oferta a sí mismo en el neoliberalismo, revisa el modelamiento de las subjetividades en la lógica de la competencia, los imaginarios producidos en función de crear mercados y la función de la muerte en la sociedad del espectáculo.

También Castro desarrolla la tesis de la ‘privatización de las contradicciones’ producidas por el marco neoliberal, que exacerba la solución de los problemas desde lo individual, en desmedro de recursos sociales.

Actualmente trabajas actualmente en un estudio sobre la racionalidad gubernamental del neoliberalismo y sus conexiones con la biopolítica. ¿Podrías contarnos algo más de esta investigación? 

– Estoy estudiando el liberalismo como una tecnología de gobierno, es decir, como un particular modo de comprender la administración del poder que se opone críticamente a la tecnología de gobierno estatal. La racionalidad neoliberal establece un nivel en que las intervenciones son necesarias y que no se corresponde estrictamente con realidades de orden económico. Es aquello que economistas neoliberales como Friedman o Becker denominaban: “el marco”, que son aquellas condiciones que hacen posible la economía de mercado y que garantizan su penetración en la totalidad de los espacios sociales. Entre estas condiciones se encuentra la propia subjetividad de los individuos. Esto significa que para que el mercado funcione como principio de gobierno generalizado, resulta preciso una “política de la vida” que modele las subjetividades, las acondicione para ingresar sin dificultades en la lógica competitiva y asumir como visión de mundo las leyes de la oferta y la demanda.

– En tal sentido, el neoliberalismo representa la más reciente modalidad de configuración de la biopolítica, entendida ésta como un poder que se dirige al control de los cuerpos individuales y las poblaciones. En este contexto, la vida se ve completamente atrapada por la racionalidad mercantil, que encuentra en la potenciación de la misma, un espacio de rentabilidad económica. 

¿En qué medida la demanda de autogestión individualista propia del neoliberalismo puede ser vista como un dispositivo político? 

– El neoliberalismo produce un efecto muy beneficioso para los intereses del modelo, que consiste en que los problemas y las contradicciones del capitalismo son invisibilizadas en su dimensión estructural, para relegarlas exclusivamente al ámbito de lo personal. A este proceso me gusta denominarlo: “privatización de las contradicciones”. Es en este sentido que puede considerarse que la exacerbación del individualismo en nuestras sociedades, la promoción de la autogestión, opera como un dispositivo político que persigue negar lo social y, de dicho modo, asegurar la perpetuación de las lógicas excluyentes del capitalismo.  

Desde hace dos décadas el concepto ‘libertad’ fue la justificación para la expansión del modelo económico neoliberal que organiza hoy las economías y relaciones de muchas sociedades. Ante tal ‘libertad de empresa’ o ‘libertad del individuo’ ¿qué concepto de la palabra opondrías tú a partir del pensamiento foucaultiano considerando el título de tu libro? 

– Una de las características principales del sistema neoliberal es el uso de la libertad como una técnica, es decir, como un procedimiento de intervención sobre los sujetos que persigue incorporarlos a una misma racionalidad unilateral. Hay un imperativo de la libertad que fuerza a los individuos a hacerse cargo de sí mismos. Es en este contexto, que se promueve y se impone en todo orden de materias la lógica de lo privado, lo personal o lo individual, contra las dimensiones de lo público, lo común o lo intersubjetivo.

¿No hay algún desafío entonces en articular salidas a estas subjetivaciones?

– Estamos enfrentados al enorme desafío de crear modos de vida que transgredan la racionalidad mercantil que aplasta nuestros guiones existenciales. Para lograrlo se precisa de un trabajo sobre nosotros mismos que no se encuadre en el esquema del individualismo, que reivindique la dimensión de la alteridad y que le de forma a esa impaciencia de la libertad que nos hace precipitarnos a identificarla donde ella no está.

¿Qué rescatarías de Foucault en el análisis de la racionalidad con que hoy operan las sociedades? 

– Foucault se aproxima a sus objetos de estudio desde una perspectiva no esencialista. Esto quiere decir, por ejemplo, que cuestiones como la idea del hombre en sí, la sexualidad o la locura en sentido estricto no existen, si es que deseamos pensarlas como estructuras sustanciales y atemporales. La genealogía foucaultiana describiría el funcionamiento histórico de nuestras ficciones, como discursos que han tenido efectos muy concretos en las prácticas de los sujetos y en la propia subjetividad de los individuos. Dichas ficciones han estado entrelazadas con juegos de fuerza que las han impuesto como verdades trascendentes y necesarias o realidades naturalizadas e inmutables. De este modo, por ejemplo, nos hemos habituado a entender el poder como mera represión, el saber como algo ajeno a la dominación, la identidad como un fenómeno nuclear en nosotros mismos.

En la parte final del libro te concentras en el tabú respecto de la muerte en las sociedades modernas, pese a su lugar espectacular dentro de la sociedad de consumo y la banalización del horror expresada a diario en los medios de comunicación ¿podrías ampliarnos esta reflexión? 

– La incorporación de la vida en la gestión neoliberal equivale a una negación o invisibilización de la dimensión radical e irreductible de la experiencia de la muerte. Dicho acontecimiento resulta siempre completamente exterior a las políticas de administración y regulación de la vida. Así pues, en una sociedad que ha elaborado y procesado cada espacio y cada momento del tiempo, la interrupción de este orden milimétrico será como un horror que se dispara ante el vacío. Por ese motivo somos capaces de presenciar sofisticados espectáculos de destrucción humana, mientras sean parte de la programación televisiva, pero no podemos tolerar aquellos silencios que nos conectan con nuestra propia finitud. No nos apetecen los «tiempos muertos», los espacios que se quiebran y las regulaciones que se desarman, porque todo ello nos conduce al fondo sombrío de nuestras vidas. Esa zona oscura que los poderes biopolíticos no pueden iluminar, ya que en ella todo poder desfallece.

– Una noticia sobre la muerte de unos niños en un atentado en la franja de Gaza, por ejemplo, debería paralizarnos como observadores, interrumpir drásticamente nuestras rutinas. No obstante, el noticiario transita sin mayores dificultades de dicha información, a las noticias sobre el deporte y así nos anestesia frente a lo real. No se trata del único ejemplo que puede ilustrar esto: el cine o los video-juegos intensifican esta idea de una muerte superficial o de una vida ilimitada que siempre puede reiniciarse. La muerte ha sido expulsada del horizonte de la experiencia y reducida, en la perspectiva de la enfermedad, a la opaca virtualidad que caracteriza a una vida medicalizada o a una vida asegurada.

Podrías explicarnos el aporte de Foucault a la reflexión acerca de la ética, entendida como estética de la existencia, en un fondo de amplios despliegues de técnicas y discursos biopolíticos que tienden a la normalización de los individuos? 

– La ética guardaría relación con el espacio de la autoconformación del sujeto, el ámbito en que éste se modela y construye de determinada forma. El neoliberalismo contemporáneo y su tecnología del yo como “capital humano” no sería otra cosa más que una nueva modulación de un bloqueo y una coacción que se ha producido y se produce en el nivel de la autosubjetivación. Es en este punto que adquiere toda su dimensión política la propuesta foucaultiana de actualizar el arte de vivir grecorromano en función de los dilemas y exigencias del presente. Al respecto, corresponde puntualizar que dicha actualización supone rescatar un elemento clave de la experiencia ética de la antigüedad: la producción y elaboración de sí desde una práctica de la libertad que no se halla condicionada por un conjunto de prohibiciones, sino por criterios estéticos abiertos y plurales.

– Por otra parte, en tanto esta estética de la existencia representa una relación con uno mismo no determinada por la norma, se constituye en una alternativa frente a las estrategias de subjetivación del biopoder. En este punto, la actualización permite concebir la subjetividad como cuidado de sí, y no como objeto de un poder descuidante. Se abre, entonces, una brecha en la que es posible un enfrentamiento con la trama biopolítica de la sociedad moderna.

  

 
LA OBRA DE RODRIGO CASTRO EN
www.rodrigocastroorellana.blogspot.com

Entrevista publicada en El Ciudadano. Reproducida en Clarín con el permiso de su autor.