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Agosto 18, 2026

Más que humor de cuartel

Al atacar a los chilenos y ofender a las damas presentes, el general Donayre estaba en casa de una distinguida familia arequipeña, lo que ilustra las trenzas patrioteras y golpistas tejidas en América Latina entre fuerzas armadas y oligarquías criollas.

Humor cuartelero o más específicamente de casino de regimiento es el tenor del brindis ofrecido por el general peruano Edwin Donayre en el que no sólo ataca a los chilenos, sino que ofende a las damas presentes, al decirles que deben servir como carnadas sexuales. Claro que tales palabras no fueron proferidas en un recinto castrense, sino que en casa de una distinguida familia arequipeña, en presencia de civiles y altos oficiales. El dato ilustra las trenzas que se tejen en los países de América Latina entre las fuerzas armadas y las oligarquías criollas, que se traducen a menudo en aventuras nacionalistas, conductas chovinistas y –por supuesto- en asonadas y golpes de Estado.

En el caso del Perú, inútil es negar que salidas de madre como las del general Donayre se afincan también en sentimientos antichilenos más o menos vivos en segmentos de la población. Pero la historia enseña que no puede ser de otra manera en naciones que han perdido una guerra. En Europa, pese a la creciente integración, aún se hacen alusiones desdorosas, por ejemplo, de los alemanes hacia los franceses, y eso que ambos pueblos construyeron, hace más de medio siglo, el motor de la unión regional. El punto es que, en todas partes, la superación de los dolores del pasado debe ser encabezada por los líderes más lúcidos y desprovistos de prejuicios.

Lo dicho por el comandante general del Ejército peruano demuestra que no siempre es así. Donayre no ocupaba ese puesto cuando dijo lo que dijo, ya que –según versiones limeñas- ello habría ocurrido hace dos años. Esto agrava la falta del gobierno que lo designó, al hacer caso omiso o no enterarse de su destemplado brindis, el que se subió a internet hace ya varios meses, sin que Santiago se diese por aludido hasta que saltó a la televisión.

Malos servicios de inteligencia, dicen algunos. Pero el error es aún peor. Se designó al frente del Ejército a un oficial que se distinguió por defender a sus colegas envueltos en violaciones a los Derechos Humanos y que recaudó fondos entre los empresarios para financiar sus procesos. Se podría decir que acudió a la misma clase de gente que le dio marco a su discurso antichileno de Arequipa. Por añadidura, el general está acusado del robo de bencina y hasta hace pocos días se negó reiteradamente a comparecer ante la Fiscalía, al fragor de discursos sediciosos que son intolerables para las autoridades de un Estado democrático.

A la hora de cierre de este comentario, la expectativa era si Palacio Pizarro impondría sanciones y cursaría de inmediato la jubilación del cuestionado general, que él mismo anunció sería el próximo 5 de diciembre. En Chile, cuando el comandante en jefe de la Armada, Jorge Patricio Arancibia, anunció – a pocos días de su retiro en 2005- que sería candidato a senador por la UDI, el Presidente Lagos lo cesó de inmediato.

Alan García necesita mayormente de un gesto similar, por lo menos para aventar las suposiciones no tan aventuradas de que en su gobierno anidan sentimientos como los expresados por el general de marras.