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Agosto 18, 2026

Las AFP, las intocables vestales del gobierno

Tanto se ha magnificado su pertinencia, tanto se ha adorado su existencia, tanto se ha vociferado su competencia como la flor de la iniciativa privada en su aporte al progreso, que parece que nadie se ha enterado de su desplome que ya va en más del 30%  en su fuga hacia la nada. En Argentina, por mucho menos (caída del 20%), su presidenta puso a buen recaudo del Estado el dinero de las pensiones para los argentinos.

Tal parece que ha llegado el momento de hacer las operaciones a futuro para preservar las pensiones de los chilenos. Si no hay cojones o atribuciones para estatizar esos fondos que día a día se extinguen, por lo menos usemos la imaginación: démosle vida a una AFP estatal.
 
Es de esperar que nadie se oponga a la libertad del ciudadano a afiliarse donde considere mejor para sus intereses. Sobre todo si se considera que la población está profusamente informada “de lo mal” que el Estado administra sus empresas y “lo mal” que se desempeñan sus funcionarios, de modo que no hay nada que temer: es la hora de poner frente a frente la ineficiencia de las empresas públicas con la fama de campeona de la gestión privada, el afiliado elige.
 
Se dice que la escasísima movilidad de los empleados públicos contrasta con la enorme actividad de finiquitos en la empresa privada. A ellos les parece bien que fracase en sus funciones casi la mitad de sus trabajadores o que se burle la legislación laboral según cómo se quiera mirar el fenómeno. ¡ Y quieren más flexibilidad laboral para despedir, para subcontratar, para pagar menos a los jóvenes, para eliminar el salario mínimo!
 
La competencia con el Estado sería un regulador, justamente lo que hace falta.
 
Sería bueno además este debate para ir sincerando las intenciones electorales de los pretendientes al sillón presidencial. La contradicción de intereses en nuestra sociedad no siempre ellas están tan claras como lo están ahora.
 
¿Hasta cuando los partidarios de los grandes consorcios industriales y financieros ocultan sus intenciones?
 
¿ A qué viene esa indignidad de ocultar sus propósitos de limitar a los trabajadores, de acorralarlos, de impedirles sindicalizarse, de impropiamente meter cuñas entre ellos, de intentar dividirlos?
 
¿ A qué viene esa timidez de sostener políticas públicas que sólo favorecen a los ricos empresarios disfrazándolas de políticas de bien común?
 
Ha llegado la hora de que nos veamos las caras, basta ya de frases publicitarias, pongamos las cartas sobre la mesa.
 
Aquí hay un tema.
 
 
René Dintrans A  

erredintrans. @yahoo.es