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Agosto 18, 2026

Deberes de quienes se asumen impulsores de izquierda

En la oposición al capitalismo no basta hablar entre amigos, leer o escribir política, asistir a charlas de entendidos, ser elegidos dirigentes.  Cuando estaba Allende buses iban llenos de jóvenes voluntarios a más de cien kilómetros de distancia para cargar alimento de animales, a cosechar días domingo en tierras de reforma agraria. En grupos militantes se cuidaba de noche el canal de televisión del gobierno, durante semanas se dormía con frío en el suelo unos junto a otros.

Algunos casos muestran algo distinto ahora que reina el capitalismo. Un alto responsable de la fracasada política neoliberal de educación expone en un auditorio que no se puede cambiar la realidad del país y no es necesario para mejorar los resultados escolares que se determinan por el estado de ánimo de los profesores; silencio, ninguno de los jóvenes izquierdistas presentes le discute. Alguien cuenta sobre una campaña progresista que no tuvo éxito y cuatro dirigentes de base se pronuncian con entusiasmo por renovarla, solicitan se les envíe pronto los materiales utilizados y que se haga una reunión; reciben los textos y nunca se presentan. A dos militantes se les pide un contacto con algún dirigente de sus respectivos movimientos revolucionarios, se les explica, para proponerles un mecanismo de difusión de estudios de la realidad que apoye la lucha de ideas, ambos por separado responden que espere pues esas personas se comunicarán con él; jamás hay respuesta. Se acude al presidente de una federación de estudiantes universitarios, la amable secretaria escribe el motivo, las direcciones y dice que le informará al joven para que determine sobre la entrevista; dos veces ella responde por teléfono que se lo comunicó, después nada más. Una dirigente gremial nacional con partido y calidad de funcionaria se compromete dos veces a realizar gestiones en pro de algo con muy buena acogida en la opinión pública; no hace ninguna. El presidente nacional de un porcentaje de trabajadores impone a través de su secretario que no se puede hablar con él unos minutos sobre cierto tema de interés social. En la oficina del encargado de esa materia dicen que está de gira de trabajo en regiones, después que ha postergado su regreso, al fin que empezó sus vacaciones y se enviará un aviso para la conversación; nunca se llega a conocerlo.     

Sin duda se vive un tiempo de apatía de la población pero es inaceptable la lasitud en los militantes de izquierda que deben impulsar el movimiento de modificación de la realidad. El estado del ánimo no es la regla para sostener el trabajo de los rebeldes sino el deber.        

         
Rómulo Pardo Silva

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